Cada vez con más insistencia y en mayor cantidad, la economía entrega señales de agotamiento. Las diferentes estadísticas e indicadores coinciden en trazar un panorama en el que la actividad no solo se ha estancado, sino que está iniciando un camino de retroceso.

Los datos negativos se multiplican en los informes oficiales del Indec y en las planillas de Excel de las principales consultoras y centros de estudio. Con demora, reflejan un fenómeno que en las calles, los negocios y las industrias se viene sintiendo hace largo rato.

Así, entre los analistas empieza a tomar cuerpo un planteo impensado hasta hace unos meses: que antes de que termine el año, la economía argentina podría entrar en recesión. Ese término caracteriza los ciclos en los que hay un retroceso global de la actividad al menos por dos trimestres consecutivos.

De cumplirse, ese sería el punto final de una curiosa evolución ocurrida desde el inicio del ciclo de Javier Milei. Desde la figura del rebote en V y del “pedo de buzo”, fina metáfora presidencial para instalar la idea de que la economía iba a ascender vertiginosamente, se pasó primero a la teoría de las dos velocidades, que aludía a que algunos sectores iban a tardar en sentir la mejoría; y luego a la economía K (letra odiada por el credo libertario), que intentaba ilustrar algunos sectores productivos que iban para arriba y otros para abajo.

Crecen las señales de que la economía mileísta se dirige hacia la recesión
Industria: sectores productivos que van para abajo.

Sin embargo, la mayoría de los análisis coinciden en que el conjunto de la economía dejó de crecer; que el segundo trimestre cerró globalmente con números negativos, más allá del arrastre estadístico de meses previos que pueda dejar un saldo interanual positivo; y que la tendencia podría continuar en los próximos meses ante la falta de potencia de los rubros beneficiarios del modelo (minería, gas, petróleo, agricultura y bancos) para compensar el derrumbe del resto.

Aunque el dato oficial del PIB recién se conocerá este jueves, muchos informes privados anticipan que el resultado del segundo trimestre habría sido negativo. La Universidad de San Andrés (UdeSA), a través de su Centro de Estudios Cuantitativos en Negocios, calculó que entre abril y junio el producto bruto bajó 0,89 por ciento. La agencia Bloomberg reunió informes de cinco consultoras de primer nivel de la City y todas ellas estimaron descensos de entre 0,5 y 1% en la medición desestacionalizada (comparación contra el trimestre anterior) del PIB. Del mismo modo, la encuesta mensual del Banco Central (REM) recogió el cambio de expectativas del mercado: los mismos analistas que en junio pronosticaban una suba trimestral del 0,6%, a fin de agosto recalcularon y señalaron que la caída fue de 0,9 por ciento.

Crecen las señales de que la economía mileísta se dirige hacia la recesión

Datos del Indec

En ese sentido, los informes del Indec publicados en la última semana encendieron todas las alarmas, al dar cuenta de que en julio la industria retrocedió 5% y la construcción un 4,6 con relación al mes previo. Sorpresivamente, también cayó 0,9% en el mes la minería, uno de los sectores a los que supuestamente le va bien. La explicación: mientras la producción de gas y petróleo crece a pasos agigantados, la contratación de servicios de apoyo para su extracción retrocede. Una muestra más de que el modelo de generación de riqueza no derrama beneficios entre las empresas locales.

Esos números robustecen la hipótesis de que la tendencia se mantiene para el tercer trimestre. A los informes ya citados del Indec, se suman los de la consultora Equilibra, que pronosticó una baja global de 0,5% en julio, y del Centro de Investigación del Ciclo Económico (CICEC, que depende de las Bolsas de Comercio de Santa Fe y de Rosario), que advirtió una caída de 0,6 por ciento. En el primero de ellos hay un detalle que define la sensación de la «economía partida en dos»: el sector no primario tuvo un retroceso de 1 por ciento.

Por su parte, el Grupo Construya, integrado por empresas líderes en la fabricación de materiales e insumos para la construcción, dijo que en agosto sus miembros vendieron 3,46% menos que el mes anterior. A través de una serie de indicadores de alta frecuencia, que combinan variables financieras (Merval, precio FOB de la soja) con estadísticas privadas y datos de política fiscal y monetaria, la Universidad Torcuato Di Tella pronosticó que “la probabilidad de salir de la fase expansiva en los próximos meses se ubica en 81 por ciento”.

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Historia repetida

No sería la primera vez que la economía argentina cae en recesión en lo que va del siglo. Desde que el Indec adoptó la actual base de cálculo para las cuentas nacionales, en 2004, hubo al menos ocho períodos en que la actividad retrocedió al menos dos trimestres consecutivos. Tres de ellos fueron durante el kirchnerismo, uno durante el macrismo y uno durante la gestión de Alberto Fernández; los otros tres ocurrieron durante las transiciones  de 2015, 2019 y 2023, todas ellas entre gobiernos de diferente color partidario. Esto sugiere que los cambios políticos también tienen que ver en el tema.

Lo curioso es que, si se confirma el ingreso en una fase recesiva, esta vez sería en condiciones diferentes a las que caracterizaron la última década. La balanza energética se volvió superavitaria, evitando salidas de divisas para pagar costosas importaciones de gas en invierno; el precio del dólar (por ahora) está controlado, el valor de la soja está subiendo y las reservas netas del Banco Central dejaron de ser negativas.

El que se animó a mencionar la palabra maldita fue Emmanuel Álvarez Agis. En una entrevista concedida al programa Buenas Tardes China, opinó que “la doble caída de la industria y de la construcción es compatible con una economía que está entrando en una recesión”. El ex viceministro de Axel Kicillof y ahora consultor vinculó el fenómeno al agotamiento de un método para combatir la inflación que se basó casi exclusivamente en el ancla fiscal.

“Ahí tenés la pintura de este momento. Es una inflación a la que le cuesta bajar y una economía que sigue cayendo, a casi tres años del cambio del régimen macroeconómico”, dijo Alvarez Agis, tras recordar el rescate del Fondo Monetario Internacional en 2025 y luego la intervención directa del Tesoro de los Estados Unidos. Por eso, en su opinión, el programa económico ya dio todo lo que tenía que dar: “Estamos en septiembre de 2026 y seguimos con las mismas herramientas”.

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Sin motores

Encerrado en su lógica de superávit primario y restricción monetaria a ultranza, el gobierno mantiene apagados casi todos los motores que podrían mover la economía real. La obra pública sigue parada y la inversión privada no levanta ni con el RIGI, cuyos proyectos aún tardarán algunos años en materializarse. Con paritarias pisadas, los salarios registrados no mejoran desde la licuación que sufrieron al inicio del gobierno de Milei: según la Secretaría de Trabajo, perdieron otro 2,8% en los últimos 12 meses. Continúan los cierres de empresas (31.342 desde noviembre de 2023, según la Superintendencia de Riesgos de Trabajo) y la destrucción de puestos de trabajo (434.126 en 31 meses). Todo eso desalienta las expectativas de que el consumo privado pueda ayudar a una reactivación.

Así, los fantasmas de una nueva recesión van tomando cuerpo. Las frases altisonantes del tipo “crecimiento con o sin dinero” y “se vienen los mejores 18 meses de la historia”, lejos de concretarse, parecen destinadas a ocupar un lugar de privilegio en la larga historia de promesas incumplidas que debieron soportar los argentinos.«

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El campo, uno de los sectores beneficiados.
Foto: Juan Mabromata / AFP
Presupuesto: ¿otro dibujo?

El presupuesto 2026 fue un dibujo: preveía una inflación del 10,1% para todo el año y un valor del dólar de $ 1423 en diciembre. A agosto, la inflación ya había acumulado un 21,3% y el dólar ya orillaba los $ 1530. Todos los cálculos vinculados a esas dos variables fueron papel mojado.
Este martes el gobierno debe presentar su proyecto de ley de presupuesto 2027. Hasta el momento, las fuentes oficiales se han abstenido de informar los valores fundamentales del texto. Lo que sí ha trascendido son aspectos parciales, como el promocionado «apagado» del gobierno si consume las partidas presupuestarias más rápido de lo correspondiente. También que habrá dinero para algunas obras públicas, empezando por la base naval en Ushuaia y continuando con rutas y acueductos, entre otras, destinadas a provincias «amigas» con el gobierno.