Politicas

El Frente de Todos ante la dificultad de proyectar su futuro

El papelón opositor apenas llegó a disimular los problemas internos de una coalición en la que ninguno de los actores encuentra el tono.

La premeditada y escandalosa huida de los diputados del PRO, mientras Alberto Fernández daba su tercer discurso de apertura de sesiones, inédita en cuarenta años de democracia, disimuló el vacío en las bancas correspondientes a Máximo Kirchner y Oscar Parrilli, respectiva y literalmente el diputado y el senador de mayor confianza de una Cristina Fernández de Kirchner que, de cuerpo presente, transformó, durante una hora y media, a toda la oposición y buena parte de los analistas políticos del país en sommeliers de sonrisas y gestos faciales. Un desperdicio de sutileza cuando, a la hora de la verdad, lo que vemos es solamente trazo grueso, chicanas pensadas para las redes, golpes de efecto y doctrina del gran bonete.

El error ajeno puede disimular los defectos ante los ojos de un observador poco atento pero no debería nublar el diagnóstico hacia el interior de un oficialismo que a esta altura del partido es un espectro de esa fuerza potente que parecía tener lo que hacía falta para enderezar el rumbo del país, aunque eso era, es justo decirlo, una pandemia y un conato de guerra mundial atrás, hace mucho mucho tiempo. La foto institucional puso a los tres socios principales de la coalición, el presidente, la vice y Sergio Massa, hombro con hombro durante los noventa y siete minutos que duró el discurso. En ese tríptico acaso esté la única respuesta posible a la inestabilidad estructural del Frente de Todos que condiciona y desgasta al gobierno desde el primer día.

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