Declaraciones

Con la mirada en los movimientos sociales

Mónica Fein tiene 63 años. Es feminista, bioquímica y secretaria general del Partido Socialista a nivel nacional. Fue la primera intendenta mujer de Rosario, además de diputada nacional y, antes, funcionaria de las intendencias de Hermes Binner y Miguel Lifschitz. Es la primera vez que Fein lleva poco más de un año sin ocupar cargos legislativos o ejecutivos, tras haber perdido la elección a senadora provincial en 2019. Dice que sirvió para recuperar un tiempo muy valioso: con la familia, con la lectura y con pequeños placeres, como poder quedarse en la cama los días de lluvia.

A lo largo de 2020 y pese al tiempo recuperado, Fein no fue ajena a las videollamadas, los zoom interminables, la incertidumbre, la política. Fue parte del grupo de WhatsApp Partido Socialista Coronavirus, que reunió experiencias y expertos del partido de todo el país para trazar en conjunto estrategias políticas y también solidarias. También fue el año en que el PS constituyó un grupo nacional de mujeres que fue, según la ex intendenta, “maravilloso”.

Este año comienza con un nuevo desafío: es una de tres postulantes a presidir su partido a nivel nacional. Las otras listas están encabezadas por Eduardo Di Pollina y su corriente «Bases» y por el legislador porteño de Juntos por el Cambio, Roy Cortina. Mónica Fein no sólo es la única mujer: es la primera candidata en la historia de un partido que ya tiene 120 años. De ganar las elecciones, sería, además, la primera mujer en presidir un partido político a nivel nacional. Fein, como Norma López, entrevistada en la edición pasada de este semanario, forma parte de la generación de mujeres de la política que arrancaron luchando por una secretaría en sus partidos y ahora ponen el cuerpo en la disputa por espacios de poder, de decisión, de gestión y conducción.

—Fuiste la primera intendenta mujer de Rosario, ahora sos la primera candidata a presidenta del Partido Socialista y tal vez seas la primera presidenta de un partido político a nivel nacional. ¿Cómo te hace sentir eso?
—El proceso es colectivo, ¿no? Hace muchos años las mujeres venimos luchando para tener espacios y algunas, muy pocas, llegamos a esa representación. Pero lo hacemos en nombre de todas y esperando que haya muchas más. Fijate que tuvimos a una pionera en la lucha de las mujeres como Alicia Moreau, pero sin embargo la conducción del partido nunca había tenido a una presidenta mujer. Lo mismo en los otros partidos históricos, como el PJ o la UCR. Mi candidatura también marca ese nuevo tiempo de las mujeres, el tiempo en donde queremos ser protagonistas también de la organización partidaria, no sólo de liderar procesos de gestión y de gobierno, sino también liderar la política, que hasta ahora ha sido liderada fundamentalmente por hombres.

—¿Existe el diálogo con mujeres de otras fuerzas políticas que están atravesando el mismo proceso? ¿Creés que empieza otra forma de hacer política, de la rosca y la alianza?
— Creo que hay un proceso mucho más horizontal por estas luchas en los partidos. Yo lo viví como diputada cuando se votaron el matrimonio igualitario y la ley de Identidad de Género, y por supuesto que se vivió eso en la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Las luchas de las mujeres y de la diversidad nos permitieron también demostrar que en la política se construye transversalmente. Y la verdad que siento mucha, mucha solidaridad, mucha sororidad entre las mujeres que nos animamos. Digo que nos animamos porque también son liderazgos nuevos y muchas veces muy criticados. Los liderazgos de mujeres que hemos tenido no son fáciles para una sociedad que está acostumbrada al liderazgo masculino. Y también en general hay una crítica que está unida a la condición de género. Son las palabras que todas conocemos, no sólo en el mundo de la política sino en la sociedad: inútil, loca, histérica. Hay cosas que se nos exigen como mujeres que en los varones parece que ya está dado. En el fondo, eso también está subyacente en todos los procesos políticos donde las mujeres lideramos. Tenemos que demostrar que sabemos hacer, tenemos que demostrar que lo podemos hacer. Inclusive en mi partido sucede que en los varones ya se saben que pueden ocupar los lugares. Nunca he escuchado que un varón diga “yo no sé si puedo ocupar ese lugar”. En cambio, muchas de nosotras, cuando inclusive nos plantean “vos tendrías que ir a tal lugar”, es muy común que digamos que no sabemos si estamos preparadas, porque la sociedad todo el tiempo interpela eso. Ellos tienen un liderazgo construido desde pequeños, indiscutible, y las mujeres tenemos que, en primer lugar, auto convencernos que podemos. Más allá de varones que entienden ese proceso y lo acompañan, somos las mujeres y es la sororidad entre las mujeres las que van construyendo ese camino bastante difícil que, apenas te descuidas, se ocupa por varones.

—Sos la candidata de la lista que más se desprende del peronismo y de Juntos por el Cambio. ¿Es posible ese camino alejado de la polarización?
—Yo tenía un referente que decía que cuando algo es indispensable y parece imposible, hay que cambiar las reglas de juego y hacerlo posible. Yo considero que Argentina necesita salir de esa polarización donde parece que no nos pudiéramos poner de acuerdo en nada. No porque la discusión política no enriquezca, sino porque nos impiden como país buscar algunas coincidencias y claramente en este proceso ganan muy poquitos. Hay más pobreza, más exclusión, menos trabajo y hay un porcentaje muy pequeño, que son los que manejan los recursos económicos más importante, que siempre ganan, más allá de los antagonismos. Así que el socialismo viene a plantear que queremos aportar nuestra voz, con autonomía, entendiendo que la democracia se fortalece en el debate de ideas, pero también en los acuerdos. La política tiene que volver a generar confianza en la ciudadanía y la verdad es que las mujeres no hemos sido demasiado protagonistas en este proceso, así que a mí me entusiasma que le podamos aportar nuestra mirada, que es diferente, que es una mirada que en lo privado está siempre en la conciliación de intereses.

—Si no me equivoco, sería tu primer lugar en la política por fuera de cargos ejecutivos o legislativos. Pero además, sería también un cargo nacional. ¿Cómo te imaginas que va a ser este desafío?
—Mucho más horizontal. Debemos sintetizar las experiencias de abajo hacia arriba y tener también posiciones a nivel nacional. Me imagino en equipo. Yo sé que una debe liderar los equipos, pero bueno, también hay que entender que son fundamentales a la hora de construir un proceso mucho más colectivo. Por ejemplo, nuestro partido tiene más de 120 años, con una estructura del siglo pasado pensada para el siglo pasado. Recién ahora incorporamos la paridad. Fijate lo importante que es mirar los movimientos sociales. El movimiento feminista nos enseñó a todas y a todos que la construcción puede ser mucho más horizontal, que podemos buscar alianzas estratégicas para el logro de un objetivo y ese es un un proceso que los partidos políticos deberían observar de la sociedad civil. Así que espero que mi experiencia también en esas luchas pueda aportar también a ser un partido no solo más feminista, sino más democrático, más participativo, más horizontal. Y la verdad es que sí, por supuesto, me genera un gran desafío tener posiciones nacionales, pero el socialismo siempre ha sido un partido nacional y creo que que ha tenido en el último tiempo una voz que bueno, es difícil hacerla escuchar, porque el antagonismo también se lleva a los medios de comunicación, se lleva a las redes y la alternativa que queremos construir tiene que aparecer.

—Ya pasó más de un año de las elecciones de 2019, ¿cómo ves, a la distancia, el resultado a nivel local y provincial?

—En Rosario yo creo que era algo lógico. Nosotros somos una coalición política de distintos partidos y durante 30 años esa conducción la tuvo el socialismo. Creo que hasta es sano y es lógico que otro partido de la coalición tenga esa responsabilidad, en este caso a través de Pablo Javkin. Era lógico porque sino no sería una coalición y las coaliciones en Santa Fe tienen algo muy particular: que la coalición existe. Son partidos que tienen su vida propia, sus intereses propios y que se unieron atrás de un programa. Pablo fue también candidato mío en las elecciones a concejal a medio término, así que creo que ayudamos a este proceso, más allá de una sana competencia que siempre se plantea.

—¿Y en Santa Fe?

—Lo de Santa Fe creo que tiene muchas connotaciones. Tiene que ver con nuestros errores, seguramente. También tiene que ver con la unidad que logró el Partido Justicialista y con un eslogan que era quizá lo que más le preocupaba y le preocupa a los ciudadanos, que es la seguridad, transmitiendo que ese proceso era un proceso sencillo, cuando era un proceso sumamente complejo. Y no supimos, no pudimos, quizá transmitir que, más allá del trabajo realizado, la seguridad y la violencia seguían siendo un tema de agenda. Y no pudimos quizás construir o transmitirle a la sociedad que las soluciones eran complejas y que nadie que viniera con una idea mágica lo iba a resolver. Seguramente alguno de esos errores permitieron que el justicialismo ganara y la verdad que a un año y unos meses yo digo que es que es el ejemplo claro de que en la política no es solo ganar, que la política tiene que ser ganar para transformar la realidad. El gobierno provincial demuestra que no tiene un plan de gobierno: seguridad ha empeorado, educación no tiene rumbo, salud tiene muchos inconvenientes. Pero son las reglas de juego de la democracia. Yo creo que el Frente Progresista tiene una gran oportunidad de mostrar que a pesar de todas sus dificultades, sigue siendo una opción potente para Santa Fe y ojalá para el resto del país, porque a nivel nacional el gobierno de Alberto Fernández, que posiblemente hasta a quienes no lo no votamos nos dio algún tipo de expectativa, aparece como un gobierno realmente sin conducción, sin liderazgo, que no unió a los argentinos. Es un gobierno que a los que no lo votamos nos defraudó. Por lo tanto hay que ir con la alternativa superadora.

—Cuando se pierde una elección, ¿se pierden votos o se pierde la confianza de, en este caso, los santafesinos y santafesinas?

—Bueno, creo que es la democracia. Perder y ganar una elección es parte de la vida democrática. Si bien los que perdemos no la pasamos muy bien y tenemos muchos desafíos hacia adelante, creo que tampoco hay que dramatizar, porque los ciudadanos y las ciudadanas cuando votan también hacen su experiencia política. Los que perdemos nos tenemos que preguntar realmente en qué nos equivocamos y cómo somos algo nuevo. La ciudadanía decidió un cambio y nosotros como sector político tenemos que pensar cómo mejoramos y hacemos una propuesta superadora. Se puede decir que fueron las circunstancias o que perdimos por el dos por ciento, pero perdimos y perder significa que la gente, por una serie de motivos que por supuesto son múltiples, decidió tener otra experiencia. Yo nunca creo que la gente vuelva al pasado. Nuestro pueblo va para adelante. Eso no significa que siempre sea mejor, pero busca nuevas propuestas, nuevas historias, nuevas trayectorias. Seguramente la ciudadanía encontró que había una propuesta superadora a la nuestra. Ahora está haciendo la experiencia y nosotras, nosotros y nosotres, tenemos que buscar una propuesta para que vuelvan a creer que el Frente Progresista ampliado, no ampliado de cualquier manera, ampliado con todos aquellos que reconocen que es una herramienta importante para hacer una sociedad más justa.

—Este año va a ser la primera prueba de esa opción superadora, con las elecciones a medio término. ¿Qué propuesta política están trabajando para ofrecer en este contexto?

—Las de medio término siempre son elecciones complejas porque se polarizan aún más los mecanismos. Pero creo que en la provincia de Santa Fe tiene una gran oportunidad. La verdad es que si una piensa que renovamos senadores y que hemos tenido alguno que hace 20 años que no habla, ya es superador pensar que podemos poner un senador que defienda los intereses de Santa Fe, ¿no? Entonces ese va a ser un eje y también creo que va a ser muy importante para nosotros y nosotras buscar un diálogo más equilibrado, más federal con el Gobierno nacional. Necesitamos legisladores y legisladoras que defiendan a Santa Fe en el caso del Senado y obviamente a los intereses de todo el pueblo del interior en el caso de diputados. En ese sentido, la seguridad también va a ser el eje central, y la violencia, y la violencia de género. Porque también tenemos que decir que las violencias son muchas más que las que a veces la gente plantea como inseguridad. No sólo son los robos y las balaceras, que los hay, hay violencias que la sociedad todavía no visibiliza. Por ejemplo, la violencia contra las mujeres y las y los jóvenes. ¿Quién se hace cargo de un joven que hoy no consigue trabajo o no logra insertarse en el mundo educativo? Después los castigamos, pensamos a qué edad los deberíamos encarcelar. Creo que esas son violencias que también tenemos que discutir. Obviamente el robo y la balacera que vivimos en Santa Fe, en Rosario, hace tantos años y que nos atraviesa como sociedad, es uno de los problemas. Pero la exclusión, la pobreza, la falta de oportunidades es también una forma de violencia que de alguna forma se naturaliza en la sociedad y va creando una profunda inequidad.

—¿Cuál es el estado actual del Frente Progresista Cívico y Social en la provincia? ¿Cómo se va a armar, rearmar o no de cara a estas elecciones de las que estamos hablando?

—Nosotros vamos a promover que el Frente Progresista siga funcionando, que obviamente se amplíe y convoque a todos los hombres y mujeres que quieran sumarse en base a un programa de trabajo, a valores e ideas. No se nos ocurre sumar todo para ganarle al peronismo, porque como te decía antes, sumar todo para ganar no significa después cambiarle la vida a la gente. Bienvenidos aquellos que transitaron por otras experiencias políticas y creen que el Frente Progresista es un lugar para desarrollarse. Pero creo que tiene que tener fundamentalmente una base progresista y una base de unidad con la gente, más que de unidad con los dirigentes. No nos unimos para ganarle a alguien, nos unimos para transformar una realidad injusta en una realidad más justa. Algunas cosas nos saldrán mejor, otras no. Pero lo que no podemos es, por ganar, perder la esencia de la política. Obvio que me gusta ganar, pero mi objetivo es ganar para tener la fuerza suficiente para hacer una sociedad más justa. Y en esto tenemos que estar de acuerdo. Si vamos a discutir si la salud es pública o si la educación es pública o el rol del Estado, bueno, no. Yo quiero que esas coincidencias sean fundamentales y hay que buscarlas con todos los que quieran coincidir y que nos permitan, ojalá en un nuevo tiempo, ganar Santa Fe, ganar ciudades, ganar otras provincias, ser una voz o ser parte de una alternativa nacional, pero con una idea transformadora y no simplemente con un objetivo de llegar al poder y después sentir que los que gobiernan son otros.

Fuente: El Eslabón

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