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Festival Bandera: la apuesta que consolida a Rosario en el mapa de la música argentina

El Festival Bandera celebrará su séptima edición el sábado 24 de octubre, con más de 30 artistas, cuatro escenarios y una nueva sede en Rosario.

Festival Bandera: la apuesta que consolida a Rosario en el mapa de la música argentina.

El Festival Bandera se prepara para una nueva edición con una apuesta que busca ampliar su alcance sin perder el vínculo con la ciudad que lo vio nacer. El sábado 24 de octubre, el Parque Estación Central Córdoba de Rosario será la sede de la séptima edición del encuentro, que reunirá a más de 30 artistas en cuatro escenarios y propondrá un recorrido por diferentes géneros musicales, desde el rock y el pop hasta el indie, la música urbana y la electrónica.

La edición 2026 tendrá entre sus principales figuras a Las Pastillas del Abuelo, Guasones, La Vela Puerca, Dillom, El Mató a un Policía Motorizado, YSY A, Bandalos Chinos, Aterciopelados y Peces Raros. También participarán Marilina Bertoldi, Zoe Gotusso, Javiera Mena, Lisandro Aristimuño, El Zar, Mi Amigo Invencible y Perras on the Beach, entre muchos otros proyectos de distintas generaciones y procedencias.

Una de las principales novedades será la incorporación de un cuarto escenario, que permitirá ampliar la programación y profundizar una de las ideas centrales del festival, que cada persona pueda construir su propio recorrido musical, alternando entre artistas consagrados y propuestas que quizás todavía no forman parte de sus escuchas habituales.

En diálogo sobre el presente y el futuro del evento, Eduardo Rocca, de Produce Crack, repasa los objetivos que guiaron la creación del Festival Bandera, el lugar de Rosario en el mapa de la música en vivo y la importancia de sostener espacios de encuentro en una época atravesada por las plataformas digitales y los algoritmos.

Cuenta regresiva para la séptima edición del Festival Bandera

-El Festival Bandera nació en Rosario y hoy convoca a público de distintos puntos del país. ¿Qué creen que hizo que trascendiera la ciudad y se convirtiera en una referencia nacional?

Desde la concepción del festival, el objetivo fue que desde Rosario se convocara a público, bandas y escenas de todo el país y, en general, de Latinoamérica. Siempre tuvimos una programación que incluye una buena porción de artistas locales para reflejar e impulsar la escena. La idea nunca fue hacer un festival que tapara lo que estaba pasando en la ciudad, sino que, por el contrario, ayudara a visualizarlo y a construir un público para que año a año crecieran tanto el evento como toda la escena musical de Rosario. Por suerte, eso está sucediendo y queda reflejado en el crecimiento del festival año tras año.

-Rosario tiene una identidad musical muy fuerte y una historia fundamental para el rock argentino. ¿Qué lugar ocupa hoy la ciudad dentro del mapa de la música en vivo del país?

Para la música argentina, Rosario es fundamental y, para el rock en español, es trascendental. No solamente para el rock argentino, sino para el rock escrito en español. De hecho, en el primer año en que hicimos el festival, durante su lanzamiento, impulsamos un reconocimiento a Lito Nebbia por parte de la ciudad y de la legislación de Rosario, por la importancia que tuvieron su figura y su música de avanzada para la época y para todo lo que vino después. Entre otras cosas, para que existieran festivales como el Festival Bandera, que posiblemente no hubiesen existido de otra manera.

Dentro del mapa de la música argentina, creo que hoy Rosario se encuentra entre las tres plazas principales por las que todos los artistas consideran pasar para hacer sus propios shows.

 

El Festival Bandera se prepara para una nueva edición con una apuesta que busca ampliar su alcance sin perder el vínculo con la ciudad que lo vio nacer.

El Festival Bandera se prepara para una nueva edición con una apuesta que busca ampliar su alcance sin perder el vínculo con la ciudad que lo vio nacer.

 

-La identidad del Bandera parece estar justamente en la diversidad: rock, pop, indie, urbano, electrónica y artistas consagrados que conviven con nuevas voces. ¿Cómo se construye una grilla tan ecléctica sin perder una identidad propia?

A la hora de programar el festival, siempre nos interesa que los artistas consolidados, mainstream, convivan con escenas en desarrollo o con artistas emergentes que nos parecen interesantes. Queremos que la gente pueda descubrir en el festival artistas de los que se está hablando, que están en ebullición y que todavía están construyendo su propio público.

Un festival como este impulsa que esos proyectos puedan consolidarse. También alimentamos un ida y vuelta con las escenas latinoamericanas. Por ejemplo, este año tenemos a Aterciopelados, de Colombia; La Vela Puerca, de Uruguay; y Javiera Mena, de Chile.

Para nosotros es muy importante ese intercambio a través del lenguaje en español y de la composición de canciones, y que todos esos artistas interactúen en un mismo espacio para generar estímulos diferentes en la gente.

-Este año suman un cuarto escenario y más de 30 artistas en una sola jornada. ¿La expansión responde a una demanda del público o también a una intención de ampliar lo que significa la experiencia de ir a un festival?

Este año incorporamos un cuarto escenario motivados por el crecimiento del evento, por las posibilidades que nos brinda el cambio de lugar físico en el que vamos a desarrollarlo y también porque la programación de esta edición busca que la gente pueda construir un festival dentro de su propio festival.

Hay una línea que podemos llamar de rock, con Las Pastillas del Abuelo, La Vela Puerca, Guasones y La Franela. Hay otra más urbana, con artistas como YSY A, Dillom y Ramma, y una más indie, con Javiera Mena, Vandera y Aterciopelados. También hay una línea latinoamericana que atraviesa esos géneros, porque La Vela Puerca forma parte del universo del rock, Aterciopelados tiene su propia identidad y Javiera Mena también dialoga con el indie.

La idea fue que la gente pudiera armar su propio recorrido dentro del festival y que, queriendo o sin quererlo, terminara descubriendo cosas que seguramente la van a impactar, aunque no hayan sido los artistas que inicialmente la movilizaron a comprar la entrada. En buena medida, la incorporación del cuarto escenario tiene que ver con esa propuesta.

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-En un momento en el que gran parte del consumo musical pasa por las plataformas y las pantallas, el Bandera pone en el centro la experiencia de encontrarse físicamente con otros. ¿Qué creen que sigue teniendo un festival en vivo que ninguna tecnología puede reemplazar?

Está claro que el consumo digital y las plataformas musicales cambiaron la relación de la gente con la música. La forma de consumir cambió y el compromiso con los artistas o con los discos muchas veces es distinto del que podían tener otras generaciones. Pero también es cierto que el consumo de música nunca fue tan grande ni estuvo tan presente como en esta época, en la que todos llevamos canciones en el bolsillo. Eso nunca había sucedido.

Hacer convivir esa relación con la experiencia presencial de participar de un festival es muy importante e interesante. Cada persona seguramente lo vive de una manera distinta, pero creo que también tiene que ver con la memoria emotiva que puede generar esa experiencia. La relación con un artista puede dejar un recuerdo que quizás no se produce al escuchar esa misma canción a solas, con el teléfono, en casa.

Además, un festival termina generando una curaduría, propone artistas que son descubiertos durante el evento por personas que, en su consumo digital, quizás no les habían prestado tanta atención o directamente no habían llegado a ellos. También hay que tener en cuenta el papel del algoritmo, que determina qué música nos llega y cuál no.

El festival interviene en esa relación de otra manera y genera impactos diferentes, vivencias, anécdotas y emociones que lo digital no puede generar. Lo digital produce otras experiencias, pero no las mismas que se viven en un encuentro presencial.

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