El uso de efectivo pierde terreno en Argentina y uno de los indicadores más claros es la caída de las extracciones en cajeros automáticos. De acuerdo con las estadísticas del Banco Central, las operaciones mensuales descendieron de 99 millones en julio de 2024 a 46 millones dos años después, una reducción superior al 50 por ciento.

La tendencia se vincula con la expansión de los medios de pago digitales, como las transferencias, las tarjetas de débito y los pagos mediante códigos QR. Estos instrumentos ganaron espacio en las transacciones cotidianas y modificaron especialmente los hábitos de los consumidores más jóvenes, que recurren cada vez menos a los billetes para realizar sus compras.

La caída también alcanza a los retiros de efectivo en comercios, una alternativa disponible en supermercados, farmacias y estaciones de servicio. Según los datos publicados, estas operaciones pasaron de siete millones mensuales a poco más de tres millones en el mismo período de dos años. Así, esta modalidad tampoco logró compensar la reducción de las extracciones bancarias.

Entre los factores que pudieron influir en el cambio aparece la incorporación del billete de $20.000, que comenzó a circular en noviembre de 2024 y permitió retirar mayores sumas con menos billetes. Sin embargo, la inflación redujo su poder adquisitivo, por lo que este elemento no alcanza para explicar por sí solo el retroceso. Además, el Banco Central mantiene en $60.000 el límite de extracción que los cajeros deben ofrecer a los clientes de otras entidades bancarias.

La tendencia también se refleja en los pagos en supermercados. Según el Indec, el efectivo representaba el 32,5% de las ventas a comienzos de 2021, mientras que en junio de 2026 su participación había bajado al 16,6%. Los datos muestran una transformación sostenida en los hábitos de pago y plantean nuevos desafíos para una red bancaria cuya infraestructura sigue asociada, en buena medida, al uso de dinero físico.