Víctor Hugo Morales: “Nos habíamos acostumbrado a decir que eras eterna”
En el inicio de su programa, el periodista y conductor de La Mañana aseguró que la muerte de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora deja un “golpazo de soledad” y recordó las últimas charlas y el vínculo que habían construído a lo largo de los años.

Se nos fue Taty. Al menos bajó los párpados y se quedó quietita. La sonrisa por dentro, la de siempre, la que no se borrará nunca cuando digamos su nombre.
Trate de pensar en Taty sin esa luz siempre risueña de sus ojos. No va a poder. Taty es Taty, ahora para siempre. Partió con su mensaje de lucha, la que nunca habló de derrotas. No nos han vencido, venceremos.
En el teléfono queda más de un llamado del tipo: “Querido, ¿qué te parece si…?”. Andaba siempre dando una mano, preocupada por los otros, con un ramillete de esperanzas en el puño, como se llevan las flores.
Se pierde el próximo cumpleaños, era inminente, ese día en el que se sentía una reina rodeada de amigues, cuando en el decir de ella estaban todes los que la quieren. Faltaba poco. Qué pena. Pero bella es la muerte del luchador.
Taty, ¿dónde no estuviste? ¿A qué teatro faltaste? ¿En qué plaza no estuviste? ¿En qué pelea? Allí, sentada con las otras magas de la libertad del alma, en la Plaza de Mayo, chistosa, a las risas con Estela, saludándote desde el escenario a los rostros que reconocías.
Feliz de ver al pueblo. Era lo que más te gustaba, salvo verlo actuar a Julián Infantino, tu nieto. “Tenés que verlo, me decías, ya vas a ver que es una joya”. Y después te dejaba el mensajito tras ver El presente de Eduardo. “Tenés razón, Juliá es fantástico”. Y me imaginaba que te derretías en el teléfono.
Qué lindo hacerte feliz. Tanto lo merecías, qué simple era.
En tiempos en que la maldad gana tal terreno, es un golpazo de soledad el que nos das. Nos habíamos acostumbrado a decir que eras eterna. A Taty no hay con qué darle. Bueno, ahora lo sos, sos para siempre: leyenda de pañuelo blanco.
Sabés que todo el mundo llamó esta tarde para avisar que te ibas, como si tuviéramos miedo de que alguno de los que te amamos no se enterase.
Pablo Gorlero me llamó a México: decile que se está despidiendo Taty, informó a mi mujer, con la que nos pusimos a escuchar tus últimos WhatsApp y a esperar.
Estaba sedada, dijeron. Ya está, anunció otro llamado. Dejé abierto Página12 como esperando la confirmación. Ese último aliento que te dejaba Alejandro en su poema para vos, lo soltamos como a una queja, o a un alivio, no sé bien.
Te llevas una mujer que fue un ejemplar único, una marca registrada, un ser irrepetible, muchacha entre los pibes, comandanta de iniciativas en todos los frentes. Ahí siguen llegando noticias.
Te velarán en FOETRA desde las 11. Lo que te van a llorar, mujer. Taty, ¿qué haces, qué decís? ¿Pasa algo? ¿Sabes qué, querido?
Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga y no da tiempo a un último grito, dejaré el último aliento para decir te quiero.
Por Taty no podemos dejar la vida en pausa.
El Indio cantaría que la que sigue siendo siempre tiene premio. La que sigue luchando siempre tiene premio. La que no abandona tiene premio.
Por ejemplo, ser para siempre Taty Almeida.
