La religión se convirtió en una inesperada protagonista del final de la campaña presidencial del país vecino, donde el presidente Lula y el hijo de su antecesor, Flávio Bolsonaro, están cabeza a cabeza en las encuestas. La Iglesia Católica con la influencia del papa Francisco, los evangelistas, Trump y una guerra santa con consecuencias imposibles de pronosticar.

El legado del papa Francisco se volvió un protagonista inesperado de las elecciones en Brasil ante el avance de la extrema derecha evangelista alineada al presidente estadounidense, Donald Trump, que arropa al candidato opositor Flávio Bolsonaro. La razón son las campañas insistentes de líderes evangelistas para eliminar a la Virgen de Aparecida como patrona de Brasil e imponer la teoría del dominio, una interpretación del Viejo Testamento que es una brújula de la familia Bolsonaro.
Cinco de los ocho cardenales y 175 obispos del país fueron nombrados por Jorge Bergoglio durante sus 12 años de pontificado. El papado de Francisco estuvo alineado al pensamiento histórico del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, un dirigente cuyo surgimiento a fines de los 70 estuvo sostenido por la iglesia católica de las bases.
Hoy la mayor parte de los nombrados en la curia de la Iglesia Católica de Brasil está en la primera línea de la recta final de la campaña, luchando contra la ofensiva del candidato hijo de Jair Bolsonaro y su círculo político evangelista y bendecido por Trump. Se trata de un final de campaña cabeza a cabeza en las encuestas, que puede incluso definirse en primera vuelta para cualquiera de los dos lados, por cuestión de detalles y movimientos mínimos del electorado.
La interferencia de Trump aplicando tarifazos para protestar por la condena a 27 años por golpismo a Jair Bolsonaro y bendiciendo a Flávio Bolsonaro en la Casa Blanca era vista como un capítulo más de su política anti China en América Latina. Brasil es un país con 57 % de población católica y tiene a China desde 2009 como su principal socio comercial.
Una de las causas de esta guerra santa sucedió en agosto, cuando Flávio Bolsonaro, posible primer presidente evangelista en el país con más católicos del mundo, prometió a pastores, durante una live de Facebook, que si ganaba las elecciones proclamaría por decreto que el país pertenece a Jesucristo. Esto fue interpretado como un silbato de perro (como se dice a las señales tácitas en la política de la ultraderecha) para la militancia bolsonarista, que comenzó a ser cruzado en las misas por obispos y curas.
Pero detrás de esta disputa local, además, asoma un conflicto de escala global. El enfrentamiento entre el papa León XIV y Donald Trump en temas como la inmigración ayuda a ubicar al Vaticano y al trumpismo en campos políticos distintos. Como Bolsonaro, del Partido Liberal, mantiene un alineamiento con Trump, la defensa de la soberanía que hacen religiosos brasileños en sus homilías gana una dimensión electoral adicional: es la mano del legado de Francisco en esta elección. Es que las cifras del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE, el INDEC local) evidencian que luego del primer viaje de Francisco a Brasil, cuando visitó Río de Janeiro y Aparecida, en 2013, la conversión evangélica de los brasileños se ralentizó. Aquellos destinos papales no fueron casuales: es en Aparecida donde se erige el mayor santuario mariano del país. En porcentajes, el IBGE muestra que durante los últimos 30 años los evangelistas crecieron del 10% al 27 % de la población, mientras que los católicos cayeron de 74% al casi 57% actual. Ambos movimientos ascendentes o decrecientes perdieron fuerza en la última década.
En este escenario, la palabra del papa jesuita aún resuena en boca de otros. El también jesuita Luís Correa Lima, profesor de Teología de la universidad católica PUC de Río de Janeiro, evaluó que las frases pronunciadas en mensajes de líderes católicos «están relacionadas con la doctrina social de la Iglesia y con pronunciamientos de documentos recientes del papa Francisco y del papa León XIV». Son varias las voces de la jerarquía católica que se hacen oír en estos días en defensa de la soberanía nacional y el voto consciente:
- Orlando Brandes, arzobispo emérito de Aparecida, exhortó a los fieles abiertamente a cuidar el poder político y la independencia. «Vamos a defender nuestra soberanía. Ningún poder de afuera, sea cual fuere, debe mandar aquí. Aquí es nuestra soberanía, aquí es nuestra casa, aquí es nuestra patria», afirmó durante una homilía celebrada en el Santuario Nacional de Aparecida.
- «Nosotros no tenemos partido, pero tenemos una causa: el Evangelio y los pobres. Voten por la democracia», recomendó el cardenal Leonardo Steiner, arzobispo de Manaos y presidente del Regional Norte 1 de la Confederación Nacional de Obispos de Brasil (CNBB, el equivalente a la Conferencia Episcopal), una de las voces más activas entre los obispos de la región amazónica, que grabaron un video institucional.
- «Es importante la soberanía de Brasil, la soberanía de nuestra Amazonia, la soberanía de nuestras riquezas y bienes”, alertó Dom Frei Samuel Ferreira, obispo auxiliar de Manaos, que además vinculó la conservación de los biomas con la soberanía institucional.
Y, a su vez el cardenal Jaime Spengler, presidente de la CNBB, sostuvo la posición oficial de la conferencia: que el alto clero debe orientar el juicio moral y la formación de una conciencia crítica de los electores frente a episodios de desinformación.
Todas agendas y discursos que chocan con el bolsonarismo.
La fe y las “fake news”
El sprint final de la campaña proselitista, en la que Lula se juega la reelección, está atravesado por denuncias de «fake news» y por la intervención del Tribunal Superior Electoral (TSE). Entre sus integrantes figura, como vicepresidente, el juez bolsonarista y pastor evangélico presbiteriano André Mendonça. Mendonça fue nombrado por Bolsonaro como juez de la corte suprema y actúa abiertamente a favor de Bolsonaro hijo desde el tribunal electoral.
En ese clima resurge un viejo anhelo del extremismo evangélico neopentecostal, el que responde a la teoría de la prosperidad y a la teoría del dominio sobre otros cultos: eliminar a la Virgen Nossa Senhora de Aparecida como patrona de Brasil.
La discusión sobre la virgen negra patrona de Brasil llegó a convertirse en un escándalo la semana pasada cuando Maria Cristina Fernandes, columnista del diario económico Valor, dijo en el canal de cable GloboNews que había preocupación en la Iglesia Católica por la intentona de reflotar proyectos que remuevan a la Virgen de Aparecida como patrona de Brasil. La cadena de medios de comunicación, a pedido de Bolsonaro, aclaró después, en una corrección, que el único proyecto sobre el tema fue presentado en 2007 y archivado en 2008. El autor de esa iniciativa contra la virgen negra es el diputado bolsonarista Victorio Galli.
Finalmente, el viernes 25, el candidato Bolsonaro lo desmintió con un video publicado en redes. Dos días después, el domingo, en un acto en Aracaju, fue aún más lejos y acusó al Partido de los Trabajadores (PT) de haber creado la noticia falsa «con ayuda de gente de dentro» de la CNBB. “Es la mayor fake news de esta campaña”, denunció Bolsonaro hijo. Esa misma noche, la CNBB emitió una nota en la que calificó la acusación de injusta y negó cualquier participación. “La mentira no se combate con otra mentira», señaló la entidad. Desde que esta guerra santa se inició hubo once ataques a figuras de la virgen en todo Brasil, según las cuentas del TSE.
Justamente, desde el seno del TSE, su vicepresidente, Mendonça, concedió una medida cautelar calificando de inverosímil cualquier asociación entre la virgen y la familia Bolsonaro, al tiempo que ordenó a las plataformas digitales retirar las publicaciones sobre el tema. Entre ellas, un mensaje del humorista Antonio Tabet, que decía: «La familia miliciana odia tanto a la mujer negra que resolvió atacar a Nuestra Señora de Aparecida». Pero la cautelar fue anulada luego por Flavio Dino, otro juez de la corte que había sido designado por Lula.
La referencia del post que trabó una batalla judicial era que los Bolsonaro son aliados históricos de los grupos parapoliciales de Río de Janeiro, llamados milicias, grupos que le compiten al narcotráfico el territorio y los negocios.
La teoría de considerar pagana a la Virgen de Aparecida pertenece al pastor de Flávio Bolsonaro, J. B. Carvalho. Publicada originalmente en 2001, la obra cuestiona la devoción a la Virgen de Aparecida y su condición de patrona. Según los fragmentos citados en la acción, Carvalho asocia a la Virgen de Aparecida y a la Virgen María con divinidades de tradiciones paganas y usa expresiones como «Diosa de la Promiscuidad» y «figura demoníaca».
Carvalho es fundador y presidente de la Comunidad de las Naciones, iglesia neopentecostal a la que asiste Bolsonaro. El candidato y su esposa, Fernanda Bolsonaro, fueron bautizados en la institución en 2024. El libro tiene varios procesos en la Justicia por supuesta intolerancia religiosa.
Como si esto no fuera suficiente, Flavio y Fernanda también ganaron notoriedad como pareja esta semana, cuando un ex socio de Flávio Bolsonaro en una chocolatería en Río de Janeiro divulgó al sitio de noticias PlatóBr que el actual candidato del Partido Liberal participaba de fiestas con prostitutas en 2023 del candidato presidencial.
En medio de este clima político, el destino económico de la principal potencia latinoamericana se está jugando en terrenos de costumbres, fe y denuncias escandalosas sin que se ponga a debate los proyectos de cada candidato.
Cuando restan horas para la apertura de las urnas que definirán los próximos cuatro años de Brasil -y de la región-, la imagen de la misma virgen que el papa Francisco bendijo el 3 de septiembre de 2016 en los jardines del Vaticano, y que había conocido en su propio santuario tres años antes, aparece y reaparece en busca de votos.
Por un lado, el último lunes fue Flávio Bolsonaro hizo campaña junto al gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, del partido Republicanos, quien sostuvo a la virgen negra en brazos durante una caminata de campaña en un barrio de comercio popular. Poco después, por otro lado, el propio Lula la hizo presente en sucesivos actos masivos hechos en Salvador, capital del estado de Bahía; Belém, capital del amazónico Pará; y Fortaleza, capital de Ceará. La virgen de Aparecida fue exhibida por el presidente de 80 años -que conoció personalmente a cuatro papas- como un trofeo en lo alto ante la multitud. Como una señal de victoria.

