En las más de 11 horas en las que se extendió la primera parte del debate por la ley ómnibus, no hubo cuestión de forma y uso y costumbre de la práctica congresual que no se vulnerara. No hay antecedente de una sesión en la cual no hubiera un dictamen físico sobre el cual se trabajara.

IGNACIO PETUNCHI
El desarrollo de la primera sesión del Congreso para debatir la ley ómnibus estuvo atravesada por un inédito escándalo: en las más de 11 horas en las que se extendió la primera parte del debate no hubo cuestión de forma y uso y costumbre de la práctica congresual que no se vulnerara. No hay antecedente de una sesión en la cual no hubiera un dictamen físico sobre el cual se trabajara. Eso fue puesto de manifiesto por diputados de amplio espectro. Desde Carlos Heller hasta Miguel Ángel Pichetto que llegó al reclamo de que el oficialismo mínimamente cumpla con lo que prometió. Tener el dictamen que correspondía.
La técnica parlamentaria tiene algunas consideraciones bien específicas: en la sesión no se debate sobre abstracciones, conjeturas, negociaciones en marcha o texto libre. Se apoyan en los dictámenes de comisión y se los somete a las votaciones con los cambios correspondientes pero que ocurran durante el debate y sobre un soporte específico que está reglamentariamente normado. El funcionamiento de la Honorable Cámara de Diputados se solventa en el proceso: dictamen, publicación, lectura del proyecto, miembro informante, debate, discurso y votación. Nada para inventar.
Párrafo aparte para los legisladores que apelaron a la lectura. El artículo 179 establece que “el orador, al hacer uso de la palabra, se dirigirá siempre al presidente o a los diputados en general, y deberá evitar en lo posible el designar a éstos por sus nombres. En la discusión de los asuntos, los discursos no podrán ser leídos. Se podrán utilizar apuntes y leer citas o documentos breves, directamente relacionados con el asunto en debate”. Leían.
Si la inexperiencia no es por sí misma una característica disvaliosa, vestirla con un manto de improvisación y sumarle arrogancia la convierte en un cóctel peligroso. Debe haber diferencias entre el funcionamiento del Congreso y una anárquica reunión de consorcio.
Si a eso se le agrega que la presidenta del Senado rechazó de plano el pedido de convocatoria a sesión especial para tratar el DNU 70/2023 solicitado por al menos 5 senadores como lo reglamenta la Cámara, el panorama, para las instituciones, se torna integralmente complejo.

