Bienvenidos a los verdaderos juegos de este 2026. El único lugar donde el radicalismo progresista puede negociar con el liberalismo, el socialismo puede abrazar a Milei y todos pueden seguir convencidos de que mantienen intactos sus principios.
Después de varias jornadas de rosca, café recalentado, llamadas que “no existieron” y planillas de Excel con escenarios electorales, las distintas tribus políticas alcanzaron una histórica síntesis, el Pacto de la Bota.
La premisa es sencilla: cada uno conserva su relato, siempre y cuando nadie toque sus lugares en la boleta.
-Artículo 1. El Príncipe de la Bota:
La prioridad número uno es la continuidad del gobernador. Para garantizarla, se habilita una amplia coalición ideológica que va desde el progresismo santafesino hasta las Fuerzas del Cielo, pasando por todo aquello que pueda sumar un voto y no requiera demasiadas explicaciones públicas.
Si mañana hay que defender la eficiencia estatal, se defiende. Si pasado mañana hay que explicar por qué la EPE debería convertirse en una startup libertaria, también. Y si el viernes aparece una nueva foto con Milei, se publica.
La coherencia será considerada un asunto estrictamente personal.
-Artículo 2. Rosario: territorio en disputa:
En Rosario rige una regla superior, primero conservar la Municipalidad, después vemos la ideología.
¿Javkin? ¿PRO? ¿Un candidato bendecido por Milei? ¿Una síntesis entre todos? No importa.
Lo importante es que Monteverde no se quede con el Palacio de los Leones (y el partido de la rosa, tampoco)
Para eso, los socios nacionales prometen acompañamiento, recursos, fuerzas federales y, sobre todo, no hacerse demasiado daño entre ellos en X durante la campaña.
Un esfuerzo institucional sin precedentes.
-Artículo 3. La Casa Rosada también juega:
Desde Balcarce 50 llega otra consigna, hay que cuidar la Bota.
Milei necesita los votos santafesinos para 2027 y, para conseguirlos, deberá convivir con dirigentes que en Buenos Aires pueden ser considerados socialistas, estatistas, colectivistas o cualquier otra categoría que figure en el diccionario libertario.
Pero una cosa es el discurso y otra muy distinta es una banca.
La motosierra también sabe hacer cuentas.
-Artículo 4. El Partido Socialista y el milagro de la multiplicación:
Llegamos al capítulo más sofisticado de la ingeniería política. El socialismo santafesino enfrenta una disyuntiva existencial, ¿acompañar al peronismo local, más cercanos ideológicamente o conservar los cargos?
La respuesta, después de profundas deliberaciones filosóficas, parece ser, acompañar al que garantice que los cargos sigan existiendo.
Así, en Santa Fe se reivindica la gestión, la institucionalidad y el frente gobernante.
Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, se observa con creciente simpatía el armado nacional de Axel Kicillof.
Una verdadera experiencia de multiverso ideológico. En Santa Fe, gestión y pragmatismo; en Buenos Aires, resistencia y progresismo; y en ambos casos, una misma preocupación, que nadie toque la estructura partidaria.
El resultado de todo esto, es una provincia donde el elector necesitará probablemente un instructivo, un mapa y algún tipo de asesoramiento jurídico para entender qué está votando.
Un dirigente puede ser progresista a las 10 de la mañana, oficialista al mediodía, liberal a las 18 y socialdemócrata en una cena partidaria.
No es contradicción. Es territorialidad.
El secreto está en comprender que en Santa Fe las alianzas no se construyen necesariamente alrededor de una ideología común. Se construyen alrededor de una pregunta mucho más concreta, “¿Y a nosotros qué nos toca?”
Después se redactan los fundamentos.
Y si alguien pregunta por los principios, siempre queda una respuesta institucionalmente sólida:
“Los principios son importantes. Pero hay que ganar la elección.”
