La ardorosa semana que pasó volvimos a escuchar – en la Ciudad de Resistencia, capital de la Provincia del Chaco– el escandaloso y a su modo encantador griterío de la familia de monos Carayás que viven en la misma cuadra del barrio en que vive este columnista. O sea, a orillas del Río Negro, que en estas latitudes es el principal afluente del majestuoso Paraná, al que aquí llamamos Padre Río.
También conocidos como Monos aulladores negros, los Carayá son los primates más grandes de Sudamérica y a la vez los más autónomos, simpáticos y atrevidos.
Viven en grupos familiares en los árboles más altos, comen hojas y frutos y todo lo que pueden robar en casas y jardines de gente distraída.
Primate nativo de Sudamérica, el Carayá (Alouatta caraya) es también conocido como “mono aullador” porque sus potentes gritos llegan a escucharse a más de un kilómetro de distancia. Por lo que la gritería familiar puede llegar a ser muy llamativa y hasta escandalosa a la vez que encantadora porque en materia de primates la curiosidad siempre es mutua.
El tipo de Carayá que habita estos barrios a orillas del Río Negro chaqueño es un mono negro, robusto y poderoso, con melena y garganta muy desarrollada y llamativa, y con una cola prensil que usa para desplazarse –con asombrosa velocidad–por los árboles del barrio donde transcurren sus vidas a entre 6 y 10 metros de altura.
Claro que en las calles, como en la casa familiar de cualquier vecino de cualquier otro barrio a orillas del Río Negro, es común que también allí estos animales se anuncien y expresen con gritos y saltos en las más altas copas de la extraordinaria vegetación costera.
Grandotes y poderosos pero en general inofensivos si no se los molesta, es vox pópuli que el ulular de los gritos de los Carayá suele presagiar tormentas cuando se los escucha muy alborotados o instalados en las altas palmeras cercanas a las casas vecinas donde casi siempre hay niños con adultos intentando descubrirlos entre el follaje. Lo que no es demasiado difícil, porque aunque estos monos adultos pesan alrededor de 10 kilos, son extraordinarios equilibristas que saben transitar y correr manteniéndose en esas alturas de entre 15 y 20 metros sobre el suelo, y son asombrosos sus movimientos de circulación de rama en rama.
El tamaño de estos animales cuando adultos, alcanza una altura corporal, o longitud de pie a cabeza, de entre 40 y 60 centímetros, que con sus largas colas pueden sumar hasta 65 centímetros más.
En cuanto al peso promedio de estos animales, suele ser de hasta 9 kilos, siendo los machos adultos notablemente más robustos y de color negro, mientras que las hembras son más pequeñas y sus pelambres son de tonos marrones, amarillentos e incluso dorados.
Los Carayás (Alouatta caraya) prefieren transitar y descansar entre los 15 y 18 metros de altura, una vez adaptados por completo a la vida arbórea.
Y aquí corresponde subrayar que tanto en el Chaco como en la Provincia de Corrientes son habituales los incendios, muchas veces no inocentes. Por eso estos animales, que no son agresivos, sufren muchísimo.
Precisamente hace un tiempo llegaron algunos ejemplares después de los incendios y las llamas que hicieron arder el monte nativo y el Parque Nacional Caraguatá, en las afueras de Resistencia.
Fue cuando las y los chaqueños estábamos encerrados en plena pandemia y los fuegos saturaban de humo el aire de los parques, las plazas, los patios y los pulmones de los enfermos.
Con esas calles vacías, entre la calma tensa y dolorosa del recuento de contagiados y víctimas fatales, aparecieron también y como sin temer a los monos y cual milagro de la Zoología, bellísimos tucanes en las altas copas de los árboles del vecindario, así como carpinchos en las aguas y costas bajo los puentes del Río Negro.
Uno podría imaginar, entonces, que los monos carayás desde muy allá y arriba empezaban, de nuevo, sus armoniosos ronquidos para reorganizar la vida. ©
Por Mempo Giardinelli
