Después de la marcha universitaria y de que no hubiera quórum para derogar el DNU 70/23, en Unidos convocaron una reunión extraordinaria para definir el rumbo provincial y nacional. El Príncipe pidió que nadie lo apurara, todavía está evaluando a quién apoyar. Lo llamó prudencia. En realidad, mantener el poder provincial también significa cuidar una estructura que da de comer a miles de funcionarios… y a más de un influencer bien pago.
En Unidos, cada palabra puede incomodar a un aliado, entusiasmar a un rival o complicar una candidatura. Por eso el silencio del Príncipe tiene su utilidad, mientras no defina su apoyo nacional, mantiene abiertas todas las puertas. Si se acerca a Milei, podrá marcar sus diferencias; si elige otra opción, hablará de defender la provincia y la “gestión por Santa Fe”, como si los demás espacios de la oposición no buscaran también lo mejor para la Invencible.
La ex vicegobernadora, en cambio, parece tener el destino más claro: su sector quiere ir con Milei y no volver atrás. El socialismo propone una alianza con todo el peronismo “kuka”, precisamente el espacio que Milei rechaza y que, por lo que se escucha en los pasillos, tampoco entusiasma demasiado a la ex vicegobernadora ni al Príncipe. Cada sector tiene su propio límite, pero todos siguen sentados a la misma mesa. La discusión sobre el rumbo nacional puede esperar; la alianza provincial, por ahora, es necesario mantenerla.
La paradoja se vio también en la marcha universitaria. Mientras el rector de la UNR reclama presupuesto y definiciones, varios dirigentes de Unidos marcharon junto a él. Hasta el presidente de la UCR Nacional participo de la misma y critico al Leon. El gesto tiene su mérito, aunque cuesta saber cuánto responde a una convicción compartida y cuánto a la necesidad de que el rector siga contento. En el mismo espacio conviven quienes protestan contra el ajuste y quienes buscan entendimientos con Milei. El Príncipe, entretanto, intenta estar en la marcha, en la mesa de negociación y en la foto electoral que todavía nadie se anima a confirmar.
En el Congreso, la coreografía suma otra contradicción: algunos legisladores que responden a la alianza del principe dan quórum para discutir lo que el Gobierno preferiría evitar; otros se ausentan cuando llega la hora de sentarse. El representante del PRO conserva margen para moverse sin quedar atado a una sola posición. En varias oportunidades estuvo con el Leon y ahora con el Principe. Nada nuevo en la breve historia. Después, cada cual ofrece su explicación: diferencias tácticas, autonomía de los partidos, particularidades del momento. En Unidos siempre hay una justificación disponible. Lo que escasea es una dirección compartida.
Y, sin embargo, la alianza no se rompe. Será invencible, quizá, porque ninguna diferencia política alcanza para separarla. No la sostienen los mismos ideales ni un proyecto provincial. La sostienen los cargos y el acceso al poder provincial. Cuando está en juego conservarlos, hasta las posturas más difíciles de conciliar encuentran una forma de convivir.
El Príncipe sigue sin revelar a quién apoya o si tiene un acuerdo tacito con el Leon; la ex vicegobernadora quiere avanzar con Milei; el socialismo busca un acuerdo con todo el peronismo y espacios progresistas. Cada uno mira hacia un lado distinto, pero ninguno parece apurado por abandonar el espacio que le garantiza un calido salario a principio de mes. La brújula gira y los discursos cambian. Los cargos, en cambio, parecen tener el rumbo bastante claro.
