Algunos llaman pragmatismo a maquillar una certeza vieja hasta convertirla en irreconocible, a desfigurar la columna vertebral de un espacio ideológico para que el fracaso del pasado le ceda lugar, en campaña electoral, a un discurso utilitario y acomodaticio. En realidad, cuando esa modificación implica terminar con principios que eran innegociables, en política a ese tecnicismo se lo denomina traición. Para encantar a sectores indefensos ante un comicio, el poder real ordena endulzar promesas que esconden proyectos antipopulares y las corporaciones dejan el trabajo sucio en manos de oportunistas profesionales que ocultan planes inconfesables disfrazados de estadistas.
La Real Academia no pensó la versión mayorista de traición y solo la contempla para el mano a mano entre víctima y victimario. No hay definición que señale con exactitud el peso de la estafa, no existe término que pueda presupuestar el dolor, cuando el sueño engaña a millones y, paralelamente, hipoteca la vida de todos los que no le creyeron al pastor del establishment. Ese tráfico de ilusiones se acentúa cuando el líder de la manada se pronuncia desde un fanatismo religioso que siempre bordea el delirio místico. Milei preside “La Desilusión Avanza”, un partido que no se cansa de fomentar un gran dolor en quienes lo votaron, un desencanto con tantos tamaños y colores como tribus heterogéneas siguieron al flautista en 2023.
En materia de decisiones gubernamentales, el vacío que genera en los nadies que el enviado de Dios los abandone discursivamente en el desierto pudo parecerse alguna vez a nombrar en Seguridad a alguien que vos decías que ponía bombas en jardines de infantes o a designar en Economía a quien acusaste de “fumarse” 15 mil millones de dólares de las reservas en 2018. Es equivalente a que el rebelde anarcocapitalista después de perder la primera vuelta saliera corriendo a consumar un matrimonio por conveniencia en Acassuso, para pasar de libertario a conservador y autorizar en plena luna de miel que la casta te meta un familión en un dos ambientes. Parece que pragmático en modo LLA es pedirle que te convierta en presidente el que dijo que manejabas una fuerza “altamente infiltrable”.
Algo parecido a esa rara forma de adaptarse al paisaje puede ser no dolarizar aunque esa haya sido una de tus grandes promesas de campaña o que el Banco Central siga de pie y ahora te lo quieras quedar para siempre. Un gesto camaleónico similar fue afirmar que no mantendrías relaciones con países “comunistas” y resulta que tenés el país inundado de “Made in China” y encima le mangás un salvataje por 19 mil millones de dólares hasta el 2031.
Esos virajes irracionales te empujaron a bloquear de tus redes a Zelenski, Musk y Meloni, al ser ninguneados por Trump o ir al Vaticano a pedirle disculpas al representante del “maligno” en la Tierra. Son fraudes solo comparables con ponerte la capa y disfrazarte de paladín de la lucha contra la corrupción y luego comprar a Kueider para sacar la Ley Bases. Es sumar escándalos que siempre señalaste ajenos, como los contratos de los Menem con el Estado, Libra, Andis, Espert, Reidel, Adorni, Bettina y sus dinámicas grupales para el sector público, Cerimedo, el chorro que estaba en Arsat y la esposa del Coloso cobrando 114 millones de mangos por enseñar inglés a los diplomáticos de carrera.
Pragmatismo liberal parece que es decir que terminaste con los privilegios y mirás para otro lado cuando un ejército de tus funcionarios asaltan los créditos hipotecarios del Banco Nación o tomás deuda externa hasta empacharte, sin pasar por el Congreso. Es un rey de la libertad gozando de superpoderes, controlando la cotización del dólar, quemando reservas, criminalizando la protesta social, pisando paritarias o adoctrinando en colegios secundarios. Es proclamarte republicano y a su vez apalear jubilados, condenar discapacitados, odiar periodistas, negar las desapariciones, ser machista y xenófobo. Constituye hablar de doctrina judeo-cristiana y dejar a los morosos en manos de los mercaderes.
En síntesis, en términos de argentinidad, todo más o menos parecido a ser hincha de Boca hasta hacerte antibostero, solo porque un día volvió Gago…
Resulta que ahora, mientras Caputo le entrega a tus patrones “independencia económica” y “soberanía política”, juega impunemente con la historia hablando de “justicia social”. Desnuda toda la debilidad de tu gobierno, que ahora necesita regalar créditos a la clase media a tasa relativamente regulada, para que el Estado active la construcción. Un “manotazo de ahogado”, típico de aquel que sabe que la orilla está cada vez más lejos, pero que sale a la cancha a discursear como el “gato maula” jugando con el mísero ratón. El mesadinerista revoleó 18 mil miguitas de pan para intentar renovar el contrato de su núcleo duro con el circo libertario. Acto seguido habló de un salario mínimo a un palo pero con bonos y en la discusión los empresarios ofrecieron menos de 500 lucas a abril del año que viene.
Para el presidente “justicia social” es una estafa solo cuando cumple con la creación de derechos negados a las mayorías. Sin embargo ese concepto se transforma en un deber ineludible a la hora de ensanchar privilegios de las minorías. “Donde hay una necesidad, existe un derecho”, grita Javo para determinar arancel 0 en muchas de las importaciones que matan a la industria nacional, quitarle impuestos a Galperín, blanquear la guita sucia de amigos y parientes o intentar la extranjerización de todo el territorio. “Justicia social” de ultraderecha es dejar en manos de las corporaciones mineras los glaciares, bajarle retenciones a los terratenientes o abrirles la puerta a fondos de inversión que vienen a quedarse con nuestras riquezas naturales a través del RIGI.
Parece que estamos ante el comienzo de un tiempo en el que Karina se tapará la nariz y cerrará todos los acuerdos que sean necesarios para salvarte. Ustedes saben mejor que nadie que el año que viene será muy difícil que para ganar una elección, el FMI ponga 20 mil millones de dólares, que después caiga el Tesoro de los Estados Unidos con un swap por la misma cifra, que Bessent aparezca frenando una corrida cambiaria y que finalmente el dueño de la Casa Blanca prometa cena sin postre, si la Argentina no votaba a tus candidatos.
En el laboratorio el jefe se encargará de la alteración genética del modelo y organizará la mudanza discursiva por un rato, en el intento por agarrarse de un vidrio de la Rosada, como la gota de Cortázar.
Qué tiempos aquellos, aunque solo hayan pasado casi 33 meses, cuando a los pibes que iban a verte con motosierras en la cabeza o disfrazados de Goku les hablabas con tanta vehemencia de la “Escuela austríaca” y de Hayek. A las banderas ruinosas con las que gobernás y a las que olvidaste para siempre, ya se las llevó la realidad, la que hasta nuevo aviso sigue siendo la única verdad.
