El Canalla lo ganaba por dos goles en los primeros seis minutos y se lo empataron. Luego jugó un buen segundo tiempo y logro una victoria clave
Leonardo Vincenti / La Capital
Los goleadores de Central. Gastón Ávila y Julián Fernández.
Aún con sufrimiento, Central se juramentó pelear hasta el final en la anual y esas ansias de protagonismo tuvieron un capítulo que rozó el dramatismo. Porque de ganarlo por dos goles en los primeros seis minutos se fue al descanso con el partido empatado. Lo del Canalla fue del éxtasis a la locura de no entender nada, pero cuando se propuso acomodar las cosas lo hizo. Jugó un buen segundo tiempo y resolvió (fue 3-2 ante Atlético Tucumán) un partido chivo con un verdadero golazo. Triunfazo y a seguir peleando mano a mano, con quienes se quieran sumar.
Los resultados puestos de Boca y Argentinos le pusieron al Canalla un peso enorme encima. No tenía otra que sumar de a tres. En un abrir y cerrar de ojos pareció tener todo resuelto, pero en Arroyito parece que si no es con sufrimiento no vale. Si no hubiese ganado hubiera sido por impericia propia. Como lo resolvió es por mérito propio.
Increíble el arranque de partido que tuvo a Central. Todo a favor. El resultado. El Juego. La tranquilidad. Era manejarlo con inteligencia. ¿Para tanto? Sí, porque a los 6 minutos el Canalla estaba dos goles arriba. Un inicio de ensueño. Es que después de ese remate forzado de Ruiz Rodríguez que Ledesma contuvo en el primer palo llegó al aluvión canalla. Córner rápido de Cantizano, diagonal de Di María, remate fuerte y el desvío de Avila. Golpazo de Central en el José Fierro.
Central fue por más
Lejos de conformarse, Central fue de inmediato por más. Sández avisó con un cabezazo que Ingolotti mandó al córner y en un abrir y cerrar de ojos llegó esa joyita del Gato Ávila para ponerla llovida en el segundo palo.
Partido controlado, al menos desde el resultado. Desde el juego también lo parecía. Avila y Ovando salían limpio, Pizarro recibía y distribuía, Alan Rodríguez acompañaba y frente a un Decano partido y aturdido, donde en cada ataque canalla podía pasar cualquier cosa.
Entre Di María y Campaz armaron un jugadón por izquierda que terminó con un remate del colombiano, aunque el asistente marcó off side.
Pero ahí Central pisó el freno. Fue un equipo mucho menos agresivo y encima comenzó con algunos errores impropios hasta ese momento. Como esa mala salida que terminó en falta de Alan Rodríguez para un tiro libre.
Se quemaron los papeles
Y de repente, todos los papeles se quemaron. Aún con sus errores, Atlético insinuó más y el Canalla no supo jugar con la ventaja a su favor. El cabezazo goleador de Canelo fue un verdadero tirón de orejas para el equipo de un Almirón que lo único que hacía era pedir tranquilidad.
Bajar esa intensidad ya con apenas un gol de diferencia costó caro. Otra mala cobertura, el pase en cortada para la definición de Ruíz. Un verdadero mazazo para ese Central que tenía absolutamente todo en la mano y de repente se encontró con la necesidad de empezar todo de cero. Un primer tiempo de locos.
Lo verdaderamente importante había sucedido ahí, en ese primer tiempo. Lo del complemento iba a servir para la sentencia, si era sonrisa pese a todo o si era un enorme lamento. Y fue alegría.
Pero la euforia no llegó porque sí. Central salió a buscarlo, decidido, con algunos errores y algo acelerado, pero no quería ni siquiera empatar. Y hubo casi un solo equipo en cancha. Di María condujo bastante y las situaciones aparecieron, pero faltaba algo más.
Una jugada monumental
Lo hizo Julián Fernández en esa apilada monumental y ese golazo de otro planeta.
En el final era aguantar y no cometer el mismo pecado del primer tiempo. Lo hizo este Central que asumió siempre el protagonismo y que se llevó de Tucumán eso que vino a buscar: la ratificación de que la quiere pelear hasta el final. Por eso, Central va.

