La última marcha de Taty Almeida: su despedida en la Plaza de Mayo
Sus cenizas fueron sembradas en ese lugar desde donde, con sus compañeras, desafió a la dictadura.


Taty Almeida tuvo su última marcha en la Plaza de Mayo, ese lugar al que llegó en plena dictadura para reunirse con otras mujeres que, como ella, habían sufrido el dolor más desgarrante: que les arrancaran a los hijos y a las hijas. Taty solía decir que lo mejor que hizo fue sumarse a las Madres de Plaza de Mayo. Su familia cumplió con el último deseo de la presidenta de la Línea Fundadora: quedarse en esa Plaza, emblema de la resistencia.
Siempre es jueves en la Plaza de Mayo, canta Ismael Serrano, músico y amigo de Taty. Y este sábado lo fue más que nunca. Desde antes de las 10, personas empezaron a juntarse para cumplir con la difícil misión de decirle adiós a Taty Almeida, que murió el domingo a los 95 años.
Una multitud se había acercado entre lunes y martes a despedirla en la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (Foetra), donde ella había pedido ser velada por un simple motivo: en ese sindicato había sido muchas veces feliz cuando le festejaban su cumpleaños. Antes de partir hacia la Chacarita, Taty pasó por San José 1111. La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner la saludó desde el balcón.
Cerca de las diez de la mañana, cuando el sol recién empezaba a entibiar la mañana, la ronda comenzó. Algunos tomaron la bandera de las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora e hicieron punta: el Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, la periodista Nora Anchart, María Adela Antokoletz y uno de les nietes de Taty que llevaba el retrato de su abuela que hizo el fotógrafo Guido Piotrkowski.

Más atrás, eran cientos los que caminaban. Otra bandera ondeaba, la de H.I.J.O.S. Quienes estaban allí no querían faltar al pedido que hizo Taty de ser recordada con alegría, aunque en ese momento el trance era difícil.
Algunos cantaban: “Como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar”. Otros gritaban: “Que digan dónde están los desaparecidos”. Desde algún lugar, Taty gritaba con ellos. Ella se fue sin poder lograr lo que más quería: acariciar, aunque más no fuera, un huesito de Alejandro, su hijo de 20 años secuestrado el 17 de junio de 1975. “Militante po-lí-ti-co”, como ella solía destacar, del que nunca más supo qué hicieron con él ni quiénes fueron los responsables.
Los militantes que llevaban las pecheras de Flores Solidario cantaban: “Taty no se murió, Taty vive en el pueblo”. Muchos se sumaron a esa canción cuando la ronda estaba llegando a su fin.

La reja que rodea la Pirámide de Mayo se abrió para que pudieran pasar los hijos de Taty, Jorge y Fabiana, con sus hijos y nietos. Entraron también algunos militantes de derechos humanos –los más cercanos a la presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora: Carlos Pisoni, Horacio Pietragalla Corti, Gabriela Alegre, Paula Maroni y Virginia Franco, entre otros y otras.
La gente rodeaba la pirámide. Algunos colgaban pañuelos; otros dejaban cartelitos que decían “Gracias, Taty”. Victoria Montenegro tenía a su nieto mayor sobre los hombros mientras despedía a la presidenta de Madres.
La ceremonia tuvo su parte más íntima, pero no dejó de ser compartida. Uno de los nietos de Taty, Nacho, llevó su guitarra y cantó Esa estrella era mi lujo, el himno de Los Redondos que habla de “mi único héroe en este lío” –posiblemente heroína en honor a Taty– y de “la más linda del amor”.

Nora Anchart, con la misma potencia que los 24 de marzo se dirige a la Plaza de Mayo colmada, gritó por los 30.000, por Taty y por Alejandro Almeida. ¡Presentes!, le respondieron. Sandra Moresco levantó la foto de Taty, y estalló un aplauso.
Las cenizas de Taty fueron sembradas en la Plaza. Familiares, amigos y compañeros las esparcieron alrededor de la Pirámide, en los canteros y sobre el césped. En ese lugar descansan otras Madres, como la Azucena Villaflor, Hebe de Bonafini, Nora Cortiñas, Laura Conte o Mirta Baravalle.
Gonzalo Conte, uno de los hermanos de los desaparecidos que acompañan a las Madres, habló de la generosidad de Taty. “Ella era darse. Se dio en este jardín y quedó en la gente”. Alicia Furman, otra de las hermanas, estaba tan conmovida que le costaba encontrar las palabras. “Taty fue la que fomentó que los hermanos y los nietos nos dijéramos que era necesario juntarnos y hacer fuerza”, dijo.
Sandra Moresco también estaba estremecida. “En este momento, todo es dolor y amor. Taty es inconmensurable”. Ana Bianco y Ana Careaga –hijas de las Madres Mary Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga, secuestradas en diciembre de 1977 y víctimas de los vuelos de la muerte– pasaron a saludar a la familia Almeida.
“Las Madres representan uno de los movimientos políticos más importantes del siglo XX. Enfrentaron a la dictadura así como enfrentan el goce de la crueldad de este Gobierno. Se están yendo las Madres, pero queda un reservorio sobre su modo de enfrentar al poder de turno”, comentaba Bianco.
“Despedimos a Taty como era ella: con el compromiso de la lucha y la alegría de aportar a la vida. Las Madres son irremplazables porque ellas inventaron un modo de resistencia”, compartía Careaga.
Algunos dirigentes políticos o sindicales también se acercaron a la Plaza. Estaban los diputados nacionales Eduardo Valdés y Nicolás del Caño –que había ido acompañado por Alejandrina Barry. También pasaron a saludar Juan Manuel Abal Medina, Roberto Baradel y Hugo “Cachorro” Godoy. El ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, también estuvo y en la familia Almeida destacaron su apoyo durante el tiempo de internación de Taty.
En la despedida no faltaron canciones porque había que honrar el lema de Taty de “militancia y joda”. Sonó Inconsciente colectivo y la Marcha de la bronca. Todas interpretadas por la Escuela Popular de Música que funciona en la Casa Nuestros Hijos en la ex-ESMA. Una chica compartía unos carteles con la imagen de Taty y la leyenda “legado”. Entre los presentes, volvió a estar Ty, el perrito de la hija de Taty que ella tanto quería.
Fabiana y Jorge fueron de los últimos en dejar el lugar. Estaban todavía conmovidos por la cantidad de personas que pasaron en estos días a saludar a su mamá. Fabiana contaba, con gracia, que pensaba que quizá no se acercara nadie al velorio –donde hubo colas de cuadras para ingresar.
“Es muy fuerte todo esto. Fue decisión de ella estar en la Plaza de Mayo”, le contó a Página/12. “Están todos los que la quieren a la vieja. A partir de hoy, voy a empezar a caer. Y a extrañarla”, dijo antes de encaminarse hasta la Radio 750, donde Taty hacía todos los sábados su programa con “Charly” Pisoni y Paula Maroni.
Con el sol cálido del mediodía, Taty se quedó –eterna– en la Plaza de Mayo. En ese bastión del pueblo, Taty seguirá siendo una semilla para otras irreverencias al poder con la dignidad de esas mujeres que siguen educando a generaciones que no renuncian al reclamo de justicia ni de un mundo mejor. Generaciones que, como ella, siguen gritando que “no nos han vencido”.
