Despedida colectiva a un artista inolvidable
Con una trayectoria inmensa, fue recordado por su compromiso. Debió luchar para acceder a un tratamiento que Iapos demoró demasiado en garantizar.

El segundo piso de Caramuto bullía de gente: artistas, personalidades de la cultura, amigues, familiares, vecines de Granadero Baigorria, jóvenes amigues de Juan y Augusto, los hijos de Salvador Trapani. Sobre el cuerpo ya sin vida del artista inolvidable, su bombín, que llevó su compañera Elena Guillén. En una mesa de la sala, el serrucho al que le sacó melodías increíbles, el traje del espectáculo La Royalle y el charangüí Trapani, hecho con una lata de yerba. En cada detalle, en cada recuerdo, flotaba la calidez de un creador que supo hacerse querer.
En otra mesa se veían los diábolos, que malabareó como casi nadie. Más allá, en un maletín abierto, un instrumento hecho con botellas. Aquí y allá, los susurros y las lágrimas para despedir a alguien que nunca se irá de la memoria colectiva de la ciudad donde desplegó su gran talento.
El luthier, actor, clown, músico, excéntrico musical murió el sábado, a las 23.09, a los 70 años, rodeado del amor de su familia, amigues y compañeres, así como de la admiración y el cariño del público.
En la sala velatoria, Elena y sus hijos proyectaron videos de sus espectáculos. Era conmovedor ver a les niñes sentados alrededor de la pantalla, extasiados con las magias del artista en La Royalle.
Peleó como un titán —tal la expresión de Elena, Juan y Augusto— hasta donde pudo: desde 2024 padecía un linfoma no Hodgkin. Estaba internado en el sanatorio Parque desde el domingo 23 de noviembre; su familia está muy agradecida con el equipo médico que lo cuidó y acompañó en todo momento. El sábado a la mañana supieron que era irreversible.
Hoy, a partir de las 10, será el último adiós, y a las 11 saldrá la caravana desde Caramuto (Córdoba 2936) hasta el cementerio Parque de la Eternidad, en Granadero Baigorria.
Una vida de talento y ternura
Fue referente de los excéntricos musicales del nuevo circo, pero sobre todo un hombre íntegro, siempre con una sonrisa para regalar. Y una mirada pícara que era la antesala de la risa y el deleite.
Original, con un humor marcado por las sutilezas que generaban complicidad con el público, Salvador tocó el serrucho musical como ninguno, afinado y sensible. Le sacaba música a las botellas, las latas y a cualquier otro material reciclado que pudiera acondicionar para que suene bien. Sus últimas pruebas fueron con sachets de suero y quimioterapia. Inventó instrumentos que parecían imposibles, sobre los que aplicaba una dosis perfecta de imaginación y laboriosidad.
En su página web se puede leer esta reseña: “En 1991 funda junto a Elena Guillen el grupo de teatro Los Estrellados, centrando la producción en la técnica actoral del clown y la investigación de instrumentos excéntricos no convencionales”.
Desde entonces, siempre viajó y sus espectáculos se presentaron en innumerables teatros y festivales de Latinoamérica y Europa.
“En su taller construye constantemente pequeños autómatas y nuevos instrumentos musicales con objetos descartados. Como a él le gustaba decir: ‘Intento el esplendor de la ruina’”.

La calidad de su trabajo le valió invitaciones como músico solista de la Orquesta de Cámara Municipal de Rosario. Junto a músicos de formación clásica interpretó melodías de Astor Piazzolla, Erik Satie, Giuseppe Verdi, Émile Waldteufel, Antonio C. Jobim, Michel Corrette, Ezequiel Diz, Heitor Villa-Lobos y composiciones propias.
Lo que no dice esa reseña, porque Salvador era un hombre humilde que iba por la vida como si su talento fuera algo ordinario, es el amor que sembró en todos estos años.
Nació y creció en Carreras, un pueblo del departamento General López. Muy joven llegó a Rosario para estudiar locución y pronto descubrió el teatro, de la mano de Mirko Buchín. Desde entonces, nunca dejó de hacer reír, de emocionar y de encontrar nuevas formas estéticas —que también eran políticas— para desplegar su creatividad.
Algunos de sus espectáculos más recordados son L’invention y La Royalle.
El compromiso de cada día
Su trayectoria artística es inmensa y su compromiso quedó plasmado en los cientos de mensajes de despedida. “Desde Abuelas de Plaza de Mayo Rosario despedimos con enorme tristeza a un amigo entrañable de nuestra casa. Queridísimo Salvador Trapani, gracias por tanta belleza y tanta luz compartida, gracias por acompañar nuestra lucha con tu compromiso y tu arte, por decir sí para acompañarnos siempre en Teatroxlaidentidad y en cada encuentro y actividad donde podías sumar, allí estabas”, escribieron desde la filial Rosario de Abuelas.
La lucha por los derechos humanos, sí, pero también en defensa de los humedales, por la educación pública. Y siempre con su capacidad inagotable de generar sorpresa, risas, música. Los mensajes en las redes fueron cientos, con amor y gratitud.
“Con inmensa pena despedimos a Salvador Trapani. Gran artista que hacía resplandecer lo cotidiano y que lograba, aun en tiempos turbulentos, hacernos reír. Su presencia, su calidad humana y su humor (que es otro modo de revolución y resistencia) nos concedió la gracia de encontrarlo en varias oportunidades”, escribieron ayer desde El Paraná no se toca.
También Chiqui González, ex ministra de Cultura, lo despidió. “Suavemente, con el alma comedida, te vas Salvador, hombre mágico, como dijo Elena. Te tuvimos por un tiempo, con tu asombro, tu maravilla, tu niñez eterna. Te tuvimos para cambiar nuestras vidas, para que el mundo poético nos atravesara”, dijo Chiqui, quien aseguró: “No puedo decirte adiós. Estoy afinando el corazón para celebrarte”.
También Jorge Fandermole lo despidió en sus redes. “Te despedimos, querido Salvador, entrañable amigo y gigantesco artista, y celebramos tu vida y la amorosa manera de pasar por el mundo transformando en belleza cualquier cosa a tu paso”, escribió el músico, que también era vecino de Salvador. “Te llevamos como parte de cada uno de nosotros, maravillados y emocionados”.
La imperdonable burocracia
El linfoma no Hodgkin se declaró en 2024. Después de dos ciclos de quimioterapia, el equipo que lo trataba recomendó un nuevo tratamiento, que Iapos demoró mucho tiempo en autorizar y proveer. Tuvieron que recurrir a la Justicia.
El juez federal Fernando Meccoli intimó mediante un recurso de amparo, el 27 de noviembre, a la obra social provincial a entregar de forma urgente el medicamento Epcoritamab, que llegó recién el 4 de diciembre, cuando Salvador ya había sido trasladado a terapia intensiva por el agravamiento de su cuadro clínico.
¿Qué hubiera pasado si Salvador contaba con su remedio dos meses antes? La pregunta quedará para siempre clavada como un aguijón.
Estuvo casi diez días con cuidados intensivos y el sábado por la madrugada sufrió una crisis de la que no pudo recuperarse. “Nos reunimos a despedir a este loco que despertó tanta vida en todes nosotres”, dijeron desde su familia.
