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Triunfazo de Central: un golpe sobre la mesa para ponerse en órbita con la ilusión

El equipo de Jorge Almirón hizo un buen partido en el Monumental y metió una victoria gigante frente a River. Anotó en el primer tiempo y defendió la ventaja con uñas y dientes.

En esa individual de Cantizano en el minuto 91 Central empezó a convencerse de que estaba ahí, a nada de un verdadero golpe en el Monumental. En ese córner el Canalla la tuvo más de dos minutos, que fueron eternos, pero que oficiaron de sello de ese gran partido que había hecho, con algunos problemas, pero con un convencimiento increíble. Todo aquello que no había mostrado en mayo pasado lo hizo ahora. Gran victoria del equipo de Jorge Almirón ante River para una victoria gigante.

Central necesitaba esto, reencontrarse con el triunfo después de una racha muy adversa. Y qué mejor que hacerlo en un estadio que le es tan esquivo como el Monumental. Es cierto, ante un River contrariado, peleado consigo mismo y hostigado por los hinchas, pero eso no le quita méritos a la gran victoria canalla. Para ponerla en un marco. Para que sirva como ejemplo e incentivo de aquí en más.

Le costó a Central entender el partido que debía jugar. Es que los primeros minutos parecieron una continuidad de aquella semifinal del Apertura, con una banda derecha de River usufructuando todos los espacios que el Canalla dejaba. Campaz sin retroceso y Sández que tampoco hacía mucho, pagaba los platos rotos. Dos cabezazos (Martínez Quarta y Borré) fueron un llamado de atención. Pero de inmediato el equipo conectó. Al menos tomó una postura más agresiva, más competitiva.

El aviso de Central con Di María

Di María avisó con un remate suave de zurda a los 9’ y un minuto después llegó esa corrida de Cantizano (Rivero no pudo tras el envío largo de Avila) en la que se imponía definir de primera, por arriba de un Beltrán ya jugado. Se frenó y después no le salió.

Pero a esa altura Central ya mostraba otra cosa. Porque Di María la pedía y jugaba, Copetti se arreglaba de espaldas al arco y Campaz empezó a ser más incisivo. Un centro del colombiano terminó en una asistencia con el pecho de Di María y Copetti definió de cabeza, pero estaba un pasito adelantado. ¿Qué significó esa acción? Que River era vulnerable y que había que atacarlo.

Igual, los problemas en el retroceso y las desinteligencias en el fondo no habían desaparecido. Por eso Vera lo tuvo de frente al arco y Pereyra mano a mano definió por arriba, alto, tras una pérdida de Di María.

>> Leer más: Central metió un triunfazo en cancha de River, aguantando al final con uno menos

Los nervios fueron de River

El más nervioso parecía River y Central le metió sal en la herida. Copetti recibió de espaldas, la jugó para Pizarro, el chileno para Campaz y el centro terminó con Cantizano exigiendo y con Otamendi empujándola a la red. Golpazo de Central en un Monumental que se inundó del ya conocido “movete”. Ahí estaba el negocio del Canalla, en la convicción propia y la desesperación ajena. Pudo aumentar en la contra siguiente, pero la asistencia de Di María para Cantizano terminó con el remate del juvenil por arriba del travesaño.

Ledesma metió un atajadón contra Pereyra y al toque el penal que cobró Ramírez, pero que tras el llamado del VAR corrigió porque la mano había sido de Otamendi. Después de eso, poco y nada hasta ese final del primer tiempo en el que el Monumental volvió a explotar, en esa oportunidad con silbidos.

Los enormes problemas que tenía River intentó resolvérselos Ledesma en ese primer minuto del complemento, con ese macanón que se mandó cuando la pelota se le escapó de las manos cuando había empezado a llover. Pero un enorme Ovando salvó sobre la línea. Fue, prácticamente, el segundo tanto canalla.

A aguantar y de contra

Ahí el partido tomó una tónica distinta. Porque Central decidió que iba a aguantar y a jugar de contra mientras el contexto se lo permitiese. Por eso la pelota siempre estaba en los pies de los jugadores millonarios. Pero a eso para los futbolistas el balón era una bola de fuego en medio de hostigamiento permanente. Mientras, Central hacía su partido.

Aun sin un Di María del todo encendido, Fideo metió una asistencia exquisita para Campaz y el colombiano, solo frente a Beltrán, definió al bulto. Hubiese sido la sentencia.

El resto fue defenderse como podía, de a ratos demasiado cerca de Ledesma. Y fue el propio Conan quien se lo tapó de manera magistral, con el pie izquierdo, a Beltrán y después quien estuvo bien parado en el cabezazo de Rivero.

Central ya no tuvo casi más nada en el partido, sólo la decisión de Almirón de empezar con los cambios, pero en el momento en que mandó a la cancha a Pol Fernández y Badaloni llegó la expulsión de Coronel.

Por eso también adquirió un tinte más épico el triunfo canalla, porque fue con unos menos durante varios minutos. Ahí el convencimiento ya no se negociaba por nada del mundo. Y llegó esa individual de Cantizano que derivó en el córner, el toqueteo corto durante un par de minutos y muy poquito más por jugar. Cantizano exigió una vez más, pero no le dio la nafta.

Mientras el Monumental pedía por la cabeza de todos, desde el Chacho hasta la comisión, el Canalla fue cerrando un negocio perfecto. Que lo venía buscando desde hace rato y que ante el rival ideal para lograrlo cerró el trato. Triunfazo. Gigante.

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