Declaraciones

Debates a 50 años del golpe

Emilio Crenzel: “Hay una continuidad con el discurso de la dictadura”

El sociólogo plantea que el Gobierno se enfrenta a un escollo: una gran parte de la sociedad argentina avala las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Sin embargo, también hay un desafío: contar qué pasó hace 50 años a las nuevas generaciones.

(Valeria Ruiz)

El Gobierno tiene un escollo en su cruzada contra la Memoria, la Verdad y la Justicia: gran parte de la sociedad argentina avala esas políticas que se fueron construyendo, con avances y retrocesos, en las últimas cuatro décadas. El movimiento de derechos humanos enfrenta un reto: transmitir lo que fueron la dictadura y sus efectos a gran parte de la sociedad argentina, para la que 50 años parecen un pasado distante. Ése es parte del escenario que traza el sociólogo e investigador principal del CONICET Emilio Crenzel, quien publicó recientemente Pensar los 30.000 (Siglo XXI), en diálogo con Página/12. “Confío en esa capacidad y creatividad para vencer los desafíos que nos interpelan en el presente”, afirma el autor de La historia política del Nunca Más.

–¿Qué le pasó cuando escuchó al exsecretario Alberto Baños en Naciones Unidas yendo a negar el número de desaparecidos?

–Me suscitó un profundo rechazo. Al escucharlo, identifiqué en su discurso la continuidad de la relativización del número de desaparecidos que hizo la dictadura cuando ya no pudo negar su existencia. Entonces, propuso que las desapariciones eran excesos puntuales y desestimó las cifras propuestas por los organismos de derechos humanos o por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA). La intervención de Baños, además, es tramposa: busca restringir el debate sobre la magnitud de las víctimas de la dictadura a quienes permanecen desaparecidos. Pero el universo de personas que sufrieron desaparición abarca tanto a quienes continúan en esa condición como a aquellos que fueron liberados, mientras que el universo de víctimas comprende, además, los 1600 asesinados, entre 400 y 500 niños apropiados, cerca de 10.000 presos políticos, entre 30.000 y 50.000 exiliados por razones políticas, insiliados, decenas de miles de personas cesanteadas y los impactos subjetivos que causa, hasta hoy, la violencia estatal en sus relaciones sociales —familiares, compañeros, amigos—.

–La impugnación del número de desaparecidos es una impugnación a los denunciantes…

–Efectivamente. No es fruto de una voluntad genuina por establecer la verdad, por determinar la magnitud y las consecuencias de la violencia estatal desplegada en los años setenta. Busca deslegitimar la larga lucha del movimiento de derechos humanos y de otros actores. De hecho, entre las medidas que adoptó el gobierno de Javier Milei en el área de derechos humanos se cuenta el desmantelamiento del Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUVTE), una dependencia dedicada, precisamente, a la elaboración de bases de datos, el registro y la cuantificación de las víctimas del terrorismo de Estado.

–¿Cómo se construyó el conocimiento sobre los desaparecidos?

–Fue y es un proceso de enorme complejidad. Una diversidad de denunciantes, con trayectorias políticas diferentes y miradas distintas sobre la violencia estatal y el golpe de Estado —familiares de desaparecidos, organizaciones nacionales y transnacionales de derechos humanos, organizaciones armadas, sindicales, religiosas, núcleos del exilio político— fueron construyendo, con distintas herramientas, conocimiento sobre el sistema de desaparición, su naturaleza, prácticas y responsables. Fue un proceso difícil. El sistema tenía fases públicas —los secuestros— y clandestinas —el cautiverio, la tortura y el asesinato de los desaparecidos—, lo cual dificultaba su inteligibilidad. Vulneraba todas las normas jurídicas y morales y, por ello, suscitaba, entre muchos denunciantes, incredulidad. Conocer no equivale, en este tipo de crímenes, a reconocer su realidad. Con el retorno de la democracia, el informe Nunca Más de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) derrumbó la negación, la relativización y la justificación que, alternativamente, propuso la dictadura sobre los desaparecidos. Este proceso de elaboración de conocimiento se fue consolidando a partir de las investigaciones del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), las luchas de los organismos, los nuevos juicios, la creación de los sitios de memoria y la creciente producción periodística y académica en historia reciente.

–Las evidencias marcan que el número de sobrevivientes triplica el número de desaparecidos. Sin embargo, muchas veces los exdetenidos-desaparecidos no son traídos al debate público. ¿Por qué piensa que sucede?

–Efectivamente, la relación entre el número de desaparecidos y el de sobrevivientes es fruto del trabajo del RUVTE. Sobre los sobrevivientes pesa, desde la dictadura y entre actores del universo de denunciantes, un estigma: el de la traición de los compañeros en favor de la colaboración con los represores. Éste es un tópico que abordé en uno de los capítulos de mi libro Pensar los 30.000, a partir de lo ocurrido con el testimonio de dos sobrevivientes que daban cuenta de los vuelos de la muerte. Ese testimonio se desenvolvió en el contexto abierto, en agosto de 1979, por la sanción, por parte de la dictadura, de la “ley de presunción de fallecimiento”, que buscaba clausurar el “problema de los desaparecidos” dándolos por muertos. En ese marco, fue leído por muchos denunciantes como parte de esa estrategia de clausura. Hay que subrayarlo una vez más: los testimonios de los sobrevivientes fueron y siguen siendo claves en los juicios por crímenes de lesa humanidad para reconstruir lo que ocurrió en los centros clandestinos, identificar a las víctimas de torturas y asesinatos y a los perpetradores. Sin sus testimonios no solamente no habría justicia, sino que, además, ignoraríamos los aspectos sustantivos de este sistema criminal.

–Usted marca que solo tenemos un conocimiento enciclopédico sobre los centros clandestinos, pese a que se debatió mucho sobre ellos en los juicios. ¿A qué se debe esta carencia?

–Sería importante contar con trabajos que sinteticen la dinámica del sistema de desaparición, del cual los centros clandestinos fueron su núcleo medular; que profundicen sus vínculos, su dinámica sistémica y la articulación del sistema ilegal de represión —del cual formaron parte— con la represión legal. Ello pondría de relieve la articulación entre legalidad e ilegalidad de la represión, aspecto que, ya hace 45 años, propusieron Augusto Conte y Emilio Mignone cuando, en el “Coloquio de París”—, analizaron esa relación. Es un material que podría estar a disposición de quienes visitan los sitios de memoria. A pesar del desfinanciamiento y los despidos de su personal, los sitios siguen siendo visitados por miles de estudiantes cada año.

–La llegada al gobierno de La Libertad Avanza (LLA) implicó la negación estatal de las violaciones de derechos humanos y la reivindicación de la llamada lucha antisubversiva. ¿Cómo funciona esto?

–Es un mismo juego que tiene un doble carácter. Por un lado, la descalificación de los denunciantes a partir del cuestionamiento del número de desaparecidos; por otro, la insistencia en que los denunciantes estarían guiados por la búsqueda de beneficios espurios, el llamado “curro de los derechos humanos”, idea que inauguró Mauricio Macri durante su presidencia. En paralelo, tratan de instalar un nuevo relato que reivindica la lucha antisubversiva, a sus prohombres, que en cada 24 de marzo justifica la represión y que busca la liberación de los represores que cumplen penas por delitos de lesa humanidad. Es un doble juego, complejo, de negación y reivindicación.

–¿Cómo ve al movimiento de derechos humanos y a la sociedad argentina frente al 50º aniversario del golpe de Estado?

–Creo que habrá una movilización masiva, tanto en la Plaza de Mayo como en las principales plazas del país. Ya la imagino. El gobierno sabe que enfrenta un enorme escollo, porque las políticas de memoria, verdad y justicia están presentes en porciones significativas del pueblo argentino. Es cierto, también, que una gran mayoría de la población no vivió la experiencia de la dictadura. Entonces, en un clima de época que privilegia la rapidez, la brevedad y lo inmediato, emerge el desafío de cómo transmitir lo ocurrido a las nuevas generaciones. El movimiento de derechos humanos y otros actores que sostienen sus banderas ya han asumido retos inmensos en el pasado. Confío en esa capacidad y creatividad para vencer los desafíos que nos interpelan en el presente.

Noticias Relacionadas

Titular de Sonder reconoce que importaciones expusieron debilidades del sector textil: «Cazábamos en el zoológico»

Editor

«Argentina Week» en EE. UU.

Editor

Corach denunció «aumentos encubiertos» en las tarifas de servicios

Editor
Secret Link