Urgen políticas de salud mental
Un comunicado de profesionales de la salud alertó sobre el deterioro en el sistema de atención y la escasez de recursos.

El aumento de suicidios en la provincia de Santa Fe, con especial impacto en el norte y en la región de Reconquista, encendió señales de alarma entre profesionales de la salud, funcionarios judiciales y representantes políticos, que advierten sobre un escenario de crisis sostenida, con un sistema sanitario desbordado y carente de recursos suficientes para dar respuesta a la creciente demanda en salud mental.
Según datos difundidos en las últimas horas, durante 2025 se registraron alrededor de 150 suicidios en el departamento La Capital y cerca de 200 en toda la unidad regional, cifras que exponen la magnitud del problema en el centro provincial y que se suman a un incremento sostenido de intentos de suicidio y casos consumados en el norte santafesino, particularmente en el nodo Reconquista.
En esa región, el deterioro del sistema de atención se refleja en indicadores críticos: más de mil internaciones por motivos de salud mental en el último año y una estructura profesional insuficiente, con un solo psiquiatra para atender la demanda de toda el área. En paralelo, el hospital central llegó a tener hasta el 50% de sus camas ocupadas por pacientes con cuadros psiquiátricos, muchos de ellos vinculados a intentos de suicidio.
El cuadro fue expuesto en una carta abierta elaborada por el Colegio Profesional de Asistentes Sociales, el Colegio de Profesionales de la Psicología y el Sindicato de Profesionales Universitarios de la Sanidad (Siprus), donde se advierte sobre un “incremento sostenido” de la problemática en un contexto social y económico adverso. Allí se señala que el norte provincial se convirtió en el epicentro de la crisis, con una demanda que supera ampliamente la capacidad de respuesta del sistema.
El documento describe un escenario de colapso sanitario atravesado por la falta de recursos humanos, escasez de insumos y condiciones laborales precarias. Contratos inestables, salarios insuficientes y ausencia de cobertura adecuada forman parte de un diagnóstico que también incluye la fragmentación del sistema de atención, la falta de protocolos claros y la escasa articulación entre instituciones.
En ese marco, los equipos de salud advierten que el sistema se sostiene “con gran esfuerzo individual” y en condiciones de agotamiento, mientras las consultas y urgencias en salud mental aumentan de manera constante. La sobrecarga impacta tanto en la calidad de la atención como en la capacidad de prevención de situaciones críticas.
A nivel local, referentes políticos también dieron cuenta del deterioro. Desde Reconquista se planteó que el sistema se encuentra “colapsado”, con equipos mínimos para abordar una problemática compleja que incluye el crecimiento de cuadros de ansiedad, depresión y consumos problemáticos, en un contexto atravesado por conflictos laborales, violencia y precariedad social.
El señalamiento converge con el diagnóstico de los gremios sanitarios, que advierten que los intentos de suicidio y los suicidios consumados “se repiten con frecuencia” y generan alarma en la comunidad. La falta de dispositivos ambulatorios, de medicación suficiente y de equipos interdisciplinarios limita las posibilidades de intervención temprana y seguimiento de pacientes en riesgo.
Desde el Ministerio Público de la Acusación, en tanto, se explicó que si bien el suicidio no constituye un delito, la intervención judicial es obligatoria al tratarse de muertes violentas, lo que permite descartar otras hipótesis, como homicidios encubiertos. En ese ámbito, también se destacó la necesidad de avanzar en el análisis estadístico de los casos, incorporando variables como género, edad, métodos utilizados y distribución territorial, con el objetivo de diseñar políticas públicas más eficaces.
En paralelo, se remarcó un cambio de paradigma en el abordaje de la problemática, al dejar atrás la idea de silenciar estos hechos y promover, en cambio, su visibilización como parte de una estrategia preventiva que permita transmitir la existencia de alternativas y dispositivos de ayuda.
Frente a este panorama, los distintos sectores coincidieron en la urgencia de implementar políticas integrales de salud mental que incluyan programas de prevención del suicidio, refuerzo de los equipos profesionales, creación de dispositivos específicos de atención y guardias activas durante los fines de semana. También se reclamó la elaboración de diagnósticos epidemiológicos precisos que permitan identificar zonas y grupos de mayor vulnerabilidad.
El planteo general apunta a que la problemática no puede ser abordada de manera aislada ni reducida a una dimensión individual, sino que debe entenderse como un fenómeno complejo, atravesado por factores sociales, económicos y políticos. En ese sentido, los trabajadores del sistema sanitario sostienen que la intervención del Estado resulta central para garantizar una respuesta estructural frente a una crisis que, lejos de estabilizarse, continúa en aumento.
