Economía

Fisfe advierte un fin de año con más despidos y cierres de plantas

Días negros pero para nada inesperados

Desde la Federación Industrial de Santa Fe asumen que los casos de Essen, Whirlpool y DBT son el emergente de una crisis que se agravará en los meses venideros.

Fabrica de ollas Essen Venado Tuerto Santa fe
Fabrica de ollas Essen Venado Tuerto Santa fe Los despidos en la fábrica de ollas Essen, claro ejemplo del deterioro productivo. (Gentileza -)

Con tres anuncios en una sola jornada sobre despidos y cierre de fábricas, es lógico que en el ámbito industrial la definan como “un día negro”. Los 30 despidos en la planta de Essen, en Venado Tuerto, otros 35 en la fábrica de generadores eléctricos DBT, en Sastre, y el cierre de la filial Pilar de Whirlpool, que la empresa de línea blanca había inaugurado hace tres años, con 220 operarios ahora en la calle.

Las usinas del aparato productivo local, como la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), se hacen eco de esas novedades pero no se sorprenden. El secretario general de la entidad, Walter Andreozzi, dijo ayer que esa seguidilla de malas noticias en el sector son emergentes y apenas “la parte visible de una crisis que lleva varios meses gestándose”.

“Con esto se visibilizó lo que venía ocurriendo de manera silenciosa, a través de renuncias negociadas y retiros voluntarios”, reconoció Andreozzi ayer por LT8.

Para el dirigente industrial, las causas del deterioro son claras: apertura indiscriminada de importaciones, caída de la demanda interna y altos costos operativos. “Estos factores no sólo continúan, sino que se profundizarán. No vemos un cambio de tendencia para los próximos dos años”, afirmó, en referencia al actual programa económico que comanda el ministro de Economía, Luis Caputo.

Andreozzi subrayó que el impacto es especialmente grave en localidades pequeñas, donde la pérdida de 30 puestos de trabajo puede desarticular el tejido social. “En Buenos Aires no mueve el amperímetro, pero en Sastre la intendenta estaba con una angustia enorme. Son comunidades donde todos se conocen, se cruzan en el club, en la escuela”, enfatizó.

Por cierto, la fábrica de generadores y alternadores eléctricos DBT era una de las principales fuentes de empleo en aquella ciudad del oeste santafesino. Su directorio anunció el martes la cesantía de todos los operarios fabriles, y de algunos administrativos. “Cambio de estrategia” y “reorganización corporativa” fueron los eufemismos recurridos para expresar lo que sucederá realmente: DBT ya no fabricará sus motores sino que los importará desde China, por decisión de su empresa nodriza, la española Himoinsa, y por el contexto que induce el modelo económico de la gestión Milei.

El año pasado la misma empresa ya había achicado su capacidad productiva al despedir a 17 obreros. Ahora no quedó ninguno.

Mientras tanto, el clima de época, la prédica oficial, imponen como un catecismo que la industria debe “reconvertirse” para recuperar competitividad. A diferencia de la condescendencia de sus pares de la Unión Industrial Argentina, Andreozzi desde Fisfe soslaya ese argumento neoliberal.

“Es la temporada tres o cuatro de una serie que ya vimos. Pedir reconversión sin medidas complementarias es de una crueldad absoluta. ¿Qué hacemos con la gente mientras tanto?”, planteó.

En esa línea, el industrial también demostró escepticismo ante el supuesto de que la apertura económica a la importación hará bajar los precios. “Competir de igual a igual es imposible. Es como mandar a un equipo de la Primera C contra el Bayern Munich. Un economista cercano al gobierno decía antes de las elecciones que se necesitaban dos años de transición para prepararse. Ese tiempo no pasó: ¡la apertura empezó al día siguiente!”, reprochó.

El referente de Fisfe puso el foco también en las distorsiones impositivas y logísticas que encarecen la producción local. Contó el caso de una marca de ropa que fabrica en Buenos Aires, exporta a Chile y vende más barato en Santiago que en un shopping porteño. “Eso no es culpa del empresario, sino de un sistema de costos e impuestos que está totalmente desfasado”, remarcó.

En este sentido, sostuvo que el Gobierno debería acompañar su discurso de libre competencia con una reducción real de la carga impositiva y una modernización regulatoria. Pero advirtió que cualquier reforma, sea laboral o tributaria, “sin consensos básicos sólo incrementará la conflictividad”. Y llamó también a los sindicatos a adoptar una postura más flexible frente a un mundo laboral que cambió radicalmente desde los años 70.

“Las condiciones se modificaron globalmente. No podemos seguir trabajando con la lógica de la década del 74, cuando para llamar a Buenos Aires había que esperar tres horas en la central telefónica. Hoy hablamos por celular con cualquier lugar del mundo. Algo cambió, y la normativa debería acompañar esos cambios”, reflexionó.

Andreozzi insistió en que, sin diálogo y sin políticas activas, el panorama seguirá cada vez más sombrío. “Si no hay vocación de consenso, la vamos a pasar complicado”, concluyó.

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