La odisea de Eliseo
Los aliados de Milei cayeron o perdieron fuerza mientras el riesgo país saltó a las nubes. El plan económico fracasó y Patricia Bullrich se alista para desplazarlo


Perdió Trump por paliza, su admirado patrón; perdió su amado Netanyahu; perdió su socio Bolsonaro, ganó el odiado Lula, y su amigo Santiago Peña fue destituido por corrupción en Paraguay. Y el Papa en la puerta de casa con el discurso de justicia social. Javier Milei desapareció de la escena. Se encerró, no habló, se escapó. El presidente se borró, viajó a España al cuete otra vez, fue a la Cumbre Iberoamericana y no hizo ni una bilateral con jefes de Estado. Tan mal está que espera que la llegada del Papa cambie el clima, aunque seguro le trae otro sapo de regalo.
Milei faltó a la inauguración y a la fiesta de gala de la reunión de jefes de Estado de Iberoamérica, pero tuvo que darle la mano al presidente del gobierno de España, su despreciado Pedro Sánchez, que lo taladró con la mirada mientras sonreía y le hizo bajar la vista. Milei publicó la foto con los mandatarios que asistieron a la cumbre en España y escribió “Fenómeno Barrial” como si hubiera sido el centro, cuando en realidad no le dieron ni la hora. Efectivamente, se ha convertido en un fenómeno barrial. En apenas diez días se derrumbó el castillo de naipes libertario, su ambición de profeta dorado de las ultraderechas mundiales.
“Que los fascistas estén a la derecha de la extrema izquierda no dejan de ser socialistas y alguien que está a la derecha no es de extrema derecha, sino que está mostrando la posición de la extrema izquierda”. Este trabalenguas paleolibertario fue el gran discurso que hizo en la cumbre. Como un influencer barato convencido de que descubrió la cuadratura del círculo.
La clase magistral que dio en la Universidad Di Tella también fue patética, por la exposición, por la Universidad y por los aplausos de los alumnos. Junto con la San Andrés, es una de las más caras. Se supone que allí estudia una élite que se prepara para gobernar o conducir empresas. En su clase magistral, Milei mezcló la Ilíada con la Odisea y le cambió el nombre a Ulises, al que bautizó Eliseo y lo repitió varias veces. Es conocimiento elemental. El que no lo leyó, vio las películas o las historietas o lo escuchó nombrar. Los estudiantes universitarios de las élites corporativas aplaudieron a rabiar las burradas, porque tampoco saben.
No se trata de ensañarse con las burradas del presidente de la Nación. La sensación que dejó el espectáculo en la Di Tella fue el nivel de zócalo de las clases privilegiadas argentinas. Los empresarios que se encierran en una experiencia personal exitosa en los negocios y creen que con eso tienen expertise para gobernar, son los peores gobiernos. Porque un Estado tiene poca relación con una empresa. Su premisa no es ganar plata, sino gastarla bien.
Una gran parte de esta clase empresaria adora a Milei porque les sacó impuestos y bajó los salarios, pero ahora, por la falta de obra pública y el derrumbe de la infraestructura, tienen que pagar el doble de los impuestos que les sacaron o deben cerrar porque no tienen quien les compre. Son empresarios retrógrados que están al borde de la ruina y no atinan a reconocerlo. Esa fue la escena que se compuso entre esa clase magistral en una universidad cara y la reunión de la Unión Industrial el martes, con la participación del ministro de Economía, Toto Caputo.
Si un empresario engreído es peligroso, peor es un broker timbero que basa el éxito económico en la especulación financiera. Milei, Federico Sturzenegger y Caputo son economistas de cuarta, cuyo discurso fue respaldado por la mayoría de la clase empresaria.
El centro de la cuestión es que la gente no llega a fin de mes y a estos personajes les importa un pito. Hicieron todo lo que dice el manual del neoliberalismo. La calle casi no fue obstáculo y pasó por arriba de la oposición. Hicieron todo lo que decían que había que hacer para que la economía creciera y derramara. Y todo fracasó.
La micro está destrozada y la economía no remonta. En diez días el riesgo país saltó a 930 puntos, cuando había llegado a 500. Para no reconocer su incompetencia, el gobierno habló de “riesgo K”. Incluso algunos empresarios lo dijeron. Y convierten una estupidez en una categoría que no existe. El que puso la plata en los bonos tiene más o menos miedo de no recuperarla. La economía no funciona: el miedo crece. Es lo que mide el JPMorgan. Las declaraciones son políticas; el miedo es lo real. Y el riesgo país habla del fracaso de la política económica.
Porque el salto se acrecentó con la derrota fulminante de Donald Trump en Estados Unidos. Milei, Caputo y Sturzenegger afirmaron su política económica en la figura de Estados Unidos como garante. Lo que percibe el tenedor de bonos es que esa garantía no está más, se borró, entonces vende. Y el Banco Central les compra para que se vayan bien, porque si no, no volverán.
El tema es que ya llevan invertida una cifra billonaria en pesos en ese mal negocio. Y la pregunta es de dónde sale esa fortuna. Y algunos sospechan que proviene de los jubilados y su Fondo de Garantía. Esa especulación repercute en el dólar que el gobierno trata de mantener para evitar que aumente una inflación que no puede bajar: la del 2026 será igual o mayor que la del 2025. Mal clima para los negocios.
El fracaso de la economía se evidencia en la crisis política del oficialismo, enzarzado en una interna que ya presiona por el recambio de Milei por Patricia Bullrich, favorita de otro sector del Círculo Rojo. Para diferenciarse, esta senadora, que ha recorrido todo el espectro político, impulsó una revisión del ajuste para discapacitados y se opuso a la suspensión de las PASO.
Pero ella representa lo mismo en el plano económico que Mauricio Macri. Y, en definitiva, Macri tuvo que hacer lo mismo que Milei. Cuando la economía se le caía a pedazos, le pidió auxilio a Donald Trump. Y el hombre naranja presionó al FMI para que le conceda el préstamo de 45 mil millones de dólares a contrapelo de las leyes argentinas y de los reglamentos del Fondo. Gracias al macrismo que representa Bullrich, el país quedó atado a los controles del Fondo Monetario, gran responsable de que la mayoría de los argentinos no llegue a fin de mes, que haya crecido la desocupación y que el consumo disminuyera.
Occidente no termina de entender que estas políticas del neoliberalismo globalista han sido la causa de su decadencia. En eso le lleva ventaja China, que logró una sinergia entre mercado y Estado. Los grandes lineamientos que mantiene Occidente, en cambio, insisten en el anacronismo hipócrita que niega al Estado, pero trata de usarlo en su propio beneficio.
El enriquecimiento desmedido de Trump, mientras la economía de su país se frenaba; la fuga de Flavio Bolsonaro con cinco causas por enriquecimiento ilícito; ahora concluyó un veloz juicio político contra el presidente paraguayo Santiago Peña que terminó siendo destituido por el escándalo del banco digital Ueno que estafó a jubilados y trabajadores y del que era fundador y accionista, y hasta los escándalos de Milei que usó la figura presidencial para garantizar la seriedad de lo que fue la estafa con $LIBRA, constituyen la expresión más clara de esa decadencia. Ningún país floreció con esas políticas. Por el contrario, la economía de su máximo exponente, Estados Unidos, decayó por esa receta que hundió a la Argentina.
