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Con leve ventaja para Bolsonaro, candidatos buscan el voto de los indecisos y una multitud despidió a la última campaña de Lula

En un escenario de empate técnico en las encuestas, este domingo se define el futuro de un país, pero también empieza la despedida de la contienda electoral de una figura legendaria de la política internacional.

Con leve ventaja para Bolsonaro, candidatos buscan el voto de los indecisos y una multitud despidió a la última campaña de Lula

Parte de los 33 millones de personas (el 21% del electorado) que se abstuvieron de votar en la primera vuelta del 4 de octubre definirán este domingo al próximo presidente de Brasil entre el mandatario y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro.

 

En un escenario de empate técnico en las encuestas, el ganador de la primera vuelta por 47 a 45, Flávio Bolsonaro, es el gran favorito ya que nunca desde la redemocratización y las elecciones de 1989 el vencedor de la primera ronda perdió el balotaje. La última encuesta de Datafolha le dio este sábado a las 18.30 la victoria 51% a 49 a Bolsonaro hijo, pero dentro del margen de error, es decir, empate técnico.

 

Son las elecciones más importantes de la historia de Brasil porque por un lado puede ponerle fin a la era de Lula, tras participar e su séptima campaña luego de haberlo hecho en 1989, 1994, 1998, 2002, 2006 y 2026. Pero también poner fin a la república surgida de la Constitución de 1998, ya que Flávio Bolsonaro, si vence, será el presidente con más poder desde el fin de la dictadura militar (1964-1985), En caso de victoria, Flávio Bolsonaro, según anunció, cambiará la Constitución, se quedará cinco años y no cuatro e indultará el día de su asunción, el 5 de enero de 2027, a su padre Jair, expresidente entre 2019 y 2022 que está preso e incomunicado en su prisión domiciliaria por haber intentando un golpe tras la derrota sufrida ante Lula. Además, se consagraría como máximo líder de toda la derecha Jair Bolsonaro, verdadero factótum de la victoria en primera vuelta, sorpresiva, que hizo al PL ganar dos tercios del Senado y la mayor banca en Diputados.

En caso de victoria de Lula, será algo inédito porque sería la primera vez que el segundo le gana al vencedor de la primera vuelta. En Brasil, a diferencia de Argentina, gana quien tiene más del 50 por ciento más uno de los votos. 

“Nuestra victoria depende de la reducción de la abstención. Necesitamos matemáticamente reducir entre tres o cuatro puntos de la abstención para que tengamos la victoria. Es algo que dependerá mucho del impacto generado en las redes sociales para perforar otras burbujas, otros públicos”, dijo el gobernador reelecto de Piauí, Rafael Fontenles, del PT, uno de los asesores de Lula en esta segunda vuelta. El nordestino Fontenles es una de las caras de la renovación del PT, con Lula reelecto o no.

Lula se despidió el sábado por la tarde con la mayor manifestación de los últimos años en la Avenida Paulista, en el corazón de San Pablo, la mayor ciudad de Brasil y de Sudamérica, con 12 millones de habitantes. Arriba de una camioneta, como en sus tiempos de sindicalista metalúrgico, pasó en medio de la multitud con una bandera de Brasil en una mano y la Constitución de 1988 en la otra. El mensaje es claro: para el PT, Flávio Bolsonaro creará una suerte de gobierno a la húngara como hizo durante 20 años Viktor Orban, que este año perdió las elecciones. Todo el poder en la mano de Flávio, de Jair y Donald Trump. “Un poder faraónico”, es la definición del momento.

En la Avenida Paulista Lula dio su última declaración antes de votar este domingo alertando sobre la carrera vinculada a los paramilitares de Río de Janeiro de Flávio Bolsonaro: “Los brasileños no pueden permitir que un miembro de una milicia entre en el Palacio Presidencial. Es imposible que no podamos convencer a la sociedad del riesgo que corren la democracia, la libertad y la gente de bien. Estoy seguro de que ganaremos las elecciones. Recuerden mis palabras: mañana seré reelegido presidente de la República”.

Lula, que se levanta a las 5 de la mañana para hacer una hora y media de ejercicios, tuvo un sábado ajetreado, ya que antes de San Pablo hizo la misma caravana por la playa de Copacabana, donde repitió el abrazo con la multitud. Sobre todo con la juventud que apareció en las calles a favor del presidente luego de un letargo de cuatro años sin movilización.

Los indecisos buscados por las campañas también podrán indagar en el debate de la tv globo del viernes por la noche, cuando Lula sostuvo que los argentinos disminuyeron el consumo de carne vacuna y “están comprando carne de burro” debido al ajuste de Javier Milei, un ejemplo citado por Flávio Bolsonaro para aplicar su ‘tijeretazo” al presupuesto.

En un debate con intercambios de acusaciones y gritos, Lula logró según el diario O Estado de Sao Paulo vencer entre los focus groups de indecisos, sobre todo porque fue llamado de Nueve Dedos por Bolsonaro, tras lo cual el presidente contó que era el único trabajador en la sala y recordó como su dedo meñique fue cortado en un accidente en una prensa en una metalurgia de San Pablo a los 17 años, cuando hacía horas extras a la madrugada. “Muchos accidentes ocurren por opresión patronal”, dijo.  Otro punto abordado por Lula fue haberlo llamado “miliciano” y acusado de haber defendido, como senador, a un policía que mató con un fusil a una niña de cinco años en Río de Janeiro. La madre de la niña acompañó a Lula al debate.

Flavio, en tanto, evitó mostrar los detalles de su plan económico para reducir el gasto público y así, según explicó, bajar la tasa de interés que afecta a las familias endeudadas. Estuvo menos pendenciero que en el primer debate de la tv Bandeirantes. Hizo hincapié en que reducirá el control ambiental en la selva amazónica para liberar grandes proyectos solicitados por la base bolsonarista para ampliar la frontera agrícola.

Las agencias de chequeo de datos le dieron a Flávio 40 mentiras o datos mentirosos, es decir, el 80 por ciento de su participación en el debate, contra 20 por ciento de Lula. 

Líder en las encuestas, Flávio se despidió de su electorado en Belo Horizonte y un acto en Barra de Tijuca, el exclusivo barrio de Río de Janeiro, frente al barrio cerrado donde tiene una de las casas Jair Bolsonaro. El mismo condominio de casas frente al mar desde donde salieron en marzo de 2016 los parapoliciales que asesinaron a la concejala socialista Marielle Franco.

 

 

La última de Lula, el líder que cruzó desiertos

Una figura legendaria de la política internacional, Luiz Inácio Lula da Silva, un líder metalúrgico que se hizo global al cruzar del siglo XX al XXI, tres veces presidente de la mayor economía de América Latina, Brasil, el país insignia de la desigualdad secular del Tercer Mundo hoy llamado Sur Global, comienza su despedida.

A los 80 años, Lula participa este domingo de su última elección, en la que puede lograr otro evento de su vida cinematográfica, ser reelecto -siendo punto y no banca- en una década en la cual en Sudamérica los electorados no perdonan reelecciones, sea por el algoritmo, sea por nuevos sujetos sociales formateados en el individualismo y en la lógica protestante de encarar la acumulación de riqueza, lejos de las articulaciones políticas clásicas cuyos libros se quemaron en varios países. Lejos de aquel Lula que después de pasar 580 días en la cárcel injustamente por la Operación Lava Jato -un procedimiento judicial que enterró la ingeniería multinacional brasileña y cambió la ley petrolera- pensó que la política tradicional podía contra la ultraderecha. En 2022 lo logró ante Jair Bolsonaro, que terminó preso.

Pero incluso preso Jair Bolsonaro es uno de los ganadores de la primera vuelta, al lograr desde su prisión domiciliaria incomunicado que el Partido Liberal y su hijo mayor, al que llama O1, vencieran y rompieran todos los pronósticos.

Si vence este domingo, Lula habrá quebrado el paradigma de tener un cuarto mandato y sería el primero que sale segundo y logra una remontada.

Considerado un prócer a la altura del padre de los pobres y creador del Brasil industrial y laborista moderno, Getúlio Vargas, que gobernó en forma dictatorial de 1930 a 1945 con el Estado novo y tras haber sido electo entre 1952 y 1954, Lula ha dejado en la campaña de la segunda una vuelta una movilización que sólo recuerda al reverdecer democrático de cuando enfrentó en 1989 a Fernando Collor de Mello, con derrota.

Lula, fundador del Partido de los Trabajadores, es el primer presidente surgido de la entraña del pueblo en llegar a la presidencia de Brasil. Conoció el agua potable a los cinco años. Lo mismo que la carne, antes de emigrar de la sequía y del hambre del sertão de Pernambuco al estado de Sao Paulo, donde aprendió tornería y se hizo metalúrgico en el ABC Paulista, el Gran Sao Paulo símbolo de la industrializaicón caótica y desigual.

Flávio, la sorpresa y el delegado del Mito

Flávio Bolsonaro, abogado de 45 años, nunca tuvo un trabajo en el sector privado como empleado sino que en su vida pública siempre fue empleado parlamentario y tuvo emprendimientos que son foco de investigaciones de lavado de dinero, una tienda de chocolates en un shopping de Barra de Tijuca y un estudio de abogacía. Flávio fue empleado fantasma (ñoqui) del bloque de diputados de su padre en 2000, durante 16 años fue el diputado regional en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro que se dedicó a defender a las milicias, los grupos parapoliciales que le disputan, en la ciudad maravillosa, el poder y los negocios a los narcos usando nada menos que escuadrones de la muerte.

Estas milicias son parte del poder de los Bolsonaro desde los años 80, cuando Jair negoció su no expulsión por rebelión del Ejército como capitán. Esas milicias en aquella época de transición democrática tras 21 años de dictadura se llamaban escuadrones de la muerte, bandas policiales de sicarios que montaban negocios en los barrios y fraguaban escrituras para apropiarse de inmuebles. Flávio, en caso de victoria, convertirá a su padre, el mito de la derecha, en su consejero. Y tal vez a su hermano Eduardo, condenado y con pedido de captura en Brasil, en canciller o embajador en Washington. Eduardo es el nexo ideológico de la extrema derecha tropical con sus grandes líderes estratégicos, Steve Bannon, el secretario de Estado Marco Rubio y Donald Trump. Jair tendrá el indulto. “El me pondrá la banda presidencial”, avisó Flávio.

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