Llegar a fin de mes es un poco más pesado
La canasta básica encareció 2,4% en julio. Una familia tipo requiere 1,65 millón para no ser pobre. Ingresos que no acompañan y más endeudamiento.

La canasta básica volvió a aumentar en Rosario durante julio y profundizó la presión sobre los ingresos de los hogares. Según el último informe de la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), la Canasta Básica Total (CBT) subió 2,4 por ciento respecto de junio, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) aumentó 1,7%.
Para un adulto equivalente, la CBA alcanzó los $204.878, mientras que la CBT llegó a $557.375. En lo que va del año, la primera acumuló un incremento del 24,8 por ciento y la segunda del 23,3 por ciento. En la comparación interanual, las subas fueron de 34,1 y 32 por ciento, respectivamente.
El dato elocuente acerca del impacto sobre una familia es el de los hogares completos. Para un grupo familiar de cuatro integrantes, compuesto por un varón de 42 años, una mujer de 40 y dos hijos de 10 y 6 años, propietarios de su vivienda, la línea de pobreza se ubicó en $1.649.977 en julio. Para un hogar monoparental integrado por una mujer de 30 años y dos hijos, pero sin vivienda propia, el monto fue de $1.348.111.
La coordinadora de la Usina de Datos, Paula Durán, señaló que los sucesivos informes muestran una evolución sostenida de los precios y advirtió que el problema no está solo en el incremento mensual, sino en el nivel que alcanzaron las necesidades básicas.
“Se va acumulando un costo de las necesidades básicas que ha dado un gran salto de nivel respecto a lo que era hace dos o tres años atrás”, explicó Durán a Rosario/12. Según la investigadora, ese nuevo nivel quedó “muy caro en relación a los ingresos corrientes de los hogares”, provenientes fundamentalmente del trabajo y de la seguridad social.
El informe de la UNR marca un quiebre a partir de fines de 2023. Hasta mediados de ese año, las canastas mostraban una trayectoria ascendente relativamente gradual. Luego se produjo un marcado salto que llevó los valores a un escalón considerablemente superior.
“Hubo un fuerte incremento y los precios se establecieron en otro nivel. Después siguieron aumentando en menor medida, pero ya en una escala muy superior”, describió Durán.
La cuestión central, según la investigadora, es que esa escalada no tuvo como contrapartida una mejora equivalente de los ingresos. “Esa gran escalada de precios no se vio acompañada en ningún caso por el incremento de los ingresos”, confrontó.
El resultado es una reducción del margen disponible para otros consumos. Ese fenómeno también puede observarse en la economía cotidiana: “Eso se refleja en la caída de la actividad económica, en la caída de las ventas en comercios, en la actividad en la construcción, en la actividad textil”, observó la analista.
Deuda para comprar lo básico
Del informe subyace, además, el sobreendeudamiento familiar. Este diario publicó ayer datos sobre este drama social: se estima que hay unas 137.000 personas en Rosario en situación de morosidad financiera.
La pérdida de poder adquisitivo obligó en muchos casos a recurrir primero a los ahorros y, cuando estos se agotaron, a préstamos.
“Buena parte de las necesidades, del costo de las necesidades básicas, se ha cubierto con préstamos que son préstamos para el consumo”, explicó Durán. “Comprar la leche, el pan con tarjeta de crédito. Y después no poder pagarlo y que eso se haga una pelota gigante”, ilustró.
A esa presión se suman gastos que no necesariamente aparecen en la compra cotidiana de alimentos, pero que forman parte de las condiciones mínimas de vida. Durán mencionó especialmente los medicamentos y otros gastos de salud, en un contexto de menor cobertura por parte de sistemas públicos y obras sociales.
Jefas de hogar e inquilinas
Los valores de la Usina de Datos muestran además que la composición del hogar y la situación habitacional modifican sustancialmente el umbral de pobreza. El informe advierte que una familia monoparental encabezada por una mujer y con dos hijos, sin vivienda propia, necesita $1.348.111 para cubrir la CBT.
Para Durán, ese caso permite observar con particular crudeza la llamada feminización de la pobreza. La investigadora destacó que cuando existe un solo ingreso familiar resulta especialmente difícil alcanzar el monto necesario para cubrir las necesidades básicas, más aún cuando hay que afrontar un alquiler.
“Cuando hay un solo ingreso en un hogar es muy complicado poder reunir este número que se necesita”, sostuvo.
El informe también muestra el peso de la vivienda sobre hogares pequeños. Dos jóvenes varones sin propiedad, por ejemplo, necesitaron $1.268.002 en julio para no quedar por debajo de la línea de pobreza.
La pérdida de poder adquisitivo también está empujando a más personas hacia el mercado laboral. Durán señaló que existe una mayor presión sobre el empleo porque los integrantes de los hogares salen a buscar trabajo o aumentan su participación laboral para compensar la caída de los ingresos.
Pero ese esfuerzo no necesariamente se traduce en mejores condiciones de vida. La investigadora observó que, de acuerdo con los datos oficiales que analiza, el crecimiento se concentra en los trabajadores por cuenta propia y monotributistas.
“Los únicos puestos que se han generado, según los datos oficiales, son los del monotributo, ingresos más inestables, por ende”, remarcó.
