Aquel inolvidable regreso de Mercedes Sosa
Con prólogos de Teresa Parodi y Romina Zanellato, el periodista platense Facundo Arroyo reconstruyó en Y un millón de manos que me aplauden la historia de ese retorno. La cantora tucumana reunió durante diez noches a artistas provenientes de diferentes culturas musicales. «Fue el primer aire fresco democrático en dictadura», señala el autor.

En febrero de 1982, durante el ocaso de la última dictadura cívico-militar y un año antes del retorno democrático, Mercedes Sosa brindó una serie de 13 conciertos en el teatro Ópera que luego quedaron marcados a fuego en la vida cultural argentina. Lo que estaba aconteciendo en esos show no era más que un anticipo de la primavera democrática y la posibilidad de que el pueblo argentino recuperara las libertades plenas. Como un gesto fraternal, vanguardista y democrático, la cantora tucumana reunió durante diez noches a artistas provenientes de diferentes culturas musicales: el folklore, el tango y rock, con sus diferentes variantes. En tiempos en que algunos géneros no convivían en el mismo espacio –por prejuicios o posiciones conservadoras-, Sosa convocó en el Ópera a artistas como Charly García, León Gieco, Rodolfo Mederos, Antonio Tarragó Ros, Ariel Ramírez y Raúl Barboza. La experiencia quedó registrada en el disco doble en vivo Mercedes Sosa en Argentina (1982), uno de los más vendidos de la historia de la música popular argentina.
Con prólogos de Teresa Parodi y Romina Zanellato, el periodista platense Facundo Arroyo reconstruyó la historia del regreso de Mercedes Sosa de su exilio en París y Madrid –se había ido en febrero de 1979 luego de meses de amenazas, persecución política y censura- en el libro Y un millón de manos que me aplauden (2023), editado por Gourmet Musical. “Es un poco una linda vuelta de la vida, porque crecí escuchando en mi casa familiar a Mercedes. Mi mamá es fanática y además es profesora de danzas y mi papá es cantor de música popular. Entonces, además del seno musical en el que crecí, Mercedes era una presencia muy fuerte”, dice Arroyo sobre el interés sobre el tema. “La idea inicial del libro nace como una nota en Billboard. Siempre me parecía que faltaba sistematizar este hecho. Se contaba muy sobre la anécdota, que es lo que pasa mucho también en el registro periodístico del folklore. Hay muchos libros de anécdotas y poco rechequeo. Es solo confiar en los testimonios de época. Entonces ahí mi neurotismo periodístico se activó. Cuando salió publicada la nota le fue tan bien que me terminó llamando Leandro Donozo, el editor de Gourmet, y me dijo: ‘Facu, la nota es tema de libro’”, explica sobre la génesis de esta investigación periodística que el año pasado fue nominada a mejor libro en los Premios Perfil.
-¿Por qué tomaste la decisión de empezar a narrar esta historia a partir del concierto de octubre de 1978 en el Almacén San José, en La Plata?
-Si iba a contar los pormenores de la vuelta del exilio de Mercedes Sosa tenía que contar, al menos, el último episodio que la hizo irse del país. En ese show, ella concluye que el exilio era inevitable. A partir de ese hecho, también, reúno un mix de cómo la persiguieron anteriormente para que termine tomando esa decisión después de su concierto en La Plata. Sergio Pujol me dijo: “No es fundamentalismo lo de La Plata, aunque seas –seamos- platenses, ese hecho es la primera parte del recorte que elegiste, inevitablemente”.
-Se ha escrito antes sobre los históricos conciertos del Ópera, aunque nunca con tanto detalle y precisión, ¿Qué datos nuevos encontraste o te sorprendieron durante la investigación?
-De arranque, porque no estaba demasiado estructurada ni ordenada la sucesión de hechos. Y me parece, como digo en el libro, en términos políticos, sociales y culturales, es un hecho muy importante para el desarrollo de lo que se venía, es decir, la apertura democrática. Es el primer aire fresco democrático en dictadura. La serie de shows se hace todavía en el contexto de la dictadura cívico-militar, a seis semanas de que estalle la Guerra de Malvinas. Entonces es importantísimo, porque no estaban obviamente las condiciones dadas para que se pueda hacer y finalmente se hizo. Yo hago una relectura a la distancia, pero me parece que lo más importante era ordenar un poco los testimonios y la información. La información que había eran solo testimonios directos y los testimonios directos a veces no son exactos, entonces estaba buena también la chance de rechequear, con datos históricos. Estructuré todo un poco eso y además saqué a la luz relatos que en apariencia son alternativos de vivencias personales pero que para el libro terminan siendo bastante importantes, hasta son el hilo narrativo de algunos capítulos.
-¿Por ejemplo?
-En el capítulo de Malvinas, por ejemplo, el testimonio de Martín Raninqueo es el hilo narrativo por su importancia. Por otro lado, me encantó el proceso de hemeroteca. Estoy muy agradecido con la Hemeroteca López Merino, de acá de La Plata, chiquita, pero muy simbólica, donde encontré dos de las notas que habían salido en Clarín, que no las podía encontrar en los archivos donde está el diario histórico de Clarín, ni en la Biblioteca Nacional. Una era, de hecho, la cobertura que hizo Clarín. Esa foto famosa de “La Negra” arriba del auto saliendo de Ezeiza en el remis contratado de Clarín con el periodista arriba. Y después la otra nota en la que Grinbank da cuenta de que quiere traerla acá a Argentina. Mercedes la lee y ahí empieza a decir que quizás era posible una vuelta. Esas dos notas me costaron un montón y cuando aparecieron fueron increíbles.
-¿Y por qué pensaste en la figura del poeta, cantautor mapuche y veterano de la Guerra de Malvinas Martín Raninqueo como un actor relevante para narrar esta historia?
-La mayor sorpresa del libro que es Martín Raninqueo como el hilo narrativo del capítulo tres fue producto de la investigación. Un día me apareció él por un privado de Facebook y me dijo dos oraciones letales: “Hola Facu, yo lo último que hice antes de ir a la guerra fue ir a ver a Mercedes Sosa y estando en las islas, una de las únicas cartas que mandé y que llegó fue en la que yo le pedí a mi mamá que me comprara el LP Mercedes Sosa en Argentina y fue una de las maneras de sostenerme simbólicamente desde allá”. Después de esas dos oraciones letales y de encontrarme con él en su casa y que me contara su historia -yo ya la conocía, obviamente, porque Martín acá es bastante conocido-, fue medio inevitable elegirlo como hilo narrativo. A partir de eso también un poco surgieron las historias paralelas que fui eligiendo para cada uno de los capítulos.
-¿Por qué creés que fue tan significativo para ese momento histórico el gesto cultural de Mercedes Sosa de reunir a artistas del tango, el rock y el folklore -y sus variantes tradición/ruptura- en un mismo escenario?
-Fue muy importante sobre todo porque Mercedes da a entender y demuestra que es posible la unión, no sólo de géneros, me refiero al tango, al folklore y al rock, sino también de las disputas dentro de cada género. Un ejemplo: “María va” de Antonio Tarragó Ross, en ese momento, era un chamamé que estaba en discusión con la tradición del género, que a veces es más fuerte que la tradición del tango, durísimas a la hora de abrirse ante nuevas experimentaciones. Lo mismo con Raúl Barboza, dos chamameceros de pura cepa que hoy en día forman parte de la tradición del chamamé, pero que en ese momento generaban una disrupción y mucha discusión. Entonces, hacia el interior de los géneros también fue importante dar cuenta que estaba todo bien, que mientras la canción de raíz popular esté en el centro de la escena, se podía hacer tanto un tema de Sui Géneris como uno de Ramón Ayala. Eso lo maceró, primero lo propuso, después lo maceró y lo ejecutó Mercedes Sosa, sin ningún tipo de lugar a duda. Dio el ejemplo para que un montón de otros referentes hasta hoy en día lo hagan, pero ese gesto siempre estuvo en ella y siempre fue la referencia total de eso. Después podríamos hablar en términos musicales: Mercedes cantando un tango por primera vez, Mercedes justamente haciendo un tema de Sui Generis. Fue un repertorio muy pensado, calibrado, muy negociado con la Junta Militar. Las mayores reuniones que Grinbank y Matus tenían con las autoridades de facto tenían que ver con el repertorio, qué hacer y qué no hacer. Le prohibieron algunas canciones, como “La carta”, que la termina haciendo y que también por esa razón se termina exiliando nuevamente.
-El libro, entre otras cosas, pone sobre la mesa ciertos valores como la solidaridad, la libertad de expresión, la diversidad, la importancia de las raíces y la memoria, y el rol de la cultura popular. ¿De qué manera creés que resuena el libro en este contexto social, cultural y político?
-No sé bien cómo resuena pero sí sé cuáles fueron sus intenciones. De arranque, adelantar los tiempos de su edición después de conocer los resultados de las elecciones presidenciales en 2023. Me parece interesante que se hable de Mercedes Sosa, de que tuvo que exiliarse, mientras a la gestión de Nación llegaban negacionistas y empobrecedores de derecha. Una derecha modelo sin marca de otras experiencias internacionales que no tuvieron ni un gramo de bondad en sus aventuras en el poder. Recordar que la voz cantante más importante de Latinoamérica (y conocida a nivel mundial) tuvo que exiliarse de nuestro país es una respiración profunda que da como horizonte posible reactivar la memoria y pensar nuestro presente con la historia en la mano. Una historia fresca y activada para un presente denso y oscuro.

