Opinión

Manual de la Amnesia Selectiva del Príncipe

En la invencible provincia de Santa Fe, al parecer la amnesia política está a la vuelta de la esquina. En menos de 4 años, el príncipe pasó por tres posturas completamente antagónicas.

 

A mediados de 2023, cuando el príncipe era ungido en el búnker de Unidos para Cambiar Santa Fe, veíamos como se abraza con varios dirigentes que hoy parece desconocer, entre ellos a José Luis Espert. Sonrisas, promesas de prosperidad y fraternidad política. La foto es impecable, el Príncipe y el referente libertario celebran juntos, convencidos de que la libertad siempre luce mejor cuando hay cámaras.

En aquel entonces, nadie parecía preocupado por las compañías. Los abrazos eran sinceros, las coincidencias convenientes y la memoria, impecable.

ACRO II. EL DESPERTAR REPUBLICANO (2025)

Pasan dos años y el Príncipe descubre una vocación inesperada por la transparencia. Espert queda en el centro de las controversias y, de pronto, llegan los reclamos de explicaciones, las declaraciones solemnes y las advertencias sobre los dobles discursos.

¡Qué notable evolución institucional! Informan con ansias los medios de ese momento (el año pasado). El Príncipe parece haber olvidado que alguna vez compartió escenario y abrazos con aquel a quien ahora exige explicaciones. El León, en cambio, mantiene su respaldo a Espert. Al menos en materia de memoria política, la diferencia es evidente: uno reclama distancia; el otro sostiene la defensa.

ACTO III. EL EXPEDIENTE Y EL MILAGRO DEL OLVIDO (2026)

Llega 2026 y Espert es procesado en una causa por presunto lavado de dinero, con restricciones judiciales para salir del país. El escándalo escala y el Príncipe redobla sus exigencias de transparencia. El León, mientras tanto, sigue defendiendo a su aliado.

Y ahí aparece el verdadero prodigio del reino: el Príncipe parece haber olvidado el abrazo de 2023, pero no la oportunidad de exigir explicaciones en 2026.

Porque la transparencia es un valor admirable, siempre que venga acompañada de memoria. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en una herramienta de ocasión, se reclama para los demás y se administra con indulgencia cuando las fotografías propias entran en escena.

No vamos a defender al León pero si hay que reconocer que defiende a Espert con todas las consecuencias políticas que eso implique, a diferencia del Príncipe quien debería revisar su álbum antes de dar lecciones de coherencia.

Porque las fotografías no militan, no negocian y no emiten comunicados. Simplemente recuerdan.

¡Viva la libertad, carajo! Y viva, también, la memoria: esa incómoda institución republicana que ni siquiera el Príncipe puede derogar por decreto.

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