Opinión

La impudicia del Poder Judicial

El bochorno y Lamelas

España devolvió a los argentinos una imagen penosa de su Presidente, mientras el embajador Lamelas le compraba votos en Neuquen. Si no gana, no hay plata, dijo el embajador injerencista.

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid recibe a Javier Milei en su visita a Madrid
Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid recibe a Javier Milei Capturas de Video

Entre el comienzo del juicio por la causa Los Sauces-Hotesur contra la expresidenta Cristina Kirchner, presa con tobillera, y el bochornoso viaje de Javier Milei a España se vislumbra el gran equívoco de una época: El Poder Judicial está infestado y el imaginario de las mayorías argentinas se convirtió en un espejo roto donde esa mayoría se visualizó como un antihéroe bizarro, odioso y pegajoso. Cortito y al pie: al mismo tiempo, el embajador norteamericano Peter Lamelas anunciaba en Neuquén que habría inversiones de 20 mil millones de dólares, sólo si Milei era reelecto el 2027.

Fue muy ilustrativa la cara de la alcaldesa de Madrid, la derechista Isabel Díaz Ayuso, cuando vio que se le abalanzaba con los brazos abiertos un personaje con la camisa salida del chaleco, el pelo apelmazado, la cara abotagada y un tremendo apósito en el cuello. Milei sobreactuó el abrazo del oso a la mujer porque fue la única que lo recibió. Su amigo del alma, el jefe de la franquista Vox, Santiago Abascal, huyó de Madrid cuando se enteró de la llegada de Milei. Y los derechistas del Partido Popular no le dieron ni la hora. La diferencia no es que Díaz Ayuso ame a Milei, sino que los otros dos son candidatos en las próximas elecciones españolas y la alcaldesa no. Milei es piantavoto. Y para colmo, el Rey emitió una declaración pública donde se negaba a recibirlo. En la diplomacia se entiende como una señal de profundo disgusto.

Toda la visita fue espantosa. Milei estaba desbordado, quizás porque ya sabía el desaire que le harían sus amigos de España o porque las preguntas de los periodistas, de derecha o de izquierda, hacían referencia al fracaso de la economía en Argentina. Desquiciado, insultó a Clarín y su plantel de periodistas, a los y las periodistas españoles y llamó dictador al presidente de España, Pedro Sánchez. Lo que antes parecía excéntrico del presidente de los argentinos, ahora se vió como grotesco y violento. Sánchez aprovechó la boleada y usó a Milei para desprestigiar a los candidatos de la derecha.

Los españoles no han naturalizado los insultos a periodistas y las agresiones ordinarias que caracterizan a Milei. La imagen que tienen sobre la catástrofe económica en Argentina y la idea que se formaron del responsable de esa tragedia es más exacta y está más difundida que la de una gran parte de los argentinos que aceptan la ordinariez como discurso político y la mentira sobre la economía, aún cuando ellos mismos las sufran.

Esa masa, influida por el relato de “los chorros peronistas” inducido por los grandes medios con la complicidad de un sector del Poder Judicial, acepta los escándalos de las empresas de Mauricio Macri y la corrupción en el gobierno de Milei. Gracias a las políticas que votaron, una gran parte de ellos no llega a fin de mes y es blanco de las burlas de sus propios dirigentes.

Sin embargo, muchos de ellos volverán a votar las políticas que los castigan. Es difícil racionalizar ese voto, por lo cual, los que cantan victoria porque creen que Milei está débil, pueden equivocarse, como les pasó en las elecciones de medio término.

Al mismo tiempo que la Justicia sobreseyó a Milei y a su hermana en la causa Libra, empezó el juicio por la causa Hotesur-Los Sauces, que al igual que las causas Cuadernos o Vialidad, fueron operadas para encarcelar a Cristina Kirchner como símbolo de las políticas de soberanía y justicia social. Todas esas causas fueron armadas por funcionarios judiciales muy dudosos como el fallecido juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli y otros del fuero federal que eran asiduos visitantes en la quinta de Olivos y la Casa Rosada en tiempos de Mauricio Macri, que era la expresión política de los intereses que había afectado el gobierno kirchnerista. Lo que está “preso” simbólicamente son esas políticas de justicia y soberanía representadas en la ex presidenta.

Pese a la persistente campaña mediática y judicial, a su encarcelamiento y las medidas estrictas a que la someten, la imagen de Cristina Kirchner en la sociedad figura entre las más altas. Algunas la presentan como la que tiene mejor imagen por encima de los oficialistas Milei y Patricia Bullrich. En ese mismo ranking aparece la figura del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, en algunas encuestas con uno o dos puntos más que la expresidenta, en otros, un poco menos. Pero son las dos figuras que tienen más respaldo en la oposición.

En el caso de Kicillof se le suman otros datos positivos. Es el político que mejor mide en la provincia de Buenos Aires, después de gobernarla durante ocho años muy difíciles, con sequía y pandemia y con el boicot del gobierno de Milei. Y además, entre los posibles candidatos del peronismo, es el que fideliza el 95 por ciento de los votos de la ex presidenta.

El último dato es un problema para ambos, que no terminan de encontrar puntos de convivencia, porque al compartir ese espacio quedan interdependientes. Esas diferencias constituyen el obstáculo más importante para que la oposición pueda mostrar una alternativa de consenso. En ese contexto, los jefes de bancada en el Congreso, José Mayans y Germán Martínez convocaron a la segunda reunión de dirigentes del espacio de Unión por la Patria.

Es la segunda reunión de este tipo y esta vez se realizó en la casa de la provincia de La Pampa, con el mismo sigilo, la misma reserva, que la reunión anterior. Además de los legisladores, estaban Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa y los gobernadores de La Pampa, Sergio Zilioto, La Rioja, Ricardo Quintela y de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, el senador santiagueño, Gerardo Zamora y el dirigente del peronismo federal Juan Manuel Olmos. Sólo hicieron declaraciones Mayans y Ziliotto.

Tanta reserva demuestra que son conscientes que las discusiones internas producen rechazo cuando la mayoría de la población tiene problemas graves. También resultó evidente que la información que dieron sobre el temario de la reunión fue, por lo menos, parcial. Lo menos que se puede deducir es que todos expusieron las que consideran condiciones mínimas de convivencia. Además de la problemática socioeconómica que involucra varios de los proyectos de ley en el Congreso, todos acordaron en la importancia de las PASO.

Si la imagen y la intención de voto es compartida por Kicillof y Cristina, en una situación donde la expresidenta no podría ser candidata o no podría asumir en caso de ganar, las cifras que los pone en la cima del ránking se dividiría. Y esa división no le conviene a ninguno de los dos. A uno lo afectaría en sus aspiraciones como candidato. Y pondría en situación vulnerable el liderazgo de Cristina. En esos términos, las PASO serían contraproducentes si no hay un acuerdo previo. Uno se permitiría deducir que la discusión más fuerte va por ese carril.

El miércoles 21, el embajador estadounidense, Peter Lamelas, viajó a Neuquén para visitar la exposición Oil & Gas Patagonia 2026 y habló en la Cámara de Comercio Argentina-Texas. El embajador le importa un pepino la injerencia en la política interna del país anfitrión, algo que es causa de expulsión en el mundo de la diplomacia. Lamelas hizo campaña abiertamente por el oficialismo, habló de las inversiones que están por llegar al país para proyectos energéticos, pero las condicionó al triunfo de Milei el 2027. “Apoyamos a este gobierno. Estados Unidos seguirá apoyando si sigue a la derecha, si va a la izquierda, no”. El tipo le compra votos a Milei. Más claro no se puede.

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