Con el cronograma electoral sobre la mesa, en los pasillos de la política santafesina ya se habla de un acuerdo entre el Príncipe y el León Libertario, Javier Milei. Las especulaciones crecen, las piezas empiezan a acomodarse y las negociaciones prometen convertirse en la comidilla de la temporada. Pero mientras todos miran hacia el palacio para descifrar los términos del pacto, los dirigentes del Partido de la Rosa siguen repitiendo, con solemnidad casi litúrgica, que con Milei no.
La paradoja es todavía mayor cuando se observa que la presidenta del Concejo Municipal de Rosario sostiene una postura similar, pero continúa dentro de la misma alianza política en la que el Príncipe, según las versiones que circulan, estaría tejiendo un entendimiento con el León sin necesidad de firmar nada ni mostrar demasiado las cartas. Una alianza dentro de otra alianza, con diferencias discursivas para la tribuna y silencios bastante funcionales a la hora de los acuerdos.
Porque la política no se define solamente por lo que uno dice, sino también por lo que hace y, sobre todo, por lo que deja hacer. ¿De qué sirve proclamar que con Milei no, si se permanece en el mismo espacio político en el que el Príncipe negocia, a escondidas y sin poner la firma, un entendimiento con el León?
El Partido de la Rosa parece haber encontrado en la omisión una forma elegante de participación política. No hace falta sentarse a la mesa para ser parte del banquete; a veces alcanza con no incomodar a los comensales. Se denuncia a la derecha en los discursos, se invoca la tradición progresista en las entrevistas y se reserva la indignación para cuando ya no queda nada por impedir.
Al final, el Príncipe negociará, el León buscará avanzar y la Rosa podrá seguir repitiendo que con Milei no. La pregunta es cuánto puede durar esa ficción cuando todos comparten la misma alianza, pero algunos parecen conocer de antemano el menú electoral y otros todavía fingen no saber quién está sentado a la mesa.
Porque en la Triple Alianza del Absurdo, unos hacen los acuerdos, otros preparan el terreno y el Partido de la Rosa corre el riesgo de convertirse en el socio más conveniente: el que no firma, no aparece en la foto y proclama sus diferencias, pero permanece dentro de la alianza mientras el Príncipe le abre la puerta al León.
