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Daniel Enz y el convento del terror: una historia de periodismo de investigación

El director de Análisis fue quien destapó el caso de las carmelitas descalzas de Nogoyá. Esa truculenta trama llegó ahora a una serie protagonizada por Lorena Vega.

Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

 

TNT acaba de lanzar “Cautiva”. Es una miniserie de seis episodios, protagonizada por Lorena Vega, que narra una historia real: la del monasterio de Carmelitas Descalzas en Nogoyá, Entre Ríos, un lugar que para afuera se proyectaba como el pilar espiritual de la ciudad y de las buenas costumbres pero que en su interior era todo lo contrario. Silvia Albarenque, la mujer en la que está inspirada la serie, podría atestiguarlo. Ella pasó treinta años encerrada en ese convento, sometida a todo tipo de tormentos físicos y mentales por parte de la madre superiora, Lucía Toledo. En 2016 ese caso llegó a la Justicia -junto al testimonio de otra de sus compañeras, Roxaña Peña-, en lo que se convirtió en un hecho de revelancia internacional al convertirse Toledo en la primera monja condenada por privación ilegitima de la libertad.
Esta es la historia que cuenta la serie. Pero atrás de esa hay otra, la que le dio inicio a todo: la de un periodista de investigación que durante dos años enteros recorrió los 100 kilómetros que separan Paraná de Nogoyá sin mucho más respaldo que su olfato y oficio. Es que lo de Daniel Enz también podría dar para un film en sí mismo, porque todo parece de película.
En 2014 le llegó un mail anónimo en el que le pedían que investigue “abusos y tormentos” dentro del convento. Ese texto bien podría haber sido falso, una broma de mal gusto o quizás una pista falsa adrede para hacerlo morder el polvo. Es que Enz, director de la revista Análisis, es una leyenda viva en Entre Ríos, fama que se hizo con décadas de filosos trabajos periodísticos que pusieron en apuros a parte importante de la casta local, como el caso del ex gobernador Sergio Urribarri, otrora amo y señor de esos pagos, pero que en este momento está preso por una causa de corrupción que el periodista destapó. “Pero intuí que no era una maniobra, sino un mensaje genuino de alguien cercano, un familiar directo o una ex integrante que había salido recientemente. Al comenzar a cruzar datos, confirmé que se trataba de un convento de carmelitas descalzas con un régimen de clausura estricto y voto de silencio absoluto. Eso me convenció de que había algo grave oculto que tenía que ser investigado a fondo”, dice el periodista, del otro lado de la línea de teléfono.
Por ese mail, Enz empezó a investigar. En Nogoyá, donde todos se conocen, avanzó con extrema cautela: justificaba sus preguntas diciendo que tenía una supuesta prima que quería entrar al convento. Preguntó en estaciones de servicio, tribunales, la departamental de Policía, kioscos, bares, estudios, bibliotecas, librerías y el Hospital San Blas. Pero tenía un problema: por un lado el lugar es santificado por la ciudad, y por el otro las monjas que estaban dentro no salían salvo alguna excepción muy puntual y, si lo hacían, no hablaban con nadie. La situación bien podría ser una pregunta de examen de una facultad de periodismo: ¿cómo conseguir información sobre un lugar al que no se puede acceder y cuyas protagonistas tienen la práctica del silencio?
Enz no es Julieta Zylberberg, la actriz que lo interpreta en la serie, pero en aquel momento puso a jugar sus dotes artísticos. Es que con una excusa se hizo internar en el hospital local, bajo la premisa de que, por más clasura y silencio que hubiera, las mujeres antes de ser monjas eran personas y, si tenían algún problema, debían pasar sí o sí por esa institución. Y desde una camilla logró que una enfermera le contara casi al pasar algo que sería trascendental para la investigación: que cada tanto a medianoche iban a atenderse las monjas, que llegaban desnutridas y demacradas, con heridas no tratadas en su espalda por la autoflagelación, casos que los popes del hospital no le permitían denunciar.
Ese “trabajo de hormiga”, como lo llama, lo llevaría a sentarse dos años después con Albarenque, el último paso antes de que esa investigación fuera publicada en agosto de 2016.
Daniel Enz: Para ese momento Silvia llevaba cuatro años fuera del convento viviendo con su familia, pero mantenía una conducta de encierro y silencio absoluto, psicológicamente continuaba atrapada en la clausura. Cuando finalmente accedió a la entrevista, comenzó a detallar con una lucidez e intensidad impactantes las atrocidades que había sufrido. Sus hermanos, que estaban presentes en la charla, rompieron en llanto desconsolado, porque en cuatro años ella jamás les había contado el infierno que vivió ahí dentro.
Noticias: ¿Qué es lo más difícil de  investigar a la Iglesia, en comparación, por ejemplo, con la política?
Daniel Enz: El tema de la Iglesia son los tentáculos que tiene. En la Justicia, por ejemplo, vos sabés quién es quién y cómo juega uno u otro. Pero en la Iglesia no. A nosotros nos apretaron y tumbaron a todos los anunciantes después de la publicación de la nota (ndR: que luego se transformaría en su vigésimo libro, “Las torturas del convento”, que va por su tercera edición). El alcance que tiene la comunidad religiosa es muy fuerte. Pero Francisco, a diferencia de lo que pasó en el plano local, jugó muy bien. Recibimos un mail del Vaticano, diciendo que habían tomado cartas en el asunto y nos alentaban a seguir investigando.
Noticias: ¿Terminaste de entender por qué la lógica de tanta tortura adentro del convento?
Daniel Enz: Toledo era una mina psicópata, una perversa que gozaba con eso. Ella jugaba con su poder. En el convento tenía televisión, internet, vivía en un hotel cinco estrellas mientras las otras se cagaban de hambre.
Noticias: En tu propia balanza, esta investigación entre las tantas que tenés, ¿qué lugar tiene?
Daniel Enz: Es fuerte por el tiempo que insumió. Y era un desafío porque toda la comunidad de Nogoyá ama el convento y nadie sabía lo que pasaba adentro por la regla de silencio. Esto no ha pasado en el mundo en un convento de clausura.
Noticias: Entonces, ¿para qué sirve el periodismo?
Daniel Enz: Justamente para esto, para dejar al descubierto estas situaciones. Acá es donde te sentís orgulloso del oficio que elegimos. Uno sueña toda la vida con encontrar estas cosas y que sirvan, que te abracen las carmelitas y que te pidan que las acompañes a tribunales, que te pidan entrar con vos a sentarse con el fiscal, que te abracen llorando, no tiene precio. Es una cosa muy fuerte. Y ahí vos decís, ¡cómo vale la pena hacer periodismo!

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