Mientras el empleo formal sigue perdiendo puestos de trabajo y los salarios registrados vuelven a quedar por detrás de la inflación, el consumo masivo acumula seis meses consecutivos de caída. Los datos reflejan las dificultades que enfrentan los trabajadores para sostener su poder de compra
El mercado laboral argentino continúa mostrando señales de deterioro que impactan de lleno en el bolsillo de los trabajadores y en el nivel de consumo. La combinación de menos empleo registrado, salarios que no logran ganarle a la inflación y una nueva caída en las ventas de productos de consumo masivo refleja un escenario de fragilidad para los hogares.
Los últimos datos de la Subsecretaría de Seguridad Social indican que en mayo había 12,44 millones de aportantes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), unos 38.500 menos que un año atrás. La principal explicación es la destrucción de empleo asalariado: en los últimos doce meses desaparecieron más de 140.000 puestos en relación de dependencia, con una fuerte incidencia del sector privado, aunque también se registró una reducción del empleo público.
Si la comparación se extiende a mayo de 2023, la cantidad total de aportantes se redujo en más de 300.000 personas. Al mismo tiempo, crecieron modalidades laborales de menor protección, como el monotributo y el trabajo en casas particulares, una dinámica que evidencia una mayor precarización del mercado de trabajo.

Esta transformación también tiene consecuencias sobre el sistema previsional. La menor cantidad de trabajadores formales implica una reducción de los recursos que ingresan por aportes y contribuciones, ya que los asalariados realizan aportes superiores a los de los trabajadores independientes. En paralelo, cerca de 9,5 millones de personas permanecen en la informalidad, sin acceso a cobertura previsional, obra social ni seguros por riesgos del trabajo.
Los salarios volvieron a perder frente a la inflación
A la pérdida de empleo se suma un nuevo retroceso del poder adquisitivo. Según el Indec, los salarios registrados aumentaron en mayo un 1,8%, por debajo del 2,1% de inflación del mismo mes.
De esta manera, se interrumpió la leve recuperación observada en abril y volvió a ampliarse la brecha entre ingresos y precios. En los primeros cinco meses del año, los salarios registrados acumularon una suba del 12,3%, mientras que la inflación alcanzó el 14,7%.
La situación es aún más compleja en el sector público. Mientras los salarios privados registrados crecieron un 2% durante mayo, los estatales avanzaron apenas un 1,5%. En términos reales, los cálculos del Iaraf muestran que ambos sectores perdieron poder de compra durante el mes, con un deterioro más marcado entre los empleados públicos.
La comparación con noviembre de 2023 también refleja el rezago de los ingresos. Los salarios privados registrados todavía se ubican por debajo de aquel nivel en términos reales, mientras que los del sector público acumulan una pérdida cercana al 18%.

En contraste, el índice general de salarios mostró una variación superior a la inflación debido al comportamiento de los ingresos de los trabajadores informales, aunque esas cifras corresponden a datos relevados con varios meses de atraso por la metodología utilizada por el Indec.
El consumo sigue sin reaccionar
El impacto de este escenario también se refleja en el consumo. De acuerdo con la consultora Scentia, las ventas de productos de consumo masivo registraron en junio su sexta caída interanual consecutiva y acumulan una baja del 2,9% en el primer semestre del año.
Los supermercados encabezaron el retroceso, con una disminución cercana al 5% en el semestre. Entre los rubros más afectados aparecen las bebidas sin alcohol, los productos perecederos y los artículos de higiene y cuidado personal.
También mostraron caídas los mayoristas, los autoservicios independientes y los almacenes, mientras que las farmacias prácticamente se mantuvieron estables.

La única excepción fue el comercio electrónico, donde las ventas crecieron con fuerza, impulsadas principalmente por alimentos, bebidas y productos para desayuno y merienda.
En conjunto, los indicadores muestran una economía en la que el empleo formal continúa retrocediendo, los salarios registrados no logran recuperar el poder adquisitivo perdido y el consumo de los hogares permanece debilitado, configurando un escenario que sigue condicionando la situación de los trabajadores argentinos.

