La posibilidad de discutir una reforma laboral es algo en lo que casi todos los espacios políticos que compiten en la previa a las próximas elecciones coinciden.
Es uno de los temas en los que existe cierto consenso respecto a la necesidad de alguna actualización o transformación de las condicionas laborales para adecuarse a los tiempos que corren. La posibilidad de discutir una reforma laboral es algo en lo que casi todos los espacios políticos que compiten en la previa a las próximas elecciones coinciden. Las modalidades y los objetivos de esa reforma son los que varían según la corriente ideológica que atraviese a cada uno de los candidatos. Unos para favorecer los pedidos empresarios y otras propuestas a trabajadores y trabajadoras. Ejemplo, eliminar extras salariales es negativo y el actual esquema de indemnizaciones es negativo, pero reducir la jornada laboral es positivo para la generar puestos laborales. Así lo demuestran los ejemplos en el mundo. Los mayores controles no tienen vinculación positiva directa (técnicamente lo que se denomina correlación) con la creación de puestos laborales. La historia argentina, tampoco.
Una de las advertencias provino de un asesor de la candidata Patricia Bullrich, el economista y ex funcionario Dante Sica, quien reconoció que el espacio que integra promueve suspender los convenios colectivos de trabajo hasta que no se “adecúen” nuevas condiciones laborales y la “ultraactividad”. También es importante el momento, así como el acompañamiento político, en que se dan este tipo de cambios o reformas.
No es lo mismo bajo qué Gobierno se lleva a cabo la reforma, sino en el momento en que se lo realiza. Si es en tiempo de crisis, el resultado será la quita de derechos para los trabajadores, quienes aceptarán con tal de pasar el vendaval. Si se realiza en tiempos de bonanza, será más sencillo para el sector trabajador conseguir nuevos derechos.
