Opinión

¿Quién manda en Santa Fe?

La pregunta surge después de las elecciones del domingo pasado. Pero también se impone en torno a la violencia en las calles, fundamentalmente la que se organiza desde la cárcel

Diario de los vencidos de la invencible. Paradoja de los tiempos bravos. Bolsillos chicos, mucha bala, poca sombrilla. ¿Quién decide por las mayorías? ¿Quién organiza este desmadre? Diríamos que el Gobernador tiene “la pluma” más pesada, que comparte con las lapiceras de Falistocco (Corte Suprema) y lo que permitan desde la Legislatura Santafesina los cuerpos que presiden Alejandra Rodenas (Senado) y Clara García (diputados). El gabinete ejecutivo asoma de a ratos el perfil entre actores de áreas sensibles muy activos y también muy anónimos: ese lobby que pasillea abriendo y cerrando puertas.

Eso es protocolo y también formalidad. ¿Y el pueblo? ¿El pueblo es soberano y decide? Votar, abrir o cerrar caminos para caminarlos, ¿importa? Las preguntas de la distribución del poder en la geografía de la debilidad, nos han vencido siempre.

Hay un poder oscuro que pone sobre la discusión sus mecanismos de control territorial. Una balacera para sentarnos a charlar. ¿Quién se sienta? ¿Quién arregla con la mafia un alto al fuego? ¿Quién acaso es el interlocutor de esta gestión?

En el Gobierno de Santa Fe pasaron de la desazón de la tardecita del domingo a cierto alivio mientras se releían los números. “Hubo cifras peores”, dijeron (Lifschitz salió tercero en 2017 con 25 puntos, es el ejemplo). En los distritos pesados el voto de la población no fue tan hostil para los oficialismos. “Querían ganarnos por paliza y eso no se vio”, agregan.

Mucha presencia, fue raro ver al Gobernador moverse para que la balanza no le sea tan desventajosa, para que la derrota no sea tan grande como, por ejemplo, la que en Entre Ríos Frigerio le dio a Bordet.

Nadie descorcha. Las botellas del festejo quedaron en la heladera, esperando otro momento. Los ganadores pedían paliza, los derrotados pelearon para no ser goleados. Y el lunes siguiente los líos seguían sobre los escritorios. Nadie soluciona los problemas milagrosamente.

Los que comparten cercanía con el 1, creen que el mejor camino es no dar un paso atrás en la dirección con sus peleas éticas. “No arreglar nada con los que caminan en las veredas oscuras”, dicen. Insistir con un gobierno de alianzas sí, pero no con los que cometen delitos.

La interna con Rossi deja claro que ahí no hay vuelta atrás. Aún resuena en pleno proceso contra el juego clandestino cuando el hermano del ex ministro de Defensa (Alejandro Rossi) escribió que “Los peronistas de Santa Fe nunca resolvimos nuestras diferencias mandando en cana al compañero con el que disentíamos. Nadie nunca lo hizo. Desde el 83”. Fue el 11 de diciembre 2020 a través de su cuenta @alrossioficial.

Perotti es contador. Los contadores hacen balances todos los fines de año. En diciembre el lápiz de grafito Staedtler Norica hb 2 del Gobernador define entre el debe, haber, etc, quien se queda y quien se va. Y eso se huele. Algunos ministros ya lo saben. Otros resisten la decisión.

Las muertes, las amenazas, los hechos vandálicos con olor a futbol, le ponen tilde al momento. Todo va a la misma bolsa, pero no todo tiene el mismo origen. Hay una cultura de violencia instalada en la población donde se jerarquiza al “poronga” de la semana. Si es un pibe que se “carga” a un competidor del barrio. O un “termo” que le roba un emblema a su adversario deportivo. Mundo idiota y peligroso. Aunque no todo se maneja desde el despacho carcelario de “Guille”.

Roberto,Caferra

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