¿Quién escucha a los niños cuando son niños?
Hoy la historia, en boca de un adulto, conmueve. Dicho por un nene de nueve años, encontró adultos que no quisieron o no supieron escuchar.

Fernando Savater, escribió: “Ante el horror de lo que escapa a todo control, ante la irrupción de lo que apenas comprendemos y no podemos reparar, los humanos parloteamos análisis y dicterios como los niños silban en la oscuridad para espantar su miedo”.
Lanzan una campaña contra el maltrato infantil
Valentín Yankelevich tiene 23 años, y esta semana contó públicamente que, tras la muerte de su madre, cuando tenía nueve o diez años, empezó a recibir golpes, encierros y humillaciones de parte de su padre y que su hermano, Franco, pasó por lo mismo.
La reacción social fue inmediata, miles de personas se indignaron ante el horror, le escribieron y se preguntaron cómo nadie lo vio.
La realidad es que sí lo vieron y, allí radica el dato más duro, que debería interpelarnos como sociedad. Según contó, los niños intentaron hablar con adultos de la familia que no dimensionaron y subestimaron lo que pasaba, justificando al adulto.
Hubo una psicóloga que le trasladaba al padre lo que ellos decían, después de cada conversación, la violencia empeoraba.
El espacio que debía protegerlos terminó acelerando el castigo. La salida llegó porque un abuelo, que los llevaba a almorzar cada semana, notó la angustia y los acompañó a la Justicia.
Hoy escuchamos ese relato en boca de un adulto y nos conmueve. Dicho por un niño de nueve años, encontró adultos que no quisieron o no supieron escuchar. Lo que cambió es quién lo cuenta o, más bien, la edad de quien lo cuenta.
Quienes trabajamos en el sistema penal vemos esa diferencia con más crudeza cuando lo que una niña o un niño relata es violencia sexual.
La primera respuesta de muchos adultos es la sospecha: está mintiendo, lo inventó, alguien le puso esas palabras. La sospecha alcanza también a la madre que acompaña la denuncia.
En definitiva, se discute la credibilidad del niño antes de mirar lo que dice. Y luego, muchas de esas historias vuelven décadas después, contadas por adultos, cuando ya reconstruir los hechos es más difícil y la sociedad, ahora sí, se indigna.
Nadie pide creer sin examen. Un relato se valora con herramientas y profesionalidad, entrevistas en Cámara Gesell, profesionales formados, abordajes respetuosos. Lo que no puede pasar es que la sospecha sea el punto de partida, ni que el adulto que recibe el relato se lo devuelva a quien lastima. Cada minuto que pasa para ese niño en ese contexto, pudiendo ser rescatado, es un minuto de una niñez que se pierde.
Detrás de esa sospecha hay una idea que el derecho abandonó hace décadas y la práctica todavía la sostiene, el niño mirado como objeto. Alguien que se usa en las disputas de los adultos, que se manipula, que repite lo que le dicen. Visto así, el niño es un medio para los fines de otros y su palabra vale como síntoma de lo que piensan los grandes.
La Convención sobre los Derechos del Niño, con jerarquía constitucional desde 1994, y la ley 26.061 dicen otra cosa. Niñas, niños y adolescentes son sujetos de derechos, con una protección reforzada por su edad, tienen derecho a ser oídos en todo asunto que los afecte, y su interés superior debe guiar cada decisión que se toma sobre ellos. Ser oído es más que tomarle una declaración, significa que sus palabras tengan consecuencias.
Lo que sucede cuando a un niño no se le creen, es que la pregunta cambia de lugar. Deja de ser qué le hicieron y pasa a ser si es cierto o donde está el problema en él. Valentín contó que durante años sintió que no servía para nada, una frase que se la había dicho primero quien le pegaba, y los adultos que no escucharon la dejaron sin respuesta.Cuando por fin puede hablar, tal vez la prueba se perdió, los testigos ya no recuerdan y alguien le pregunta por qué no lo dijo antes. Lo dijo, pero pocos quisieron oírlo.
Este niño pudo contarlo porque un adulto lo escuchó a tiempo. Muchos no tienen ese abuelo. La pregunta es para la familia, la escuela, los equipos de salud y los tribunales: ¿vamos a escucharlos mientras todavía son niños o vamos a esperar a que crezcan para creerles?
*Jueza penal del colegio de jueces de primera instancia de Santa Fe. Vocal titular de la Comisión Directiva de la Red Nacional Mujeres para la Justicia.
