El PRO atraviesa un período de turbulencia con la salida de otro de sus históricos dirigentes. Néstor Grindetti, exjefe de Gabinete porteño, decidió alejarse del partido ante la falta de participación en las decisiones políticas y la creciente frustración con el rumbo de la fuerza.
Su renuncia no responde a un alineamiento inmediato con La Libertad Avanza, pero sí refleja el descontento con la conducción de Mauricio Macri, quien sigue sin definir si enfrentará o pactará con Javier Milei.
Grindetti, también presidente de Independiente, busca mantenerse activo en la política de la Tercera Sección Electoral bonaerense, aunque siente que el PRO ya no lo representa.
Su caso se suma al de Diego Valenzuela, intendente de Tres de Febrero, quien ya dejó atrás cualquier ambigüedad y cerró filas con Milei en Buenos Aires. En ese contexto, Grindetti evalúa sumar su experiencia a los equipos técnicos de LLA, aunque, por ahora, su distancia será prudente.
La renuncia de Grindetti ocurre en un momento crítico para el PRO. Desde Cumelén, Macri busca delinear estrategias, pero sus movimientos generan desconfianza tanto dentro de su espacio como en el círculo cercano de Milei.
La designación de María Eugenia Vidal como jefa de campaña en la Ciudad de Buenos Aires y la creación de una mesa política con Diego Santilli, quien rápidamente se desmarcó, fueron interpretadas por Karina Milei y Santiago Caputo como una declaración de guerra.
El desorden se agrava con las señales contradictorias de Macri: un día se alinea con Milei y al siguiente lo desafía. Un claro ejemplo fue su tuit elogiando la prohibición de la hormonización y las cirugías de cambio de sexo en menores, luego de haber impulsado medidas de ampliación de derechos en su gobierno.
«Hace tres de cal con bajo perfil y una de arena para que lo vean», afirman desde el oficialismo libertario, que reconoce que la relación entre ambos líderes está en su peor momento.
