La extracción de conversaciones de WhatsApp fue la base de la evidencia para acusar a una mujer apodada Peke y a su pareja, también acusado en el caso del policía Gabriel Sanabria, como coautores del homicidio agravado de Ángel Ocampo, acribillado en la madrugada del 28 de mayo
Seducido por teléfono, Ocampo quedó a merced de un plan criminal. (Facebook)
La promesa de una cita fue la perdición de David Ángel “Chino” Ocampo, quien la madrugada del 28 de mayo fue acribillado tras una larga espera en la esquina de Tucumán y Dorrego. Minutos antes de su muerte, el joven mantuvo conversaciones con Nadín “Peke” Martínez, la mujer que lo sedujo y lo terminó entregando a los homicidas, según la investigación de la fiscal Gisela Paolicelli.
Entre los gatilleros que se movilazaron en un auto Nissan robado, estaba Sebastián Antonio Coronel, quien por esos días comenzaba a salir con la Peke Martínez, la femme fatale de esta historia de drogas, sexo y muerte. La noche anterior –según la investigación–, Coronel había atentado contra la vida del policía Gabriel Sanabria. Y su madre, María Soledad Meyer, había sido detenida por encubrir a los atacantes que se refugiaron en su casa de Ayacucho y Hungría.
El Chino Ocampo mantuvo conversaciones con Nadín hasta minutos antes de la agresión, a las 4.30. Ello quedó plasmado en el iPhone de la víctima. Y en el teléfono Samsung que Nadín Martínez olvidó en el Nissan del cual partieron los disparos. El auto, tras el atentado, chocó por Moreno y Catarmarca y el teléfono quedó extraviado en el asiento trasero, al igual que uno de sus zapatos.
“Ey escucha vos tenes, vos tenes una monedita (…) pagamos un buen telo bien piola a medias, Vamos activar ahora, boluda, dale que son las 4 ¿dónde estás vos? Qué te iba a decir… ey, hay que comprar un par de champeta antes de entrar, ¿tenes una mochilita o algo vos?” le escribió Ocampo a Nadín.
“Sí, bobo, yo ahí termino y voy para allá donde vos estás, esperame”, le respondió la mujer.
Al mismo tiempo, Nadín mantenía conversaciones con Coronel, quien dijo sentirse enfermo, y quizá preocupado por su madre detenida. Pero estaba decidido a cumplir con el pedido de la “Peke” Martínez. “Me voy a despejar un toquecito y le voy a mandar curso”, le confió a la mujer.
“El loco me va a llamar entre las 4, 5 para mí, 6 más tardar, igual yo le voy a calentar la pava”, le confió Nadín a Coronel.
Coronel juntó coraje se aferró al “santito”, San La Muerte. La misma figura que tenía en la mesa de luz cuando fue detenido la semana pasada en Gallo al 1600 y quería llevarse consigo: “Ya estoy positivo, ya estoy como tengo que estar siempre, ya así que le voy a mandar mecha, ya me tengo fe, me tengo alta fe, no es por nada. Le tengo fe a mi santito que me cuida a full”.
“En dónde me esperas que ahí salgo a tomar el taxi”, le contestó Nadín a Ocampo, que ya estaba impaciente porque su teléfono se quedaba sin batería.
“Ey boba mirá que tengo 10 de batería y tengo el Iphone de mierda este y se gasta al toque y se me llega a apagar estoy acá en Tucumán y Dorrego” –le dijo Ocampo a su presunta cita–.
“Dale que es re tarde, Peke, Pequeña”, insistió el joven. Nadín le dijo que estaba a ocho cuadras, en taxi.
—“Bueno, mi amor, la ganas de probarte”, fue uno de los últimos mensajes que recibió Ocampo. Su último mensaje fue un insulto a un taxista que no existía, ya que Nadín ya se encontraba en el Nissan con Coronel: “¿Qué viene, en tortuga el gil este, boluda?”.
“Hoy coronamos y te casás conmigo”, le había prometido Nadín a Coronel esa noche antes de encontrarse para llevar a cabo el plan homicida, según el legajo fiscal.
El móvil del crimen no fue develado, aunque según se desprende de los diálogos, la pareja acusada del crimen obedeció a una orden. Nadín le confió a Coronel la necesidad de “cerrar esto ya”.
“¿Qué te dijo aquél? Vos le dijiste que lo querías hacer o él te dijo. Yo hago esto y me voy a calmar un poco, que como que ésto lo necesito ya, eh, hace un montón trato y me da vueltas, y la vez que lo quise hacer no se pudo y así, es como que necesito cerrarlo a esto ya.”


