La renuncia de Daniel González al puesto de virtual viceministro de Economía no es un hecho menor en el contexto político actual. Es la persona que Luis Caputo puso por sobre el secretario de Energía en agosto de 2024, como su hombre de confianza en un área clave de la gestión. Por su trascendencia política pero, además, por ser el área por donde iban a pasar los principales negocios en esta etapa.
Dentro de su esquema de poder, para Caputo el ex director financiero de YPF era su principal cuadro político y en ese rol llegó a ocupar un cargo creado especialmente para él.
Desde el inicio de la gestión mileista, la relación entre el ministro Caputo y su primer secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, nunca fue buena. El manejo de las cuestiones técnicas (regulaciones) y tarifarias por parte de este último nunca fueron totalmente del agrado del ministro. O quizás habría que decir, sin riesgo a equivocarse, que a Caputo no le agradaba que un funcionario que no era de su círculo de confianza manejara no sólo un área vital de la economía sino, además, la relación con los más fuertes e influyentes empresarios de la etapa: los popes del negocio energético.
El nombramiento de González y la creación del cargo de “secretario coordinador de Energía y Minería, el 28 de agosto de 2024, por encima de los dos secretarios de dichas áreas, empezó a ordenar el tablero en más de un sentido. No sólo Caputo asumía que asumía el control absoluto en dos áreas clave de la estrategia económica del modelo exportador concentrado. Sino que, además, daba una señal tranquilizadora a los grandes actores del sector, fundamentalmente del negocio petrolero y eléctrico.
s pudieran derivar No es que los grupos económicos al frente de las empresas energéticas estuvieran en desacuerdo con Rodríquez Chirillo o con Luis Caputo, ambos bastante “afines” a los intereses privados. Lo que preocupaba era el “desencuentro” entre ambos y que esas disputas pudieran derivar en desprolijidades, como ya se estaba viendo. Definido quién iba a estar a la cabeza del sector, en la persona de otro funcionario conocido y “afín” a sus intereses, el grupo de los poderosos del sector convalidó la operación política.
La renuncia de Rodriqugez Chirillo apenas seis semanas después fue apenas un trámite ya previsto, aunque más interesante es repasar cómo se eligió su sucesor, o sucesora en este caso.
Fue en octubre de 2024. Mauricio Macri, líder del PRO, se supone que por decisión propia, le planteó al asesor presidencial Santiago Caputo conversar sobre el área energética. Le sugirió que, definida ya la estructura de poder oficial bajo control de su tío, el Toto Caputo, el PRFO podría aportar a la nueva secretaria de Energía, que iba a fuincionar bajo el mando de Daniel González, y dejar consolidada así una alianza en un tema clave para el modelo económico en ejecución.
El asesor “libertario”, tras consultar a Toto, aceptó la propuesta, y el mismo día que se ñle daban a Rodriguez Cirillo las gracias por los servicios prestados, la ex integrante del equipo de asesores en energía de Patricia Bullrich, María Tetamanti, era elegida como nueva secretaria del sector.
Daniel González, por supuesto, se mostró complacido con el nombramiento y de inmediato distribuyó los roles. Tetamanti con su equipo de técnicos se haría cargo de todas las funciones operativas, incluídas los cambios de regulaciones, tarifas y subsidios, mientras que el secretario coordinador se reservaba para sí las tratativas relacionadas a grandes negocios: privatizaciones y renovación de concesiones, proyectos que se incorporarían al RIGI, y cualquier otro tema vinculado a las negociaciones políticas con los principales grupos empresarios del sector. Entre ellos, las compras y v ventas de participaciones empresarias, sobre todo cuando se producía algún retiro o desinversión por parte de alguna empresa extranjera.
Nada quedaba librado al azar ni mucho menos al “libre juego de la oferta y la demanda”.
Ganadores y perdedores
Nadie puede poner en duda que en los dos años de gestión de este esquema de gestión en energía, los resultados para las empresas han sido altamente provechosos. No sólo han convertido a Vaca Muerta en la gallina de los huevos de oro, sino que el sector eléctrico logró una rentabilidad como nunca tuvo. Además, el retiro de empresas extranjeras del negocio petrolero, gasífero y eléctrico tuvo siempre veloces reemplazos en favor de grupos económicos locales que se han expandido e invertido en compras de empresas por cifras muy superiores a las que se le podía atribuir previamente. Cómo consiguieron los fondos algunas de ellas es un misterio aún no revelado.
Sin embargo, el reparto de esos beneficios no mereció los mismos halagos. La economía nacional, en su conjunto, no recibió ninguna ventaja por tener el país energía abundante y barata, lo que podría haberle dado un gran impulso a la competitividad internacional de diversos sectores manufactureros.
Tampoco las provincias (salvo Neuquén) fueron muy favorecidas en ese reparto. De acuerdo al funcionamiento actual del esquema, derivado de la controvertida reforma constitucional de 1994, los gobiernos provinciales son los que tienen la decisión sobre las concesiones de explotación de áreas y las condiciones de la licitación, pero es el gobierno nacional quien percibe las regalías y dispone su distribución. Y esta última no suele resultar muy al gusto de los gobiernos provinciales.
Como contrapartida, algunas provincias consiguieron un manejo alternativo; crean una empresa estatal provincial y obligan al concesionario a asociarla en un 10% del capital accionario del consorcio ganador. Así, se aseguran una participación directa en las ganancias.
Otra vía de obtener beneficios para las provincias es obligar al concesionario a realizar obras públicas –por ejemplo, caminos provinciales– que los recursos que reparte el Estado nacional ya no garantizan. Pero, como es obvio, son muy pocas las provincias en condiciones de imponer este tipo de condiciones. Sólo Neuquén se destaca por sus logros en la materia.
Este esquema de reparto desigual que la gestión de Caputo y Daniel González convalidó, fue generando rispideces entre los gobernadores y estos funcionarios. González reclamó el apoyo del gobierno nacional frente a los reclamos de gobernadores, a los que la gestión de Milei necesita más que nunca como aliados. Caputo, en su momento de mayor debilidad, no se lo pudo ofrecer.
Daniel González presentó la renuncia, pero no contra Caputo, sino como una respuesta de ambos a la falta de apoyo del gobierno. De hecho, el secretario coordinador hizo pública su decisión a través del canal de streaming Carajo, en el programa Las Tres Anclas, de tres funcionarios de Caputo: Vauthier, Furiase y Núñez.
No es un gesto de protesta de González contra Caputo, sino de ambos contra la Casa de Gobierno, cuyo control está identificado en la figura de Karina Milei. Caputo bajó a su principal cuadro político, obligado por las circunstancias y en respuesta a la preferencia de la secretaria general de la Presidencia por los gobernadores.
Por si quedaran dudas, desde el Palacio de Hacienda anticiparon que el vacío que deja González, por ahora, no será cubierto.
