Cómo se orquestó el ataque transfóbico en Palermo y quiénes están detrás
Un grupo de jóvenes perpetró un ataque contra mujeres trans que trabajan en los Bosques de Palermo. La politóloga Gabriela Ivy rastreó las cuentas digitales e identificó que la agresión había sido premeditada por grupos libertarios.

Un grupo de decenas de jóvenes en bicicleta atacó a mujeres trans en los Bosques de Palermo, registrando y celebrando la agresión en redes sociales. Mientras la difusión de las imágenes expone la dimensión de la violencia a días de la Marcha del Orgullo, sectores mediáticos intentan reducir una cacería de odio a un episodio de mero descontrol urbano.
Durante la noche del domingo 1 y la madrugada del lunes 2 de noviembre, un grupo de adolescentes y jóvenes perpetró un ataque coordinado contra mujeres trans que trabajan en los Bosques de Palermo. Desplazándose en un grupo que combinó la marcha a pie con el uso de bicicletas, los registros audiovisuales confirman la presencia de entre 50 y 60 ciclistas rodeando la zona.
La secuencia se inició con burlas y provocaciones; ante la respuesta verbal de las víctimas para defenderse, los agresores retornaron armados con palos y elementos de señalización urbana (como un cono de tránsito naranja utilizado para golpear a una de ellas en plena avenida) para consumar la agresión física.
El contenido de las filmaciones evidencia tanto la brutalidad del hecho como su lógica de espectáculo digital. En las imágenes grabadas por los atacantes se observa el hostigamiento sistemático, publicado luego en redes bajo la leyenda “A correr los trabas” y emojis de risa.
La reconstrucción de la red de involucrados fue impulsada por la politóloga y abogada trans Gabriela Ivy, quien rastreó las cuentas digitales e identificó que la agresión había sido premeditada por jóvenes vinculados a la práctica de bici-cross procedentes de distintas localidades del conurbano bonaerense, como Bernal y San Martín. Según detalló Ivy, la difusión inicial del material partió de cuentas alineadas con la estética libertaria que celebraban el hecho en plataformas virtuales.
En el marco del seguimiento del caso, Ivy tomó contacto con una de las bicicleterías vinculadas a los perfiles de los participantes. Ante el señalamiento sobre la gravedad de los hechos y la eventualidad de citaciones judiciales, la respuesta del interlocutor fue desmarcarse de la agresión argumentando: “Yo no tengo nada en contra de la comunidad homosexual ni las travestis, soy padre de tres hijas”. Ivy desestimó la apelación expresando que “el recurso de utilizar a las hijas como escudo ya está un poco gastado”, cuestionando la evasión de responsabilidades frente a actos de violencia colectiva.
Paralelamente, trascendió la existencia de un registro audiovisual grabado desde la perspectiva de una de las trabajadoras presentes en el parque. Ivy, quien accedió al material a través de una allegada a las víctimas, decidió preservar la identidad y la voz de la mujer antes de difundirlo: “Silencié el video porque había una de las travestis que estaba hablando (…), me pidieron mantener todo en anonimato”. Esta cautela refleja la desprotección y el temor a represalias a los que se ven expuestas las sobrevivientes.
El episodio generó un profundo repudio y puso de manifiesto una disputa sobre las narrativas públicas. Mientras portales mediáticos y cuentas de redes sociales intentaron encuadrar el hecho como una “pelea de fisuras” o incidentes de la nocturnidad porteña, voces del colectivo señalaron que se trató de un ataque transfóbico deliberado. La agresión no se produce de forma aislada: ocurre a escasos días de la Marcha del Orgullo y en un clima de hostilidad alimentado por los discursos de odio legitimados desde esferas gubernamentales.
Por su parte, la actuación de las fuerzas de seguridad volvió a mostrar falencias estructurales. Efectivos de la Policía de la Ciudad arribaron al lugar una vez consumado el ataque, debido a que el personal destinado a la zona se encontraba abocado a la detención de dos vendedores de paltas en las inmediaciones.
Aunque las autoridades evalúan revisar las cámaras del Centro de Monitoreo Urbano (CMU) para identificar a los participantes, la reconstrucción del caso descansa por el momento en los registros audiovisuales circulantes. La ausencia de testimonios formales en las actuaciones oficiales vuelve a dejar al descubierto las barreras institucionales que distancian a las víctimas trans del acceso a la justicia.
