Hizo todo para extender la racha ganadora en los clásicos. No pudo liquidarlo y sobre el final, en la única que le patearon, e triunfo se le escapó
Virginia Benedetto
La última de Central antes del empate de Newell’s. Marco Ruben va a buscar y le cierra Josué Reinatti.
Decir que el clásico resultó un fuerte golpe para Central da que pensar que perdió, pero no. La desazón que le quedó fue porque se le escapó el triunfo que sin duda mereció. No hay otra forma de leer lo que fue este nuevo clásico frente a Newell’s sin hacer referencia a esa superioridad que el Canalla le marcó a la Lepra de principio a fin y que debió terminar con una victoria más, la séptima de manera consecutiva. En el único tiro al arco del rival y encima en tiempo de adición fue la daga que tanto daño hizo.
Central fue ampliamente superior, manejó siempre el partido, se puso en ventaja y pese a algunos baches, nunca sufrió el partido. Por eso el aplauso en el final de los hinchas, por eso la sensación de frustración tan evidente. Así como muchas veces lo ganó con poco, esta vez se lo empataron con nada. Dos puntos que debieron quedar en Arroyito y que se fueron casi de manera insólita, por no haber podido defender lo que parecía una de las últimas bolas de la tarde.
A excepción de ese primer minuto de cierto desconcierto en que, por ejemplo, Ibarra se desbocó y recibió una amarilla, Central demostró claramente la intención de hacerse dueño del partido. Lo hizo con ganas, con empuje, con presión, yendo a cada dividida con todo lo que tenía. Argumentos más que suficientes para ir sumergiendo a Newell’s en su más profunda liviandad. El dominio no tardó nada en llegar, pero ese ir incesante estaba rengo. Le faltaba la pata del fútbol de la claridad.
Aproximaciones más que situaciones de gol
Todo eso que Central fue generando desde las ganas se tradujo en aproximaciones, que lejos estuvieron de armar un listado de situaciones claras de gol. Pero Di María iba por donde quería o podía y, aun con Campaz más errático que fino, el Canalla la movía, distribuía e iba. Siempre para adelante. Cortaba en medio o un poco más atrás y casi nunca la revoleaba. Salía con Ovando, con Ávila, con Ibarra. A quien más le costaba entrar en sintonía era a Alan Rodríguez, demasiado estático e inexpresivo allá por derecha.
Pizarro lo tuvo de frente al arco, pero la tiró a las nubes; a Campaz le dio muy exigido entrando por izquierda; Di María, en el ataque de mejor hechura, le dio con cara externa y la tiró a cualquier lado; y otra en la que Pizarro nunca se terminó de acomodar. Ninguna del todo clara, pero la idea estaba.
Salvo un par de minutos en algún mal pase en la salida que le dio la posibilidad a Newell’s de arrimarse un poquito, todo era del Canalla. Y llegó ese minuto 45 en el que vino el córner de Campaz, la peinada de Ovando, el rebote en el muslo de Copetti y el zurdazo goleador del Gato Ávila. Un golpe certero, en un momento clave (la Lepra sacó del medio y se terminó el primer tiempo) y para un resultado que ameritaba que la ida a los vestuarios fuera con Central arriba en el marcador.
Un clásico que al final se enrareció
Tras el descanso, el dominio no fue tan abrumador como en el primer tiempo. El juego se emparejó, pero Central nunca soltó las riendas. Di María se equivocó en una cuando eligió el arco cuando tenía a Campaz solo por izquierda. Reinatti le ahogó el grito a Marco Ruben y el propio Reinatti tuvo que descolgar una en el ángulo. La fricción fue mayor. El partido se enrareció y en el medio, los manotazos de Kudelka, que terminaron con tres 9 en la cancha. Frente a eso,
Almirón mandó en los minutos finales para contrarrestar la altura de Scarpeccio. Justo en él nació el gol del empate, cuando absolutamente nada indicaba que ello fuera a suceder. A Newell’s no le daba para lograrlo y Central se relamía con una nueva victoria. Debió ser así, pero el final le tenía preparado al Canalla una puñalada trapera, en el que sería el primer y único tiro al arco de Newell’s en todo el partido.
La sensación amarga del final tiene explicación lógica. Aunque le haya faltado autoridad para liquidarlo, fue un clásico que Central debió ganar. A todas luces, un empate con sabor a derrota.

