El salario como trinchera y la reconstrucción de una certeza colectiva
La negociación paritaria, el uso del derecho de huelga, la autocrítica de los espacios partidarios fueron algunos de los ejes de la charla que brindaron.

La convocatoria tuvo lugar el jueves pasado en el Centro Cultual Atlas con el fin de analizar el papel del sindicalismo, la representación política y la situación económica actual. En el panel expusieron el secretario general de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Daniel Yofra, y la diputada nacional Florencia Carignano. La negociación paritaria, el uso del derecho de huelga, la autocrítica de los espacios partidarios y la necesidad de articular respuestas organizadas ante la pérdida de ingresos de los sectores asalariados fueron los ejes de la charla. Entre el nutrido grupo de asistentes se destacó la presencia de las concejalas Norma López y Fernanda Gigliani junto Paula Sagué y Matías Fernández referentes territoriales del peronismo rosarino.
Abordaje de la problemática sindical
El inicio del encuentro -del que da cuenta Rosario/12– estuvo a cargo de Yofra. Durante su alocución, el dirigente sindical detalló el criterio de la organización a la hora de establecer la fijación salarial: “Cuando hablamos del salario mínimo, no es el salario que fija el Consejo del Salario con la UIA y los gobiernos a turno, con una CGT que no negocia y que acepta todo lo que le dicen, sino aquel que garantiza las condiciones mínimas para una vida digna. Nosotros tomamos esa herramienta, en el 2002 tuvimos la posibilidad cuando liberaron las paritarias, porque no quedaba otra manera de salir de la crisis del 2001. Obviamente que creemos en el Estado que regule la economía de este país, las decisiones de incorporar a una empresa de este país para que existiese trabajo. Y claramente, de industrializar la materia prima, porque ese es un gran problema que tenemos, mucha de nuestra materia prima se va sin industrializar y generar empleo. Hoy el salario mínimo, vital y móvil está en 3 millones de pesos. Y en 2004 estaba en 2.100 pesos”.
El dirigente expuso el panorama de la masa laboral en el contexto de los indicadores de ingresos vigentes: “En este momento, tenemos el 90% de los trabajadores debajo de la línea de la pobreza, de los trabajadores registrados, ni hablar de aquellos compañeros que trabajan en aplicaciones, aquellos compañeros y compañeras que trabajan en negro. Toda esta situación es responsabilidad de los dirigentes sindicales. Nosotros empezamos a luchar en el 2004, ¿ustedes creen que una actividad agroindustrial, que era una de las más grandes del mundo, tenía trabajadores como yo, con la categoría máxima de operador de sector, cobrando por debajo de la línea de la pobreza? Éramos pobres trabajando en una multinacional”.
Respecto del método de negociación y el recurso a las medidas de fuerza, Yofra precisó: “¿Ustedes creen que los trabajadores aceiteros tienen el salario que corresponde a derecho porque la empresa lo puede pagar? No, porque luchamos. Nosotros hicimos 25 días de huelga en el 2015, 22 días de huelga en el 2020, 7 días de huelga en el 2024, y durante todo ese periodo, durante más de 20 años, las veces que la empresa nos dijo que no iba a dar un aumento, planteamos la huelga. Para nosotros la huelga es una herramienta fundamental de la clase trabajadora. Hoy tenemos una situación agravada con un gobierno de empresarios. Nosotros no esperamos que se humanice el capital; salimos a luchar contra el capital. Es necesario que el país produzca, pero no a costillas de tener a los trabajadores en la miseria, de que un trabajador no pueda mandar a su hijo a la universidad, no pueda comer las 4 comidas diarias, no se pueda ir de vacaciones o salir a comer”.
El secretario general de la Federación Aceitera enmarcó las demandas salariales en la legislación vigente y en la extensión del criterio paritario a distintos rubros productivos: “Todas esas necesidades están dentro de la Ley de Contrato de Trabajo y el artículo 14 bis. No descubrimos nada, solo desenvolvemos la herramienta para luchar contra el capital y contra los gobiernos que nos quieran impedir ser trabajadores con dignidad. Empezamos a naturalizar la pobreza cuando el trabajador dice ‘por lo menos tengo trabajo’. No alcanza con tener trabajo. En frente tenemos un patrón que tiene la posibilidad de que tengamos una vida digna. Empresas como Dreyfus, Cargill, Viterra, Bunge o Molinos Río de la Plata pagan el salario por el que luchamos desde hace 22 años, pero también hay empresas con tres trabajadores en el interior que no tienen puerto ni exportan y pagan el mismo salario. ¿Creen que los supermercadistas no pueden pagar ese salario? Sí que lo pueden pagar. Implica que los trabajadores ganen a derecho y ellos ganen menos”.
En el tramo final de su exposición, fundamentó la necesidad de la autonomía sindical frente a las estructuras políticas: “De esta crisis salimos con salarios mínimos, vitales y móviles como establece la Ley de Contrato de Trabajo y el 14 bis, y con un Estado presente que regule e industrialice la materia prima. Si no tenemos un salario para cubrir alimentación, vivienda digna, salud, educación, esparcimiento, vestimenta, transporte, previsión y vacaciones, será muy difícil salir adelante. No podemos seguir teniendo empresas ricas con trabajadores pobres. El punto de partida de la distribución de la riqueza es el salario. El sindicalismo históricamente se recostó sobre la clase política pensando que iba a salvar a los trabajadores. Cuando hay sindicalistas sumisos que no negocian paritarias ni defienden a sus trabajadores, el resultado es este. A la única crítica a la que debemos prestar atención los dirigentes sindicales es a la de los trabajadores y a los reproches de nuestros hijos; ojalá podamos luchar por un salario mínimo, vital y móvil para levantar a toda la clase trabajadora”.
La perspectiva política
A continuación hizo uso de la palabra Carignano, exdirectora nacional de Migraciones durante la gestión de Alberto Fernández, actual diputada nacional y referente de la organización La Cámpora en la provincia de Santa Fe. La legisladora abordó el vínculo entre las demandas sindicales y el rol de las estructuras políticas: “Daniel (Yofra) siempre da la cara, se lo ve caminando junto a los trabajadores y no se calla. Uno en política empieza a militar con amigos y es lindo; cuando vas creciendo militás con aquellos que forman parte de tu espacio colectivo y no siempre coincidis. Lo que acaba de describir él es el futuro del sindicalismo visto desde la política. Es un símbolo de la manera en que se enfrenta una crisis que es más que una crisis económica, es una crisis espiritual, social y cultural que atraviesa a las personas. Ha aumentado la cantidad de suicidios entre los pibes porque disminuye la posibilidad de tener un futuro. Este modelo económico no es al azar, está ejecutado para beneficiar a sectores concentrados donde el resto pierde”.
La diputada analizó la dinámica del debate público y el cuestionamiento a las instituciones de representación: “Este modelo político y cultural está pensado para que la sociedad esté deprimida. Atacan a la política y al sindicalismo porque son las instituciones donde la gente puede organizarse para luchar, para discutir qué país quiere, qué salario merece y qué trabajo pretende. Nos necesitan sin fuerzas para sacarnos del medio y hacerse con el país. Hay argentinos que no llegan al día 5 del mes, que acuden a préstamos con aplicaciones para comer o pagar deudas. Ante esto, pretendemos que la gente se preocupe por el desmantelamiento del sector científico y tecnológico, cuando la preocupación diaria es tratar de comer una vez al día o que los hijos no abandonen la escuela”.
En relación con los desafíos de los bloques de oposición y las estrategias normativas dentro del Congreso Nacional, señaló: “Desde la política nos tenemos que replantear qué salimos a decirle a los argentinos. Decir que el gobierno no funciona no es suficiente. Tenemos que ir a decir cuál es la Argentina que soñamos, con qué modelo productivo y cómo lo vamos a hacer. En el Congreso damos batallas, perdemos muchas, pero nos preocupamos por tratar de parar el avance de la destrucción. La gente está enojada con la política porque dejó de resolverle cuestiones. Necesitamos escuchar, entender a los que no piensan como nosotros y canalizar esa frustración en organización y en un proyecto político. Queremos un país normal, con trabajo, donde los salarios alcancen, los estudiantes puedan formarse y los jubilados tengan una remuneración digna sin ser reprimidos”.
Al referirse a la dinámica social y las discusiones legislativas recientes, Carignano afirmó: “En la crisis, el sindicalismo y la política tienen el rol histórico de organizar para transformar la frustración en un proyecto colectivo. El otro día en la Plaza de Mayo y en el Senado se pudo frenar una iniciativa como la ley de tierras por el reclamo de la gente. Sin embargo, en discusiones normativas complejas como la reforma laboral, la plaza estuvo vacía. Se estaban debatiendo derechos laborales y no supimos convocar ni explicar la ley de manera masiva. Ese era el momento de poner todo en la calle y movilizar. Necesitamos reconstruir la representación, hablar el mismo lenguaje de la sociedad y ofrecer un proyecto de país basado en la producción, el trabajo y la industria nacional”.
Y concluyó: “La detención de Cristina es en sí una condena a un gobierno que promovió la justicia social, por eso es imprescindible recuperar la libertad de la compañera, porque su condena en el fondo es la condena a un pueblo que tiene derecho a soñar con una vida digna”.
