Justicia

Declararon los detenidos de la banda de La Curandera

Como explicar 147 kilos de cocaína

A partir de mañana el juez Reynaldo Rodríguez tiene un plazo de diez días para resolver la situación procesal de cada uno de ellos.

Uno de los lugares allanados el viernes en Santa Fe donde se encontró un cargamento record de droga. 

Los ocho miembros de la banda de La Curandera, nombre dado por su líder Vanesa Saravia, que fueron detenidos el último jueves en la capital provincial con 147 kilos de cocaína, fueron indagados durante gran parte del dia vienes. Sólo dos de ellos hicieron uso de su derecho de declarar y se limitaron a decir sólo unas pocas palabras, sin responder preguntas del fiscal federal Gustavo Onel. El resto optó por guardar silencio. Se trata de 7 civiles y un suboficial de la policía de Santa Fe: se trata de un sargento de 43 años que cumple funciones en laa comisaría 13ª de la localidad de López, identificado como Germán Héctor Dogañeli. De acuerdo con las fuentes, cayó en un domicilio de Echague al 5900 de Santa Fe, con elementos para preparar dosis de droga. A partir de mañana el juez Reynaldo Rodríguez tiene un plazo de diez días para resolver la situación procesal de cada uno de ellos.

«Quiero destacar el trabajo conjunto con las autoridades provinciales, con la División Antinarcóticos de la PDI y principalmente la labor del comisario Juan Martín Oliva. Yo hace rato que duermo cuatro horas por día por este caso, pero él directamente está sin dormir», señaló el fiscal federal Jorge Gustavo Onel al diario El Litoral.

El funcionario reveló que «la investigación comenzó tiempo atrás, a raíz de una denuncia anónima radicada en sede policial. A partir de allí, comenzamos una serie de tareas en busca de pruebas. Se realizaron seguimientos, escuchas telefónicas y hasta se colocaron cámaras de vigilancia en puntos clave de las rutas que seguían los delincuentes», explicó Onel.

Por semanas, los policías trabajaron para atrapar a los narcos. Tenían el dato de que se trataba de una banda que recibía grandes cantidades de estupefacientes y se encargaba de la distribución. Por eso monitorearon los pasos de la banda, pero todo se precipitó a partir de la noche del miércoles pasado, cuando un cargamento muy importante llegó a uno de los domicilios, en barrio Guadalupe. A los pesquisas les llamo la atención que durante la madrugada del jueves un gran número de cajas y bultos fueron sacados del lugar a bordo de dos vehículos de alta gama.

En minutos, el juez federal Reynaldo Rodríguez emitió las órdenes de allanamiento para 8 domicilios y otras cinco para registrar distintos vehículos de alta gama. La totalidad de la cocaína (147 kilogramos) fue hallada en dos rodados que estaban estacionados en un garaje de Altos del Valle, en calle Los Ceibos al 10400. Se trataba de una Ford Ranger y un Jeep Patriot, en los que se secuestró el dinero: 300 mil pesos y 90 mil dólares. En tanto en las viviendas, fueron incautados 30 celulares, una prensa hidráulica y dos cucharas metálicas grandes del tipo «panadero».

En las casas se detuvo a los ocho involucrados. Los jefes estaban en una mansión que alquilaban en barrio Guadalupe, en la cuadra de calle Echagüe al 6900. Se trata de una mujer de menos de 40 años y su pareja. Ella era la responsable de un templo umbanda de barrio Transporte, en calle San Jerónimo al 7800. Le dicen «La Curandera». Ella tenía las llaves de la Ranger; su pareja, la del Patriot.

No obstante, los miembros de la banda utilizaban aleatoriamente los vehículos investigados. Ninguno de ellos es propietario. Además, estas personas tampoco tienen actividad registrada en Afip, ni trabajo, ni sueldos, ni aportes, con excepción de un sargento de policía que cumplía funciones en la Unidad Regional XV (departamento San Jerónimo). Aparentemente, su arma reglamentaria fue la única que se secuestró durante los procedimientos.

La hipótesis de los investigadores, que ahora intentarán demostrar, es que la banda recibía droga a gran escala desde algún punto, la fraccionaban y luego la metían en los autos para luego repartirla. La distribución se hacía en distintos puntos de venta, dentro y fuera de la ciudad. Se estima que los brazos de la organización llegaban hasta Rosario, Buenos Aires y Córdoba.

 

La banda de La Curandera tenía, al menos, a dos policías encargados de realizar viajes y camuflar dinero o drogas en ruedas de auxilio de los coches utilizados. La red contaba con colaboradores de menor rango que movían la droga en mochilas o bolsos en colectivos de media y larga distancia, de acuerdo al seguimiento que hicieron los pesquisas a cargo de la investigación. La cocaína se vendía en dos modalidades: si era por mayor a través de un contacto telefónico y por bolsitas en kioscos de la zona.

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