Política Nacional

Encuestas y futuro: las causas que explican por qué Milei necesita hablar de reelección

Juan Linz escribió uno de los ensayos políticos más contundentes para problematizar sobre los distintos regímenes de gobierno. En Los peligros del presidencialismo, el gran maestro español de las ciencias sociales advirtió que la arquitectura del sistema presidencialista, que se sostiene en otorgar todo el poder al Ejecutivo durante un tiempo acotado, guarda el germen de su propia destrucción: si un jefe de Estado no puede acceder a un nuevo periodo, pierde su poder el mismo día en el que se confirma que su mandato tiene fecha de vencimiento.

A diferencia de lo que ocurre en un sistema parlamentarista, en el que un primer ministro puede renovar su gestión sin límites pero, a la vez, debe estar siempre preocupado por un posible voto de censura, Linz indicó que la prohibición de la reelección en un sistema presidencialista, no solo priva al electorado de un instrumento de sanción contra ese gobernante, que ya no deberá enfrentarse a una elección, sino que lo más grave es que desde el momento en el que la puerta se cierra para un nuevo periodo, al presidente en ejercicio queda reducido a una figura decorativa.

Un presidente que no puede repetir gobierno deja de prometer horizonte: no puede ofrecer lugares en las listas, no puede garantizar ninguna continuidad en el sector público y no puede administrar el mañana. En términos concretos, aunque aun la mantiene, todos, sean oficialistas u opositores, saben que perdió el control de la lapicera. El mandato fijo protege a un presidente de la caída anticipada, pero a su vez, la imposibilidad de volver a competir le quita aquello que en política sostiene toda obediencia: la expectativa de futuro.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nuncaSuscribite

La literatura sobre presidencialismo insiste en que la prohibición de la reelección resuelve un problema, la perpetuación en el poder, pero crea otro: un jefe de Estado que no puede volver a presentarse pierde, mucho antes del final de su mandato, la obediencia de quienes ya empezaron a calcular a su sucesor.

Esas son las razones que explican por qué Javier Milei se anticipa a hablar de su reelección. No lo hace por medio de un dato de análisis político. No lo hace a través de la lectura de un escenario económico. Lo hace, tan solo y exclusivamente, como una condición inevitable de su propia supervivencia.

Milei sabe por qué lo hace. Quiere evitar el antecedente del desafortunado hombre que lo precedió. Para decirlo más crudamente: Milei no quiere verse reflejado en el espejo de Alberto Fernández. Cuando Alberto Fernández anunció en abril de 2023 que no sería candidato a un segundo mandato, no perdió solamente una elección: perdió, de manera casi inmediata, buena parte de la poca autoridad que todavía mantenía. Los gobernadores dejaron de negociar con la Casa Rosada, La Cámpora ocupó el vacío de poder que dejaba un presidente sin proyección electoral, y los últimos meses de su gobierno transcurrieron bajo la lógica de la intrascendencia de una gestión que ya no tenía nada para ofrecer.

Ese antecedente explica por qué Milei se anticipa con bastante premura en hablar de 2027. No se trata de garantizar el poder del futuro. Es, sobre todo, una herramienta para sostener el poder del presente.

Pero, a pesar de Milei, las últimas encuestas publicadas vaticinan un escenario no tan claro para alcanzar un segundo mandato. El informe Latam Pulse de AtlasIntel/Bloomberg, que fue la única consultora que anticipó el triunfo de Milei en 2023, ahora le fijó su techo en 39,7%, muy cerca del nivel más bajo desde que asumió, que se ubica en 36%. En tanto que Zuban Córdoba estableció que el Presidente conserva una base de apoyo de entre 30% y 35%, pero alertó que encuentra grandes dificultades para ampliar ese respaldo y captar nuevos votantes. Mientras que Management & Fit ubicó la desaprobación de la gestión oficialista en su pico histórico, 58,2%, con una imagen positiva de apenas 30,3%. Y el Indice de Confianza de Gobierno elaborado por la Universidad Di Tella se posicionó el mes pasado en 2,07 puntos, con un aumento del 3,9%, el primer repunte en lo que va del año, tras seis meses consecutivos de caída; en términos interanuales el índice disminuyó 11,4%.

Es un fenómeno no tan auspiciante para La Libertad Avanza. Giacobbe, una consultora tradicionalmente cercana al espacio libertario, midió 37,5% de imagen positiva contra 56,9% de negativa para Milei, lo que aleja la posibilidad de un triunfo en primera vuelta. Evitar el balotaje es una obsesión del Gobierno: una segunda vuelta pondría en primer plano los años de baja en el consumo y complicaría la posibilidad de un triunfo. Es que el Presidente no logra crecer en los sondeos y en ese contexto, Alejandro Catterberg, director de Poliarquía, graficó la magnitud del deterioro, al comparar la caída de imagen de Milei tras la crisis de Adorni, que llegó a ser de veinte puntos, con la que sufrió Alberto Fernández luego del escándalo de la foto de Olivos.

El denominador común de los encuestadores es el mismo: Milei conserva una ventaja competitiva, pero no logra construir una mayoría propia. Ese techo acotado es, precisamente, lo que vuelve más necesario, desde el punto de vista del propio oficialismo, la idea de instalar una épica reeleccionista mucho antes de que la duda se instale en el electorado.

Es por esa razón que en las últimas horas el discurso de la continuidad aparece con una insistencia que excede cualquier campaña. El 17 de julio, en la Bolsa de Comercio, Milei ratificó ante empresarios que será reelecto y tendrá cuatro años más. Un par de días antes, Karina Milei anunció en un acto en Misiones que su principal objetivo es garantizar un segundo gobierno para su hermano. Y el mensaje de Diego Santilli, apenas asumido como cuarto jefe de Gabinete, no fue para concentrarse en la gestión sino en la continuidad: “el Presidente tiene que reelegir” para que “la Argentina no vuelva atrás”. Mientras que el vocero Adrián Ravier, por su parte, descartó un escenario como el de 2019, cuando las Lebac detonaron la crisis cambiaria que le costó la reelección a Mauricio Macri.

Esa comparación con Macri no es casual y conviene detenerse en el antecedente. Si Milei no logra ser reelecto en 2027, será el tercer presidente consecutivo en no conseguirlo desde que la reforma de 1994 habilitó esa posibilidad en la Argentina. Macri lo intentó en 2019 pero no lo logró. Y Alberto Fernández terminó bajándose antes de intentarlo. En ambos casos, el quiebre no llegó el día de la derrota: llegó mucho antes. Fue en el momento exacto en que el sistema político dejó de respetar el poder de un presidente malherido. Es el escenario que Milei, Santilli, Karina y Ravier ahora buscan evitar.

Ese patrón dice algo más profundo que la mala suerte que tuvieron los últimos presidentes argentinos. Y es ahí donde vuelve a ser necesario el análisis de Linz: si 2027 no queda abierto, Milei corre el riesgo de gobernar sin poder. Entonces su estrella se apagará y ningún discurso contra la casta podrá volver a encenderla.

Noticias Relacionadas

Liquidación total

Editor

Sin la anestesia mundialista, aflora la crisis del conurbano y Milei necesita reconectar con lo popular

Editor

El Gobierno quiere vender 50 mil hectáreas del organismo

Editor
Secret Link