“El 2027 nos exige un peronismo de pie, con Cristina en el horizonte”
Plantea que el peronismo rosarino debe salir del ensimismamiento para construir una propuesta que combine renovación generacional, gestión concreta y volumen doctrinario.

A las puertas del escenario electoral de 2027, el peronismo rosarino comienza a reordenar sus fichas para disputar la conducción de una ciudad atravesada por la crisis social y el desmantelamiento de lo público. Paula Sagué —docente, investigadora, secretaria de Extensión de la Facultad de Psicología de la UNR y referente del espacio Primero Rosario— plantea la necesidad de construir una alternativa con identidad propia, articulada con el espacio de Juan Monteverde, pero con una convicción doctrinaria innegociable: la vigencia de Cristina Fernández de Kirchner como conductora.
—Camino al 2027 los roles políticos comienzan a ordenarse. Tras años de construcción territorial y universitaria, ¿te ves encabezando una de las listas del peronismo en Rosario para el Concejo Municipal? –preguntó Rosario/12.
—Sí, totalmente. Estamos trabajando junto a Florencia Carignano, Alejandrina Borgatta y Matías Fernández y muchos otros compañeros, desde hace más de cuatro años, abonando de manera constante a la unidad del peronismo en la provincia y, en particular, en nuestra ciudad. Nos venimos preparando junto a distintos sectores con los que conformamos experiencias nuevas, con el desafío de pasar de la lógica de organizaciones o estamentos cerrados a la verdadera lógica del movimiento. El objetivo es coincidir, reconducir los entusiasmos y salir a buscar a tantas voluntades que en estas últimas experiencias fueron quedando aisladas. De esa lectura compartida nace Primero Rosario, el espacio desde donde queremos expresar el peronismo que la ciudad necesita con urgencia, tanto para ocupar bancas en el Concejo como para pensar un proyecto integral de ciudad.
—Monteverde aparece como una figura central de la oposición en Rosario desde Ciudad Futura. ¿Cómo se articula el peronismo con su candidatura a intendente?
—Acompañamos y venimos construyendo en conjunto con Juan y con diversos sectores del campo popular. Creemos que hoy Juan expresa de manera clara la unidad en nuestra ciudad. Si bien no proviene orgánicamente del peronismo, logra una síntesis muy valiosa de esta idea de movimiento amplio. Nosotros pretendemos ser la pata de expresión y renovación del peronismo rosarino dentro de ese gran frente, y queremos que esa identidad quede bien plasmada de cara al año que viene.
—¿Acompañar, pero marcando un perfil político propio?
—Exactamente. Y para nosotros eso no representa ninguna contradicción, porque esa es la idea misma de movimiento: que cada uno pueda aportar sin borrar su identidad, sin negar las diferencias ni borrar la historia propia. Se trata de construir desde el lugar que cada uno representa y con las experiencias acumuladas en un proyecto común. Monteverde tampoco tiene por qué expresar únicamente al peronismo, porque su espacio es más amplio. Cada uno con su impronta construyendo un destino compartido; esa es la madurez política que necesitamos en todos los espacios.
—En ese armado, ¿cómo ves el diálogo con otros sectores del peronismo como el Movimiento Evita?
—Mantenemos un canal fluido. Tanto con Mariano Romero como con Majo Poncino y Pablo Basso, que son los actuales concejales del espacio, venimos participando de ámbitos de debate como Bases para la Convivencia. Es un espacio donde se busca armar una plataforma de pensamiento y propuesta para la ciudad, no solo en términos electorales, sino para definir qué proyecto de ciudad queremos. Nosotros acudimos a cada lugar donde nos invitan porque entendemos que todos los actores somos indispensables. Vivimos un momento donde el recambio generacional es clave para reconstruir una Rosario en la que muchos crecimos y que hoy no ofrece el ideal de futuro que nuestros jóvenes merecen.
—Tu trayectoria combina la gestión académica en la UNR, la docencia y la intervención comunitaria en salud mental. ¿Cómo convive esa labor con la militancia partidaria?
—Para mí la militancia es una posición ante la vida, por lo que no siento esa supuesta contradicción. Milito en mi lugar de trabajo, milito como vecina, milito en mi hogar y en mis lazos afectivos. Lo que intento cotidianamente es reconstruir el tejido social y despertar en los rosarinos la ambición legítima de querer otra cosa, de mostrar que es posible transformar esto que se nos presenta como lo único instituido. Crecimos en una ciudad donde había muchísimas más posibilidades de desarrollo y queremos que Rosario vuelva a ser ese lugar pujante. En mi caso, desde la universidad y la salud mental, aportar al trabajo diario con la comunidad organizada no es un punto de llegada, es un verbo, una acción de todos los días para subir el techo de lo posible.
—En el debate político actual no puede eludirse la figura de Cristina Fernández de Kirchner. En tu caso asumís una posición explícita. ¿Pretendés encarnar la referencia del kirchnerismo en la ciudad?
—De mínima, hay una cuestión de gratitud y reconocimiento político hacia quien ha puesto el cuerpo, la cabeza y ha dejado todo, hasta su vida personal, por el pueblo. Sería de muy desagradecidos no denunciar en cada lugar donde estamos que Cristina no solo sufre un proceso injusto, sino una proscripción que busca limitar la voluntad popular de quienes queremos elegir libremente con quién reconstruir la patria. Generacionalmente, nosotros no existiríamos en la política sin Néstor y Cristina. Quienes fuimos adolescentes en los años 90 crecimos en una época donde la política era sinónimo de corrupción y desprestigio. Néstor y Cristina nos devolvieron la política como herramienta de transformación. Los dirigentes sub-50 no estaríamos hoy militando si no hubiéramos visto encarnado el peronismo en esas figuras. Por eso nuestro reconocimiento no es mero afecto, es un hecho de estricta lectura política.
—¿Qué análisis hacés de quienes dentro del propio movimiento sostienen que la etapa de Cristina ya concluyó?
—Sostener que el ‘Cristina ya fue’ es una ingratitud moral, pero sobre todo una profunda mala praxis política. No es habitual ser contemporáneos a un cuadro de semejante dimensión geopolítica y estratégica, alguien que cada vez que realiza un análisis señala un destino que meses después se confirma. Cristina aplica siempre la premisa de primero la patria, después el movimiento y por último los hombres. Descartar o no valorar a una referente que integra el lote de los principales cuadros políticos del siglo XXI refleja una incapacidad de comprender el momento histórico y las herramientas reales que tenemos para transformar la realidad.
