Tanto la academia cuanto la política y los medios de comunicación han estado muy atentos a descifrar la lógica detrás de los procesos electorales que se registran en distintos lugares del mundo y su relación con los sondeos previos. Desde mediados de la década pasada las encuestas dejaron de ser un predictor confiable, por múltiples razones que nadie ha logrado desentrañar con certeza. Algunas son de tipo estructural, otras responden a diversas formas de manipulación y al desarrollo de tecnologías de la información y la comunicación que desde principios de siglo lo favorecen. Un instrumento decisivo es la inteligencia artificial, los algoritmos, la capacidad de segmentar distintos sectores de la población, componer perfiles eficaces e instalar relatos basados en falsedades, de fuerte incidencia en las urnas, donde los intereses objetivos de los electores entran en colisión con su voto. Y las redes antisociales y los telefonitos, por supuesto. En conjunto produjeron una inversión absoluta de las condiciones del espionaje: más intrusivo que nunca, pasó a ser voluntario y legal. Miles de millones de personas en todo el mundo corrían a ofrecer toda la información sobre sí mismos a desconocidos, pasando muchas horas por día frente a alguna pantalla, que ellos pagaban, y que certificaba cada paso que daban. Los límites entre la empresa privada y el Estado se difuminaron. Compañías como Cambridge Analytica ofrecían sus servicios a partidos políticos de distintos países para difamar a sus adversarios. Una filmación con cámara oculta mostró que entre sus argumentos de venta la empresa incluía una operación de desprestigio sobre la Presidenta argentina CFK. Otra víctima local fue el ex ministro Daniel Filmus, quien reclamó ante la Justicia y consiguió un fallo favorable, cuando el daño político y moral estaba hecho. La presencia descollante de la nueva oligarquía tecnológica en la ceremonia inaugural Trump 2.0 y el rol de Elon Musk en el gobierno que asumió ese día lo simbolizan a la perfección. Tanto tenemos que ver, que Musk eligió como emblema la motosierra que le regaló Milei.
Si bien se había insinuado antes, la conciencia colectiva sobre el fenómeno emergió en junio de 2016, con el plebiscito que determinó que el Reino Unido dejara la Unión Europea, pese a que las encuestas vaticinaban una mayoría en favor de la permanencia. Una década después es evidente que muchos de quienes decidieron el Brexit están arrepentidos, y que no ha sido beneficioso para Londres. Pocos meses después, los arúspices subestimaron a Donald Trump en estados clave de Estados Unidos. Pero sacar conclusiones ideológicas válidas de estas coincidencias es tan improbable como descubrir como ganar a la ruleta, y tanteando caminos similares.
¿Pudo haber una mano intencional?
Desde entonces, la más antigua y firme alianza entre los dos imperios no ha hecho más que resquebrajarse, y este año hasta se han escuchado notas marciales. En abril de 2023, Netflix comenzó a emitir la excelente serie La diplomática. Allí se narra que un misil estadounidense impactó en el buque británico HMS Courageous y provocó la muerte de 41 tripulantes. Ambas potencias quedan al borde de la ruptura de relaciones. Luego se sabe que hubo una intervención rusa, pero durante varios episodios todo gira en torno a Estados Unidos.
En la elección presidencial brasileña de 2022, con Jair Bolsonaro en la presidencia gracias a la proscripción y detención del candidato del PT luego del juicio político que destituyó a Dilma Rousseff, Lula se impuso por una diferencia mínima, que no había sido prevista por los encuestadores.
En el balotaje presidencial del 30 de octubre de 2022 estos fueron los resultados:
- Lula da Silva: 50,9 % (60.345.999 votos).
- Jair Bolsonaro: 49,1 % (58.206.354 votos).
Diferencia: 1,8 puntos porcentuales (2.139.645 votos).
En la primera vuelta del domingo pasado, la diferencia entre el hijo 1 de Bolsonaro y el mismo Lula, que dentro de dos semanas cumplirá 81 años, se invirtió.
- Flávio: 47,03%. (56.104.503 votos)
- Lula: 45,16%. (53.879.538 votos)
Diferencia: 1,8 puntos porcentuales (2.224.965 votos).
La diferencia fue porcentualmente igual, pero inversa. Ambos perdieron votos respecto de cuatro años atrás: 6,4 millones Lula, y 2,1 millones el hijo de Bolsonaro respecto de su padre.
También la abstención indica un mayor cansancio respecto del proceso electoral respecto de 2022. En aquel balotaje concurrió a votar el 79,41% del padrón y se abstuvo el 20,59%. La semana pasada visitaron la urna el 78,92% y pegó el faltazo el 21,08%. Apenas el 0,49% de diferencia y aun así un número de asistentes que supera con claridad los porcentajes argentinos: que fueron del 76,3% el día de 2023 en que Milei ganó la presidencia. Esta vez hubo más votos blancos que en el anterior balotaje, pero menos nulos. Los hombres sabios dirán qué significa eso.
Por mitades
Esta interminable sucesión de cifras puede resultar abrumadora y no permite deducir quién vencerá en la segunda ronda. Parece confirmarse, como dijimos la semana pasada, que el electorado está partido por mitades y que gane quien gane será muy difícil gobernar Brasil, porque la odiosidad entre ambos bandos es absoluta, en ese sentido sí, similar a lo que sucede en la Argentina entre libertarios y kirchneristas.
Pero la política del Presidente Lula es muy distinta a la del Presidente Milei. El Estado interviene en forma activa en la economía, apoya a la industria y al mismo tiempo contiene a los sectores relegados con aumentos salariales y programas como Bolsa Familia. Eso se refleja en los resultados económicos que, sin ser espectaculares, muestran indicadores positivos. Pero, igual que en la Argentina, la relación entre los salarios y el precio de bienes y servicios esenciales ha producido un alto número de endeudados, con una tasa de interés que está entre las más altas del mundo. Al asumir la presidencia por primera vez en enero de 2003, Lula dijo que su objetivo era, a la finalización de su mandato, desayuno, almuerzo y cena para todos los brasileños. Casi un cuarto de siglo después, no parece suficiente. Tampoco la contenida inflación, que apenas pasa del 5%, ni el crecimiento del PIB, que supera el 3%.
Las primeras encuestas previas al balotaje orientan acerca de tendencias del electorado que contradicen ciertos lugares comunes: Lula se impondría entre las mujeres, los jóvenes y las personas más educadas; Bolsonaro entre los varones, las personas mayores y aquellos con menor nivel educativo. Ese perfil de los votantes de Lula se acomoda a la imagen convencional de un progresista, al estilo de Alberto Fernández o Axel Kicillof; el de los partidarios del primogénito de Bolsonaro a la de un populista como Milei, aunque él se autopercibe liberal y libertario. En el conjunto del electorado, esos primeros sondeos arrojan una ventaja de entre 4 y 7 puntos en favor del senador de ultraderecha, aunque es posible que cuando leas esto, ya hayan variado.
Y por casa
Las elecciones de la provincia de Buenos Aires del año pasado mostraron mayor distancia entre las encuestas y la realidad. Vale la pena recordarlo ahora, porque la simultaneidad o el desdoblamiento de las elecciones provinciales y las nacionales fue la primera discordancia manifiesta entre Cristina y Kicillof. La ex Presidenta se pronunció en el Congreso partidario de diciembre de 2024 en favor de convocar a las elecciones para cargos provinciales en la misma fecha en que se realizaran las nacionales, como había sido siempre. Nadie lo objetó. Pero el gobernador decidió lo contrario, alegando sólo dificultades técnicas por los distintos sistemas de votación.
Todas las encuestas para la elección de 23 senadores provinciales, 46 diputados provinciales y 1.097 concejales y consejeros escolares, en los 135 partidos y ocho secciones electorales de la provincia, arrojaban una diferencia de entre dos y tres puntos en favor de Fuerza Patria sobre La Libertad Avanza. Con una sola excepción: Management & Fit veía por delante a La Libertad Avanza por casi 8 puntos. Es la empresa de Guillermo Seita, un operador más interesado en la política que en la sociología electoral. Pero el 7 de septiembre las listas impulsadas por los intendentes prevalecieron por casi 14 puntos (47,28 a 33,71) sobre aquellas que representaron a los Hermanos Milei. Kicillof, que ya había creado su movimiento futurista, lo celebró como una victoria sobre Cristina. La ex Presidenta, en cambio, dijo que había que aguardar a la elección nacional y explicó que los intendentes habían movilizado todas sus fuerzas para asegurarse el control de los respectivos consejos deliberantes y ponerse a salvo del fantasma del juicio político, un clásico peronista.
Ni el gobernador ni la mayoría de los encuestadores lo tomaron en cuenta. Los sondeos publicados a partir del 13 de octubre dieron entre 9 y 15 puntos en favor de Jorge Taiana sobre José Luis Espert. Luego de su retiro por el escándalo de la financiación de su candidatura por un narcotraficante, se transfirieron a su reemplazante, Diego Santilli. Al margen de cualquier valoración política, un rostro sonriente desplazó a uno sombrío. En el anuncio del cambio, Santilli dijo, mostrando la boleta con el rostro draculiano del ex candidato: «Si querés elegir al Colorado, votá por el Pelado».
El 26 de octubre, cuando se eligieron 35 diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires, la lista encabezada por Santilli obtuvo 3.577.880 votos y la del ex ministro peronista Taiana 3.532.656, una mínima diferencia inferior a medio punto porcentual, pero en contra del favorito. Es decir que, de la elección provincial a la nacional, el partido de los Hermanos Milei mejoró en 14% su relación con Fuerza Patria.
La luz de Kicillof
Si en septiembre votó el 63% del padrón, en octubre llegó al 68%. Los 8.774.788 votantes de septiembre pasaron a 9.013.159 en octubre. Pero el oficialismo nacional sumó casi un millón de votos en la provincia de Buenos Aires. Fuerza Patria, ya sin la movilización del intendentismo, perdió 200.000.
La posibilidad de una derrota de Lula pese a sus políticas sociales ha sembrado inquietud en la oposición a Milei. Axel Kicillof procura sacudirse el mote de «soviético» que le colgó el Presidente, y que se ha propagado incluso en el campo propio. El remedio elegido son los gestos de moderación, y puede ser peor que la enfermedad, porque también ha advertido que una parte de su propia base lo considera tibio. En el actual contexto y con la cloaca parlante en pleno ejercicio de sus habilidades, esa imagen de blandorro no es la más atractiva. Tampoco la idea de que es el candidato natural y que el resto debería seguirlo sin chistar porque lo contrario es favorecer a Milei. La semana pasada, su gobierno y las distribuidoras eléctricas apelaron la medida judicial que ordenó retrotraer los aumentos de las tarifas. La Resolución 585/2026 del Ministerio de Infraestructura dispuso una suba a partir del 1° de julio para los usuarios de Edelap, Eden, Edea y Edes. El Defensor del Pueblo, Guido Lorenzino, solicitó una medida cautelar contra esos aumentos. El Juzgado en lo Contencioso Administrativo N° 1 de Bahía Blanca, a cargo del juez Agustín López Cóppola, no solo suspendió esas actualizaciones, sino que también ordenó a las empresas devolver los aumentos que ya habían cobrado. Aclaró que la medida también alcanzaba a las cooperativas eléctricas bajo jurisdicción provincial y municipal. Argumentó que durante una década (es decir durante toda la gestión de Kicillof) no se habían realizado las audiencias públicas que aseguran la participación de los usuarios antes de las actualizaciones tarifarias. López Cóppola concedió la apelación presentada por la Provincia y las distribuidoras, que buscan que la Cámara en lo Contencioso Administrativo de Mar del Plata revoque la cautelar o, al menos, que los recursos tengan efecto suspensivo. Según la provincia, no es obligatorio convocar a esa audiencia antes de cada actualización tarifaria.
Las distribuidoras plantearon además dificultades operativas y financieras. Afirman carecer de facultades para confeccionar un nuevo cuadro tarifario, sin la aprobación previa del Ministerio de Infraestructura. Cuestionaron que la cautelar ordenara volver al cuadro tarifario anterior para los componentes provinciales, pero mantuviera los precios nacionales correspondientes a la energía, la potencia y el transporte. Las distribuidoras también señalaron que la Resolución 585/2026 había sido reemplazada por la Resolución 682/2026, que fue alcanzada por la cautelar pese a que no había sido impugnada en la demanda. Esa Resolución había reducido el aumento en la factura final a partir de agosto. Mientras el gobernador sigue recorriendo el país en su campaña electoral por la presidencia, que está prohibido mencionar como campaña electoral por la presidencia, durante la cual reparte patrulleros y ambulancias que expresan su idea del federalismo, su gobierno se alinea con las empresas en defensa de un aumento que sus habitantes deben sumar a los de todos los servicios desregulados por el gobierno nacional. Además, su alter ego futurista, Carli Bianco, dijo que si las Naciones Unidas fallaran a favor de Cristina, no sería obligatorio para la justicia argentina, y que recién el año próximo se discutirán candidaturas.
Rapidísimo
Más rápida que Buster Keaton, la Corte Suprema de Justicia realizó un acuerdo extraordinario para borrar con el codo la Acordada por la que venía de suprimir la cautelar que un juez había concedido a los ex combatientes de Malvinas de La Plata, contra el artículo 154, del decreto 70 de 2023, que suprimió todo límite a la venta de tierras a extranjeros en cualquier lugar del país. Como dijo el ministro de Relaciones Exteriores Pablo Quirno, cualquiera podría comprar una provincia entera (sic). Escudado en tecnicismos, el triunvirato judicial le negó al CECIM platense legitimación para defender la soberanía, pero el viernes dictó una «cautelar interina», ante la solicitud de la ONG ambientalista Árbol de Pie, dos asociaciones mapuche y la columnista del Cohete Magdalena Odarda, que fue diputada nacional y presidenta del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, por la que decidió remitir el expediente al juzgado federal de Bariloche.
Para formar mayoría convocaron a dos conjueces, Diego Barroetaveña y Juan Ignacio Pérez Curci, que votaron junto con Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti. Carlos Rosenkrantz se pronunció en disidencia. El gobierno nacional presionó por esta decisión y se declaró dispuesto a negociar los límites a la ley de extranjerización de tierras, mientras sigue insistiendo en que se mantenga el resto del decreto 70. Es probable que lo consiga, porque la oposición hasta ahora no ha logrado reunir los 129 votos que necesita para derogarlo, en la sesión especial pedida para el próximo jueves 15, cuando confluirán en la calle reclamos universitarios, de personas con discapacidad y de centrales sindicales. El retroceso al mismo ritmo que en ocasión del 2×1 ratifica que desde la calle llega el aire puro que permite respirar en este clima político. Pero también está claro que no es suficiente y que la rosca transversal es una enredadera que oprime y sofoca.
El hartazgo
El Presidente Javier Milei, que esta semana volverá a Estados Unidos, compite con Trump para atribuirse el mérito de la victoria de Bolsonaro. Si se trata de medir lo soez de los insultos dedicados a Lula, tiene razón. Trump supera a Milei en otros rubros, pero si se trata de regurgitar desde la cloaca es insuperable. En Brasil, además, Trump no hizo referencias explícitas a la elección antes de que se conocieran los resultados, a diferencia de Milei. Lo máximo que hizo el norteamericano esta semana fue llamar Mohamed al candidato demócrata Abdul El- Sayed. Aun así, sólo la desmesura del pequeño jefe libertario puede ignorar la influencia en toda la región de quien preside Estados Unidos, sea demócrata o republicano. Tiene los recursos políticos, económicos y militares para ello, y está tiñendo el mapa desde un polo hasta el otro con los colores de su bandera. Quedan pocos islotes de excepción, y uno de los dos más importantes entró en zona de riesgo hace una semana. Las carabelas que se ven venir, ahora no enfilan hacia una terra incognita. En esta misma edición, Héctor Luis Saint-Pierre* analiza sus implicancias, que son aterradoras.
Pero días despues de que Lula vuelva a encontrarse con Bolsonaro, será el propio Trump quien deba presentarse ante la mesa examinadora de su padrón electoral. De la boca para afuera, es un obsesivo negador, en lo que también se parece a Milei. Pero no deja de preocuparse por los datos que se van acumulando y que señalan que tampoco él es inmune al hartazgo. La guerra contra Irán que prometió acabar en siete días, lleva ya siete meses y, pese a haber perdido a su plana mayor política y militar, la teocracia persa sigue constituyendo una amenaza verosímil para la superpotencia. Para sorpresa generalizada, los misiles y drones de Irán están obligando a los estadounidenses a abandonar sus bases y aeronaves en Bahréin, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Catar, y a trasladarlas cada vez más lejos de Irán. Según el New York Times, algunas de esas bases sufrieron daños tan graves que en el Pentágono hay poco interés en reconstruirlas. Si intentara volver a bombardear a Irán o sus aliados, sus aviones «deberán despegar desde territorio estadounidense, lo que requiere tiempo y mucho combustible. Además, sus reservas de misiles son escasas», añade el NYT.
El candidato republicano al Senado por Texas, Ken Paxton, atribuyó durante un evento de recaudación de fondos su desventaja en las encuestas a la guerra con Irán y al aumento del precio de los combustibles derivado del bloqueo del estrecho de Ormuz. Esto se refleja también en un aumento de la inflación y, sobre todo, de la tasa de interés que, a su vez, presiona hacia arriba las hipotecas que definen el costo de la vivienda. Estas cuestiones tienden a globalizarse y son de las que mayor incidencia tienen sobre la intención de voto. Los demócratas están adelante en estados de tradicional voto republicano, como Texas, Oklahoma, Alabama, Ohio, Nebraska y Florida, y los candidatos republicanos no desean la compañía de Trump en los actos proselitistas. Como si nada hubiera cambiado, Trump se sigue rodeando de chicas de plástico, además de las virtuales de la IA. Esta semana fueron relevantes su nueva secretaria de prensa, Katie Zacharia, y su impresora humana, Natalie Harp, que se ganó ese mote por no alejarse más de diez pasos de Trump, con pilas de documentos impresos que le alcanza en el momento en que él los necesita. Parecen seleccionadas en un casting de Daniel Hadad.


Francia y España
España está conmocionada por la muerte de Maricarmen Abascal. Era una jubilada de 87 años que fue desalojada del departamento de Madrid en el que vivía desde hace 70 años, porque no pudo pagar el aumento del alquiler que le fijó la sociedad propietaria. La intensidad de las movilizaciones en el centro de las principales ciudades y la presión del Presidente del gobierno, Pedro Sánchez, quien adelantó para el 29 de noviembre las elecciones generales, forzaron a la inmobiliaria a reducir el alquiler para que Maricarmen pudiera volver a su casa. Pero no pudo ser, porque la salud resentida de la combativa anciana no aguantó.
La vecina Francia, donde también la vivienda es un problema insoluble, enfrenta un nuevo alzamiento juvenil, por el ruinoso estado del sistema educativo. Edificios a punto de derrumbarse, ajustes presupuestarios, cátedras vacantes, falta de personal de maestranza, clases superpobladas con más de 30 alumnos, motivan la protesta. La policía la reprime con una tecnología que ya ha mutilado a un adolescente. Allí las elecciones generales están previstas para el 18 de abril, con balotaje el 2 de marzo. Francia tiene una tradición de un siglo y medio: cada vez que la extrema derecha asoma con posibilidades de acceder a la presidencia, el resto del arco político se une para impedirlo.
En la última década del siglo XIX los socialistas de Francia enfrentaron una disyuntiva que marcó la historia de su país. Estaba por cumplirse un siglo de la Revolución, y sus valores eran impugnados por un movimiento de características nuevas, gestado en 1888 en torno del ministro de guerra, general Georges Boulanger.
En su estimulante libro La droite revolutionnaire, les origines françaises du fascisme (Editions du Seuil, 1978), el historiador Zeev Sternhell reseña las dificultades del liberalismo para adaptarse a la sociedad de masas, con sus «nuevas capas sociales, los millones de trabajadores y de asalariados de los grandes centros industriales”.
Un sector del socialismo francés, denominado los posibilistas, planteó la alianza con el centro liberal y se convirtió en el más sólido custodio de las libertades burguesas amenazadas por la agitación nacionalista y antisemita. Otro sector, en cambio, se opuso a tal acercamiento porque consideraba que la adhesión recibida por Boulanger expresaba “el descontento general contra una República que sólo ha sido la República de los capitalistas”.
Al acudir en socorro del orden liberal, los posibilistas hicieron que el movimiento obrero francés dejara de ser un factor revolucionario, mientras la izquierda no conformista se sumó a la derecha antiburguesa, dando origen al primer socialismo nacional de la historia. «Sus hombres permanecieron fieles a un aspecto de su compromiso: dejaron de ser socialistas, pero siguieron siendo revolucionarios”, escribe Sternhell.
Nadie logró escapar de la trampa. Unos abandonaron los ideales de transformación social y se volvieron defensores del orden establecido. Los otros continuaron siendo socialistas, pero al sustituir el concepto de clase social por el de Nación, sentaron las bases para el surgimiento del fascismo. Ese movimiento, de origen francés, nunca triunfó en Francia, porque la burguesía tuvo fuerza suficiente para defenderse sola, sin necesidad de las camisas pardas. La única excepción fue durante la ocupación alemana, con el gobierno colaboracionista del héroe de la Primera Guerra Mundial, el Mariscal Pétain, y su primer ministro, Pierre Laval.
El ex paracaidista en Argelia, Jean-Marie Le Pen, llegó a disputar un balotaje sólo en 2002. En la primera vuelta superó en el segundo lugar al primer ministro socialista Lionel Jospin, pero en el segundo fue liquidado por Jacques Chirac y el Frente Republicano que se organizó para apoyarlo. Le Pen sólo obtuvo el 17,7% de los votos. En 2015, su hija Marine condujo un proceso disciplinario en el Frente Nacional que dispuso la expulsión de su líder y fundador, por sus reiteradas negaciones del holocausto, que llamó «un detalle de la historia». Luego de ese lavado de rostro, ella misma llegó dos veces al balotaje, en 2017 y 2022, donde fue batida por Emmanuel Macron, pero duplicó el piso que había alcanzado su padre. Ahora encabeza las encuestas para la elección de abril de 2027. La incógnita es si se volverá a organizarse la resistencia republicana para detenerla.
Cerca de la frontera francesa con Alemania está Estrasburgo, donde tiene su sede el Parlamento Europeo. El artista danés Jens Galschiøt presentó allí una escultura que representa a un Trump dorado y desnudo, a hombros de un caddie de golf.

Es una adecuada respuesta a la furia de Trump por el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Navi Pillay, mi compañera en el Comité Internacional contra la pena de muerte. Navi encabezó la comisión especial de Naciones Unidas que describió como genocidio la agresión de Israel al pueblo palestino, en represalia por un acto terrorista de Hamas, y Trump replicó que desfinanciaría a todas las organizaciones internacionales de derecho humanitario. En esta misma edición podés enterarte de la biografía de esta persona extraordinaria, que fue comisionada de Naciones Unidas sobre derechos humanos. Solemos compartir asiento en las reuniones anuales del Comité, de modo que no me sorprendió el sentido del humor con que recibió la noticia del premio Nobel: «Si siguen aplaudiendo, tal vez voy a compartirlo con Trump», ironizó.
