El proyecto de Ley Orgánica de Municipios que fue ingresado recientemente en la Cámara de Diputados por legisladores peronistas contiene un artículo que, a mi juicio, resulta decisivo para saber si la legislatura quiere o no avanzar en serio en el camino de consolidar un proceso de autonomía, que no sea solo discursivo o limitado a aspectos formales, si no que transforme la realidad de los municipios de la provincia de Santa Fe.
En efecto, el artículo 118 del proyecto habla de la“Distribución transitoria de recursos federales coparticipables”, es decir, como se deberian repartir los fondos nacionales que recibe la provincia hasta que se dicte una ley de coparticipación provincial. Y, en ese sentido, se propugna que del total recibido el Estado provincial se quede, en un primer momento, con el 80% y el 20% restante sea para los municipios. A su vez, de ese 20% , el 40% se distribuirá de acuerdo a la población de los municipios, el 30% de acuerdo a lo recibido el año anterior y 30% en partes iguales entre todos los municipios. Una vez hecha esta distribución, del 80% que le corresponde a la provincia se deberá distribuir un 3% más entre los municipios de más de 100.000 habitantes.
En definitiva, del total de la coparticipación de los fondos nacionales, la provincia se quedaría, de acuerdo al proyecto, con el 77,60 % y los municipios con el 22,40%. Hoy, esa distribución es del 86,67% para la provincia y solo el 13,43 para los municipios. Es decir, casi un 70% de incremento en los fondos destinado a los municipios.
Cabe señalar, que la actual distribución fue determinada por la ley 8437/79, ley de la dictadura, que modificó la ley 7457/75 promulgada durante el gobierno del Dr. Sylvestre Begnis. La 7457 original había establecido un porcentaje más parecido a lo que hoy se propugna, ya que le otorgaba un 18,77 % a los municipios.
El regimen establecido por la dictadura, que hoy se mantiene, implica un ahogo económico para los municipios, máxime si se tiene en cuenta que desde el 1979 para acá, los municipios han ido cambiando su rol; ya no se trata solamente de alumbrado, barrido y limpieza. La ciudades han tenido que reemplazar al estado provincial y al nacional en numerosas actividades, que tienen que ver con lo social, lo educativo, lo cultural y aún de seguridad, para no hablar del peso cada vez más gravoso de la prestación de servicios básicos.
Entonces, en un marco donde la recientemente sancionada Constitución recepta la autonomía de los municipios, cosa que ha sido bienvenida y aplaudida por casi todos los sectores políticos de la provincia, cabe consignar que ella resulta inviable sin la correspondiente partida de recursos. Lo contrario sería suponer que la autonomía solo sirve para sacar un árbol sin permiso de la provincia o para modificar estructuras institucionales, cosas que tienen su importancia, pero, si queremos que la autonomía sea algo que le sirva a la gente tenemos que dotar a los municipios de recursos, de lo contrario, en lugar de ser un beneficio para la sociedad puede llegar a ser un castigo.
Para tener una idea del impacto que este proyecto, de prosperar, tendría sobre los recursos de la ciudad de Rosario quizás ayude poner en números reales los porcentajes ya expresados. De acuerdo al presupuesto para 2026, Rosario va a recibir de coparticipación de recursos nacionales 249 millones de pesos, ello implica un 20% del total del presupuesto de recursos del municipio. Si se aplicara la nueva forma de distribución, pasaría a recibir 175 millones de pesos más, es decir, un total de alrededor de 425 millones.
Entonces, ahora sí se entiende el impacto real de la autonomía sobre la calidad de vida de los ciudadanos. Más recursos que, y no es menor, no son sacados al contribuyente si no que son fruto de una más justa distribución de ingresos entre provincia y municipios, implica mas y mejores obras y servicios para la gente.
Sería deseable que el proyecto sea discutido abiertamente; siempre es interesante escuchar las distintas voces y ver, en los bifes, quien está de acuerdo o no y por que. Ojalá así sea.
Por Osvaldo Miatello.
