Este miércoles, Javier Milei hablará en la Asamblea General de la ONU con ese tono entre oscuro y aburrido, para reivindicar la soberanía argentina en las islas Malvinas. El tema, recurrente para quienes representan a la Argentina en ese foro internacional, tiene esta vez otros condimentos impensables desde que la ultraderecha llegó a la Casa Rosada. Ahora, el presidente cuenta con una “pequeña ayudita” de su correligionario de la Casa Blanca, compinche de la batalla cultural y de otro tipo de tropelías. Se sabe: Milei que está buscando con cierta desesperación una foto con Donald Trump que le dé impulso a esta parte de su mandato, cascoteado por una realidad que se empecina en desmentir sus aseveraciones sobre la marcha de la economía. Si el año pasado la palmada fue con la “ayuda financiera” de Scott Bessent, ahora lo es con algún guiño sobre el reclamo argentino que vaya uno a saber qué implica en términos prácticos.

Por lo pronto, la inquina de Trump con el Reino Unido le sirvió a Milei para ponerse un traje nacionalista que le sobra por todos lados y anunciar un proyecto de ley de Defensa de la Soberanía Nacional. La que, como se vio de inmediato, tiene poco que ver con Malvinas y mucho con el intento de seducir al magnate inmobiliario y fundamentalmente a su secretario de Estado, Marco Rubio.

El 7 de marzo pasado, un exultante Milei asistió a la presentación, en el Hotel Doral de Miami, del Escudo de las Américas. Si para la Casa Blanca la “guerra contra el narcotráfico” es la excusa perfecta para, por ejemplo, secuestrar a Nicolás Maduro como se hiciera con Manuel Noriega en 1989, la carátula de terrorismo que sobrevuela el proyecto mileísta va como anillo al dedo a las aspiraciones. El Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET), otra obra de este gobierno, es una copia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), de EE UU, que es el organismo que sanciona económicamente a los que el gobierno considere enemigos.

Otros gestos hacia Trump: con la creación del Consejo de Seguridad Nacional se volvería a la Doctrina de Seguridad Nacional y, en la práctica, EE UU recupera el control militar que el Pentágono había perdido con el avance de las democracias en la década del ’80, tras la ordalía de sangre de las dictaduras de los ’70. Como será que incluso abre las puertas a la intervención militar en conflictos internos, algo que desde la recuperación de la democracia era un compromiso tanto de civiles como de militares. Un pacto que se rompió desde que en noviembre pasado el general Carlos Presti aceptó ser designado ministro de Defensa.

La estrategia de Trump, a todo esto, intenta pegarle una bruta lijada al gobierno laborista británico, azuzando las ansias independentistas de los “celtas” galeses y escoceses y reaviva la idea de unidad de los irlandeses. Pero al mismo tiempo se anota una baza mediante un acuerdo impensable hasta ahora con Groenlandia y Dinamarca haciéndole «pito catalán» a la OTAN.

La jugada en la que se anota Milei tiene un componente geopolítico más vasto del que se pensó al principio. Y este gobierno argentino solo muestra como objetivo rendir la más absoluta pleitesía al imperio recargado.