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Qué compraron los rosarinos por internet durante la cuarentena

La imposibilidad de salir, sumada al hastío producto del aislamiento, disparó en la ciudad las ventas en las tiendas virtuales.

Lo peor de la cuarentena es la incertidumbre, no saber hasta cuando seguirá y cómo será la vida una vez que se cumpla ese esperado anhelo de que, finalmente, se levante. Va a pasar, todo pasa, pero mientras tanto todo es espera, tiempo muerto, vacío, y es así pese a estar en familia, al teletrabajo, a las maratones inagotables de Netflix. Hay que ocupar el tiempo libre, y eso es un riesgo, más desde que se habilitaron las ventas por internet.

   “Vivo solo, termino de laburar al mediodía, a la tarde no tengo nada qué hacer, me aburro”, cuenta Juan, estrella de la tele, influencer, aspirante a actor, tan insoportablemente inquieto que un especialista no dudaría en diagnosticarlo como “hiperactivo”. “Entonces vi la publicidad en Instagram, y dije “¿por qué no?”, hice el pedido, diez litros de pintura y, un sombrerito de papel de diario, para las fotos, y puse manos a la obra”.

Sin ninguna experiencia, un pincel de brocha gorda, una “piletita”, como bautizó a la bandeja donde se remoja el rodillo, y una semana de trabajo a destajo dejó como nuevas las paredes de la casa. “Me envalentoné y me metí en internet y compré una máquina para hacer sopa”, revela orgulloso, el bricolaje y la cocina, antes del aislamiento, eran territorios desconocidos para él. “¡Tiemblan Picasso y Narda!”, bromea como en la pantalla.

La reina de internet

Desde que se habilitó la venta online para pequeños comercios, con un estricto protocolo de prevención sanitaria, comenzaron las compras y las entregas a domicilio. Muchos que nunca antes se habían atrevido a poner los datos de su tarjeta en internet lo hicieron y otros, los menos, los que ya tenían experiencia, le dieron luz verde a sus pedidos, y los paquetes, uno tras otro, fueron llegando por correo, cadete o en taxi a la puerta de sus casas.

Brenda, que el año pasado se mudó del corazón del microcentro a una casa con jardín en General Lago, es fanática de las compras on line. La cuarentena potenció su entusiasmo. “Compré de todo, aproveché que hay ofertas buenísimas, ropa, remeras, calzas, una babucha, y uno saquitos tejidos que encontré a buen precio y son lindísimos”, enumera sin respirar, y sigue: “También una cucha para Frida y unos juguetitos para que se entretenga”.

“Con esta se mueren, conseguí una moto mochila pequeña, hogareña, para pulverizar el césped por los mosquitos, hay que cuidarse del dengue”, se ufana orgullosa en grupo de WhatsApp que armaron con las chicas del gym ni bien surgió la amenaza del coronavirus. Ellas, sus discípulas, no le fueron en saga, compraron de todo un poco, colchonetas y mancuernas para hacer gimnasia, moldes para hornear pan y hasta un rompecabezas.

La Cámara de Comercio Electrónico no tiene números, pero sí tendencias de los rubros con mayor demanda. Los supermercados que antes de la pandemia contaban con venta online fueron los grandes ganadores, pese a los problemas que hubo al explotar la demanda. También se activó la venta de ropa, sobre todo la deportiva, y las jugueterías, los abuelos y los tíos mandaron regalos a los chicos para expresarles su afecto y marcar presencia

Comprar por comprar

Tamara, la Seño Tamy como la llaman sus alumnos del segundo grado de la escuela de Parque Casas, da clases por WhatsApp. Los chicos no tienen computadoras y mucho menos wifi. Vive en Arroyito, y para matar el tiempo navega por internet y se tienta. “Me compré una bata y una maquinita para cortar el pelo, para emprolijar a mi novio, pero todavía no me animé a probarla, tengo miedo que me salga mal y me deje”, bromea.

Hay compras que se hacen por necesidad, porque no queda otra. Ricardo tuvo que salir a buscar una heladera porque a la semana de decretarse el aislamiento obligatorio la vieja se le murió, la pagó en 18 cuotas con tarjeta y, milagrosamente, se la entregaron a los dos días; Daniela, pelotitas de ping pong por Mercado Libre cuando uno de sus hijos accidentalmente pisó la última que les quedaba y la machucó. El envío le costó más que las pelotitas.

Otras compras, no tienen más razón que la sinrazón. A Luna, encargada de Relaciones Públicas de una multinacional, la cuarentena la sorprendió en su casa de barrio Luis Agote con su marido y sus dos hijos. Nunca había pasado tanto tiempo con la familia, salvo en vacaciones. “Hago home office y te aseguro que trabajo más que antes, pero así y todo tengo mucho tiempo libre, ahí es cuando me agarra el impulso de comprar”, confiesa.

“Me da por las cosas de la casa, compré un calefactor, un soporte para la tele y un lavaplatos que encontré a un 30% off y como el mío estaba oxidado…”, se excusa como si hubiera cometido un pecado. “Es que cuando pasas tanto tiempo en casa te das cuenta todo lo que necesitas, todo lo que cambiarías, yo ya moví los muebles del living tres veces y estuve a punto de floreros, una alfombra y hasta una silla color mostaza, me paró mi marido”, explica.

La compañía vegetal

Pablo no hace mucho pasó la barrera de los 40, pero se resiste a admitir el paso del tiempo, una chupines, zapatos de diseño y camperas de moda. Siempre luce atildado, como si recién saliera de una sesión con su estilista para asistir a una boda o a un evento VIP. “No compré ropa, para qué, si no se puede salir”, se lamenta sin ocultar su fastidio, a pesar de que su trabajo, al que asiste a diario, es una de las excepciones de la cuarentena.

“Compré una planta, una de la familia de los filodendros, me gustan mucho las plantas y en medio de esta rareza no hay mucho para hacer”, explica después de publicar la foto de su flamante adquisición en IG. “La vi anoche, la encargué y me la trajeron esta mañana, con tierra y todo, la verdad es que los pibes del vivero son muy eficientes”, resume satisfecho. La puso en un lugar de privilegio el balcón y, confiesa, ya piensa en buscarle compañía.

Pese al distanciamiento social, Paula, una optimista del amor, encargó un perfume; Marcela, una mochila, confiada que pronto volverá a la ruta; Hernán, una batería muda, no sea cosa que los vecinos, ahora que tiene todo el tiempo del mundo para ensayar, se enojen. Jimena, casada, madre de dos niñas pequeñas, una tostadora que a la semana se le prendió fuego. Algunos quedaron más conformes que otros, todos piensan seguir con las compras on line.

“Subieron las ventas, pero no cubren los gastos”

“Con los centros comerciales sin actividad, las marcas nacionales activaron sus tiendas online, con ofertas tentadoras, que no logran cubrir las ventas de los locales pero al menos salvan algunos gastos”, explicó a La Capital Pablo Arias, representante local de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, quien destacó la oportunidad que significa para el sector el impulso que le dio a la cuarentena al e-commerce.

“La ropa sale mucho, sobre todo la deportiva, calzado, prendas para hacer gimnasia, en Rosario el portal Digital Sport de Sport 78 está trabajando muy bien y no es el único”, apuntó Arias, y añadió: “También se movieron mucho las librerías, más las de artículos para la oficina y la escuela, las de libros arrancaron poco a poco, a pesar que la demanda es grande, porque la gente que obligada a quedarse en casa retomó la lectura”.

Por Ricardo Luque

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