Caen el consumo y la confianza en la economía
La retracción de los indicadores en los sectores de mayores ingresos refleja el agotamiento de la capacidad de ahorro y la cautela ante la falta de horizontes claros.

El escenario económico de la gestión de Javier Milei continúa mostrando marcados signos de debilidad y serias dificultades para lograr una reactivación firme del mercado interno. Así lo reflejan los últimos informes sectoriales, donde se destaca que el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) sufrió una contracción mensual del 1,1 por ciento en agosto, al tiempo que el consumo masivo registró una caída del 2,6 por ciento interanual en julio. A pesar de los discursos oficiales de estabilización, la recesión sigue golpeando con fuerza la capacidad real de compra y el humor social de las familias argentinas.
El Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato di Tella elabora un indicador que se centra estrictamente en la economía personal y macroeconómica de los hogares. Mide las expectativas sobre la situación financiera futura, las condiciones presentes y la intención de compra de bienes durables o inmuebles. Este ICC nuevamente se contrajo y confirmó que la confianza social ingresó en una meseta de la cual es difícil salir sin señales claras de alivio económico en el bolsillo.
En términos regionales, de acuerdo con el relevamiento realizado entre el 4 y el 13 de agosto de 2026, el índice registró aumentos en la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires (38,3 puntos), mientras que disminuyó en el interior, que, de todas maneras, continúa exhibiendo el dato más elevado (43,8 puntos). Esta asimetría geográfica sugiere que el impacto del ajuste de tarifas y la recesión se siente de manera dispar.
Algo similar ocurrió entre los hogares de ingresos altos y bajos. Los primeros están en 42,7 puntos, con tendencia a la baja, y los segundos en 36,8 puntos, con un crecimiento del 2,1 por ciento respecto a julio. La caída en los sectores de mayores ingresos refleja el agotamiento de la capacidad de ahorro y una creciente cautela en los estratos medios y altos ante la falta de horizontes claros.
Al analizar los componentes por horizonte temporal, en agosto se observaron comportamientos dispares. Las Expectativas Futuras aumentaron 0,4 por ciento, mientras que las Condiciones Presentes disminuyeron 3,2 por ciento. En tanto, por subíndices, la Situación Macroeconómica registró un aumento de 3,06 por ciento en agosto, mientras que los restantes componentes mostraron disminuciones. La mayor caída se observó en Bienes Durables e Inmuebles (menos 4 por ciento), seguida por Situación Personal (menos 3,3 por ciento). La narrativa oficial sobre el ordenamiento macroeconómico todavía no se traduce en un beneficio tangible para la microeconomía familiar.
El termómetro de las góndolas
Los datos sobre el consumo masivo relevados por la consultora Scentia en julio marcaron una contracción similar al mes anterior, con una caída en el orden del 2,6 por ciento interanual. Esto deja la variación en el acumulado del año un 2,9 por ciento por debajo de igual período de 2025. La persistencia de la contracción mes a mes confirma que el consumo todavía no logra recuperar el terreno perdido. La consolidación de esta racha negativa en el acumulado anual deja en claro que la recesión del consumo masivo ya no responde a fluctuaciones estacionales, sino a un problema estructural de pérdida de poder adquisitivo.
Algunas de las cuestiones importantes que destaca el informe son la marcada desaceleración en la retracción sufrida por los Supermercados, que en el período fue de menos 0,6 por ciento, y contrasta con el acumulado anual negativo en 4,1 por ciento. Los mayoristas tuvieron un comportamiento similar, con un deterioro del 0,5 por ciento interanual versus 3,3 por ciento en el acumulado.
En el otro extremo sobresalió la reducción de 6,1 por ciento en Almacenes y kioscos, posiblemente influenciada por la base de comparación de 2025, año en el que este canal resultó positivo.
Además, se destaca el caso del e-commerce que viene tomando la delantera entre los canales del consumo masivo: acusó un incremento del 40 por ciento interanual y del 35,6 por ciento acumulado.
La fuerte dispersión entre canales revela un cambio de hábitos de los consumidores argentinos. Para defender sus ingresos, las familias abandonan los almacenes de barrio (cercanía) y migran a las grandes cadenas de supermercados en busca de promociones, descuentos por cantidad y marcas propias, mientras que las compras en línea continúan creciendo como un canal exclusivo de sectores bancarizados y con acceso tecnológico.
