El capitán de Rosario Central le entregó una camiseta firmada al hijo de la familia que fue víctima de despiadados ladrones en la previa del clásico rosarino. La historia del vendedor
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La camiseta firmada por Di María
Tras conocer el lamentable robo al puestero de Rondeau y Olivé, Ángel Di María le regaló una camiseta de Rosario Central con su característica firma al hijo de la familia de vendedores. Eloy de 9 años pasaba con la camiseta muy emocionado y no podía esperar para llegar a su casa: “La voy a colgar en la pared”, repitió varias veces.
Las imágenes del despiadado robo indignaron a los hinchas de Central y de Newell’s y recorrieron los portales de todo el país. Unas 30 personas arremetieron contra el puestero que todos los días está en la esquina de Rondeau y Olivé y se robaron todas las camisetas de Rosario Central, a horas del comienzo de un nuevo clásico rosarino.
Según Nicolás Marín, quien encabeza el puesto, el robo significó el 85% de las prendas que tenía a disposición. El golpe fue devastador y dejó a una familia a la deriva. La difusión del caso conmovió a la ciudad y el resto del país y se iniciaron las redes de solidaridad. Cada uno que compartió la historia agregó el alías de Martín para colaborar (nicolasmarin123) y Di María eligió un gesto diferente para acompañar a la familia de trabajadores.
El regalo de Di María
Minutos antes de las 12, un auto se acercó a la zona de Rondeau y Olivé y le pidió a la familia que se acerque. Dentro del vehículo manejaba Jorgelina Cardoso, esposa del capitán de Rosario Central, Ángel Di María, que entregó una camiseta con la firma del 11 canalla.
“La camiseta está firmada. Es muy linda. Cuando llegue a mi casa la voy a colgar en la pared. Estoy muy feliz con el regalo”, contó en De 12 a 14 de El Tres Tv, Eloy, el hijo de Nicolás y Caren, que día tras días ofrecen camisetas para vender en barrio de Arroyito.
Bajo su mirada, el niño contó cómo vivió el robo y recordó “que nos arrancaron todo. Nos tiraron todo. Yo me escondía atrás de mi papá”.
La solidaridad para Nicolás y su familia
Una colecta busca ayudar a Nicolás Marín, el vendedor ambulante que sufrió un robo en la previa del clásico rosarino. El hecho ocurrió en bulevar Rondeau y Olivé, cerca del Gigante de Arroyito, cuando un grupo de personas identificadas con camisetas de Newell’s le sustrajo parte de la mercadería que tenía para vender.
El comerciante vendía indumentaria de Central y se encontraba junto a su hijo Eloy cuando ocurrió el ataque. Tras el procedimiento policial, dos sospechosos quedaron detenidos y fueron trasladados a la Comisaría 16ª.
La historia del vendedor asaltado
Marín, hincha de Central, trabaja desde hace cinco años en la zona del incidente. El dinero que obtenía de la venta de productos deportivos tenía un objetivo concreto: reunir lo suficiente para comprar un vehículo y dejar de trabajar en los semáforos.
Su intención era comenzar a trabajar con una aplicación y, principalmente, evitar que su hijo tuviera que acompañarlo a la calle para ganarse la vida.
En diálogo con la creadora de contenido @eluglaria, el vendedor contó cómo vivió el robo y explicó el esfuerzo que había realizado junto a su familia para sostener su actividad.
«Independientemente de lo que pasó, estamos muy consternados porque es algo que uno no se espera. Creería, en lo personal, que a tu mamá, tu papá o tu hermano no le vas a robar. Es un hecho lamentable, triste».
Sobre el impacto que tuvo el episodio en su hijo, relató: «Estuvimos anoche con Eloy, que quedó exaltado porque tuvimos una noche eufórica de muchas preguntas y brindar respuestas. Y la respuesta es siempre justa porque no lo vas a dejar traumatizado».
Marín también remarcó que el conflicto excede la rivalidad entre Rosario Central y Newell’s: «Es independiente de los colores».
El vendedor explicó que llevaba años trabajando en la zona: «El tema del robo de las camisetas fue lamentable porque yo soy malabarista de la zona de esta esquina en Rondeau hace cinco años».
También contó que realizó un esfuerzo económico familiar importante para poner el puesto de venta: «Este esfuerzo que hicimos con mi esposa fue el sacrificio de muchas asignaciones de mis hijos para tener un puesto con bastantes cositas, para poder subsistir un poco más, para poder sacar a mis hijos de la calle también«.
Marín, de 35 años, aseguró que su intención era dejar esa actividad y buscar otra alternativa laboral: «La realidad era ya terminar. Yo tengo 35 años e infelizmente no tuve la oportunidad de estudiar. Siendo chiquito, como mis nenes, ya dormía en la calle».
