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Fito Paez convocó a más de 300 mil personas en el Monumento a la Bandera

El gran artista volvió a ofrecer su corazón

Vestido de blanco, Fito cerró su semana de Casa Páez con una ceremonia religiosa de dos horas en la barranca del Paraná, en el comienzo de su gira Sale el Sol.

El Parque a la Bandera desbordó de un público extasiado. (Sebastian Granata)

La dama de la proa en el Monumento levanta alto la bandera nacional. Por dos horas Fito comandó la nave de mármol y elevó a los miles de espectadores unos metros sobre el suelo con su figura alada, de punta en blanco para brindarse a su ciudad originaria.

La de este domingo fue una culminación de una semana que la ciudad respiró de cerca las armonías y la voz fresca de Fito, quien decidió llegar a sus 63 rodeado de su público de raíz.

Si el show del martes fue la propuesta clásica junto a la Sinfónica Provincial en el teatro donde tocó aquel primer disco solista, el sublime Del ‘63, y el del miércoles fue con su piano en el teatro donde vio La máquina de hacer pájaros y se enamoró para siempre de la música, el del viernes fue el comienzo de su gira Sale el sol con su nuevo disco teatral Novela, cerrando su círculo discográfico.

Otro cantar fue la propuesta al atardecer frente al Paraná en el Monumento a la Bandera: fue su encuentro con el pibe del Normal 1, con los vecinos, la rosarinidad de a pie, los pibes de 11 y 6 que se escondieron en el baño de un bar y se enamoraron. Una mirada en espejo que fue un regalo a la ciudad que lo vio en barcitos junto a la Trova Rosarina, hasta que Juan Carlos Baglietto lo introdujo en la bohemia porteña donde desde un piano descontrolado creció junto a Charly García.

SEMANA PAEZ, FITO EN EL MONUMENTO (Sebastián Granata)

El pibe prodigio de rulos y movimientos pendulares junto a su piano volvió en este artista consagrado que hoy mira la raíz intacta con satisfacción. Ya lo advirtió en un video que viralizó al comenzar la semana cuando se mostró “feliz y agradecido a la vida por llegar a este punto de plenitud. Un desafío olímpico, una odisea picante”.

De traje blanco y anteojos entró angelical, hizo una reverencia y comenzó el show desde la tierna infancia, no hay merienda si no hay capitán. Su frase distintiva de que esta ciudad siempre estuvo cerca se hizo mas cerca que nunca en su cantar.

Antes sonó Luisina Cali con su voz dulce, y destacó que las canciones de Fito le abrieron el camino hacia la música, de la misma manera que pasó en El Círculo cuando él escuchó a Charly.

En seguida sonó Killer Burritos con el power rockero local. Los amplificadores delante del escenario de dos metros de altura vibraron fuerte con la batería.

Durante las dos horas que sonó Fito junto a su banda la gente seguía arribando por todas las arterias a pie mientras los técnicos cambiaban los equipos y los instrumentos para el gran comienzo del último show de Fito en su casa.

Anochecía unos minutos antes de la llegada de Fito y comenzaron los vitoreos impacientes entre los asistentes más cercanos a las vallas, mientras de fondo sonaba Lennon apaciguando la marea humana.

Una mención merecen los fieles que arribaron temprano y esperaron bajo un sol que despedía el verano con ganas, y las precavidas compartieron vientos de sus abanicos.

Las voces en off de los vecinos indignados, comienzo del tema Hazte fama (Tercer mundo), teatralizaron la convivencia barrial y un Fito hoy consagrado homenajeó a aquel jovencito que rockeó la vida en un tiempo acartonado: “Todos mis amigos me hablan de lo mismo, y yo les digo: hazte fama y échate a dormir”.

Con Lo que el viento no se llevó (Circo Beat) recordó que nada es para siempre, y hoy desafiar a las leyes de la gravedad, solo reír hasta flotar, y no creer que todo haya ido tan mal.

Los asistentes de todas las edades se unieron en la marea de amor artístico que regaló Paez, y aún sobre el final, seguían arribando familias con heladeritas para pescar las últimas canciones. Un cierre de semana de plenitud para tantas personas.

La proa fue iluminada y Fito pidiendo palmas, agitando los dedos finos de pianista ofreció su corazón en una Casa Páez abierta al abrazo colectivo con ese pibe rebelde y enamorado que atravesó odiseas con su circo.

Cada canción despertaba la memoria emotiva de generaciones: desde cincuentones hasta adolescentes, toda la gente tenía algún recuerdo con esos temas: Lejos en Berlín fue un viaje a Ey! pero también hubo lugar para varias del disco más vendido de la historia del rock nacional, como Tráfico por Katmandú, La rueda mágica, Brillante sobre el mic, A rodar mi vida y, claro, El Amor Después del Amor.

Y aunque a sus 63 años ya está lejos del joven desconsolado que escribió Ciudad de Pobres Corazones, también la ofreció a un público que quería quedarse con esa noche tatuada en su piel.

Su gran arco: pelearse con su ciudad, cuando mataron a “sus madres” y todo parecía una conspiración para dañarlo, pero también volver en un momento de plenitud para ofrecer todo su arte.

Infaltable Del ‘63, y los nostálgicos de la generación del ’60 cantaron junto a él recordando tiempos de Kennedy y la guerra de Vietnam, así como los primeros amores. “El barrio está igual que ayer, voltearon la casa de al lado. La gente está igual que ayer con un par de añitos encima”, cantaron junto a Paez.

Entre otros repertorios sonó de su último disco Novela aquel que cuenta a Jimmy y Loka en un viaje donde “sus corazones de arcoíris brillan”. Se trata de Sale el sol, canción que lleva el nombre de la gira del artista que comienza ahora.

Circo Beat, Circo beat, todo el mundo juega en el Circo Beat resonó frente al Paraná, como así también la tan icónica Mariposa Tecnicolor, uno de los últimos temas, cuando el público, ya feliz por una noche con tanta música, empezó a desconcentrarse para volver a sus casas, felices por haber vivido una experiencia histórica.

SEMANA PAEZ, FITO EN EL MONUMENTO (Sebastián Granata)

Fito Paez dijo en estos días que él quiere pasarla bien, pero tiene un don que lo hace elegido: cuando la pasa bien, convierte su alegría en la ceremonia de miles: quienes lo conocen de antes, cuando era un joven desgarbado que sorprendía con sus canciones llenas de sentido, y que le daba un sonido compartido a las adolescencias de los años 80, y también el que pudo sortear generaciones.

El recital llegaba a su fin con uno de los sublimes infaltables, y el griterío comenzó con los acordes en el piano de Mariposa Tecknicolor. “Yo te conozco de antes, desde antes del ayer. Cuando me fui no me alejé. Llevo la voz cantante, llevo la luz del tren”.

Una marea humana al cierre gritaba con euforia y pedia mas. Sonó entonces un generoso bonus track con Dar es dar. No hubiera podido encontrar un final mejor.

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