Opinión

Crisis económica y política

Hay guerra, Caputo no hace nada y Milei llora

Mientras organismos internacionales, economistas y países discuten cómo proteger a la población frente al impacto de la guerra, el gobierno de Milei insiste con el ajuste fiscal permanente. Caputo solo busca dólares para pagar la deuda. No hace nada para amortiguar la aceleración de la inflación ni el deterioro de la economía real.

Milei Muro de los Lamentos Israel Guerra

La guerra en Medio Oriente provoca una profunda alteración en la economía global, como ocurrió con la guerra entre Rusia y Ucrania, en 2022. Organismos multilaterales de crédito, como el FMI y el Banco Mundial, y varios países advierten que habrá impactos negativos por el aumento del petróleo, el gas y los fertilizantes. Promueven, entonces, medidas económicas defensivas porque afirman que se ralentizará el crecimiento de la economía y habrá una mayor presión inflacionaria. 

 

En ese contexto de alerta global, el contraste con la Argentina resulta llamativo. El gobierno de Milei no hace nada para amortiguar el impacto del shock externo y, por ese motivo, se acelera la tasa de inflación y se deteriora aún más la actividad económica de sectores demandantes de empleo.

 

El aspecto más notable es que el equipo económico pasea por el mundo diciendo que la economía argentina es fuerte para enfrentar los embates económicos de la guerra. Sin embargo, los números cuentan otra historia.

La fragilidad queda exhibida cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, está desesperado, desde hace cuatro meses, por sumar apenas 4.300 millones de dólares para pagar el vencimiento de capital e intereses de la deuda, en julio próximo. Y aún no pudo reunir ese monto, pese al anuncio de la aprobación a nivel técnico de la segunda revisión del acuerdo con el FMI, que promete el desembolso de 1.000 millones de dólares. No han sido girados porque falta el visto bueno del Directorio, que lo hará luego de “medidas pendientes” no precisadas por el staff técnico del Fondo ni por Caputo.

Los millones de dólares que Caputo anunció provenientes del Banco Mundial y el BID, y que se utilizarán como garantía de nuevos bonos a emitir, recién podrán ser liberados a fines de mayo o junio.

 

Ajuste Jubilados

la economía real sigue crujiendo por un ajuste fiscal que está ahogando el mercado interno. El plan de Milei ha entrado en la trampa de la austeridad.

 

El ajuste fiscal permanente de Milei

Mientras tanto, la economía real sigue crujiendo por un ajuste fiscal que está ahogando el mercado interno. El plan de Milei ha entrado en la trampa de la austeridad. No es un desenlace desconocido porque la literatura económica ha producido evidencia abundante para mostrar que si una economía reduce el gasto público en forma constante para conseguir el equilibrio o superávit fiscal, sin tener acceso a financiamiento local abundante y sin conseguirlo en el mercado del exterior, la actividad se derrumba y, por consiguiente, también caen los ingresos tributarios. 

La economía ingresa así en un círculo vicioso recesivo que obliga a un ajuste cada vez mayor del gasto público, como el que está implementando ahora la dupla Milei-Caputo al solicitar un recorte adicional del 2% del presupuesto en todos los ministerios para mantener el equilibrio de las cuentas.

¿Qué sucede cuando se baja aún más el gasto público en una economía estancada? La recaudación impositiva se debilita y sigue en pendiente negativa, como lo muestra la caída real que acumula en los últimos ocho meses en forma consecutiva.

Una forma de romper con esta dinámica destructiva es mejorar los ingresos tributarios en forma inmediata. Como no aparecen los motores de crecimiento por el lado de la demanda, la guerra ofrece una oportunidad inesperada: cobrar un impuesto extraordinario a los ganadores de un evento dramático. Puede hacerse mediante el alza de las retenciones a las exportaciones de petróleo por encima del precio esperado previo al conflicto bélico. O, directamente, con la aplicación de un tributo especial por las ganancias extraordinarias sobre las empresas beneficiarias de la guerra. No se trata de una idea aislada ni de un recurso de emergencia improvisado. Es una propuesta que está ganando terreno en el debate internacional.

El impacto de la guerra en la economía

Este es un punto de discusión que está ganando espacio en otros países afectados por el repunte del precio de los combustibles, que luego se extiende al resto de la cadena de precios de bienes esenciales de los hogares. Uno de los ámbitos que elaboró una propuesta en este sentido es la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT, por sus siglas en  inglés).

El ICRICT reúne a líderes de todo el mundo que creen que, en este momento de la historia, existe una necesidad urgente y una oportunidad sin precedentes para llevar a cabo una reforma significativa del sistema internacional de tributación corporativa. La Comisión está presidida por Joseph Stiglitz y Jayati Ghosh, e incluye a Eva Joly, Edmund Fitzgerald, Léonce Ndikumana, Irene Ovonji-Odida, Martín Guzmán, Kim Jacinto Henares, Ricardo Martner, Gabriel Zucman, Magdalena Sepúlveda, José Antonio Ocampo, Thomas Piketty y Wayne Swan.

Son todos investigadores de prestigio internacional que acaban de publicar el documento “Gravar a las empresas que se benefician de la guerra EE.UU.- Israel contra Irán”. Describe en su inicio que este conflicto bélico ha provocado una desestabilización de los mercados energéticos mundiales, que desencadenó una fortísima suba en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, “aumento que perjudica desproporcionadamente a los trabajadores, los agricultores y las naciones importadoras de combustibles fósiles, mientras un pequeño grupo de grandes corporaciones y Estados productores acumulan ganancias extraordinarias a su costa”.

 

Luis Caputo deuda dólares

La fragilidad queda exhibida cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, está desesperado por sumar dólares para pagar los próximos vencimientos de deuda.

 

El impuesto a las ganancias extraordinarias

Propone, entonces, que los gobiernos establezcan “de inmediato un impuesto a las ganancias extraordinarias en los sectores del petróleo, el gas y los fertilizantes, por tratarse de una medida económicamente sensata y un imperativo moral. Existe un importante precedente para este gravamen en el Impuesto sobre el exceso de ganancias, aplicado en Estados Unidos durante la Guerra de Corea.

Los gobiernos han introducido impuestos sobre las ganancias extraordinarias en varias ocasiones durante períodos de crisis. En 1918, todas las ganancias obtenidas por las corporaciones en Estados Unidos por encima de una tasa de retorno del 8% sobre su capital fueron consideradas anormales, y las ganancias anormales fueron gravadas con tasas progresivas de hasta el 80%.

Impuestos similares sobre las ganancias excesivas fueron aplicados durante la Segunda Guerra Mundial por Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Francia, Italia y el Reino Unido.

Como se mencionó, la Guerra de Corea llevó al Congreso de Estados Unidos a implantar un impuesto sobre el exceso de ganancias, vigente desde el 1° de julio de 1950 hasta el 31 de diciembre de 1953. La tasa del impuesto era del 30% sobre las ganancias excesivas, con la tasa máxima del impuesto corporativo subiendo del 45% al 47%, con un techo del 70% para la combinación del impuesto corporativo y el impuesto sobre el exceso de ganancias.

En los últimos años, se aplicaron o propusieron impuestos sobre las ganancias extraordinarias en los sectores energético y agroindustrial, tanto en Europa como en Argentina y Colombia, tras la invasión rusa de Ucrania.

La guerra genera una redistribución del ingreso

El diagnóstico que hace este grupo de expertos es una potente luz de alerta: “Más allá del aumento inmediato de los precios de la energía, la inflación causada por el shock se está propagando por toda la cadena de suministro industrial y llega a insumos críticos -como fertilizantes, aluminio, azufre y helio-, amenazando con una espiral de costos y precios en los próximos meses”. 

El documento advierte, además, que habrá consecuencias reales. Se anticipan aumentos de tasas de interés en todo el mundo. La combinación de tasas de interés más altas y precios elevados desacelerará el crecimiento. La OMC proyecta una fuerte merma del comercio mundial en 2026 -que había crecido un 4% en volumen en 2025- con disrupciones logísticas y costos de insumos industriales que agravan el perjuicio.

El informe señala que, incluso si el Estrecho de Ormuz reabriera de inmediato, los mercados mundiales de petróleo y gas seguirán teniendo una oferta insuficiente durante al menos cuatro meses. Por lo tanto, las ganancias extraordinarias no son solo un pico temporal; representan una transferencia sostenida de ingresos debido a restricciones de oferta que persistirán mucho después de que se alcance cualquier resolución al conflicto.

Las restricciones de oferta inducidas por la guerra, la transmisión a precios a nivel mundial y la masiva redistribución de consumidores a productores se están desarrollando tal como ocurrió después del inicio de la guerra Rusia-Ucrania, que desencadenó un shock energético.

 

Petróleo

Si el Estrecho de Ormuz reabriera de inmediato, los mercados mundiales de petróleo y gas seguirán teniendo una oferta insuficiente durante al menos cuatro meses.

 

Las petroleras son las más ganadoras

¿Por qué aplicar un impuesto extraordinario? Porque las ganancias, por encima de los niveles sectoriales normales, no son producto de la innovación, del espíritu empresarial o de decisiones de inversión productivas. “Están impulsadas por eventos geopolíticos completamente externos a la empresa”, apunta la ONG liderada por Stiglitz.

Es necesario avanzar con una tributación especial, además, para neutralizar los efectos distributivos de estas ganancias extraordinarias, que son amplios, regresivos e inmediatos: recaen desproporcionadamente sobre los hogares de bajos ingresos, que destinan una mayor proporción de sus ingresos al transporte, la alimentación y la calefacción.

El ICRICT no se queda en la enunciación de la medida, sino que recomienda principios que deben cumplirse en la aplicación de este impuesto. Se trata de un tributo directo sobre el exceso de ganancias que son producto de la guerra y la escasez resultante de gas, petróleo y fertilizantes, y no de inversiones productivas ni de la asunción de riesgos.

El documento explica que gravar estas ganancias extraordinarias no tendrá impacto inflacionario; por el contrario, recuperará ganancias no merecidas de las corporaciones y propietarios de recursos, que luego pueden utilizarse para proteger a las poblaciones vulnerables.

Argentina tiene empresas beneficiarias de esta coyuntura, la herramienta existe y el debate internacional la respalda; sin embargo, mientras instituciones financieras multilaterales, grupos de economistas y países están atentos a cómo proteger a la economía y a la población de los inevitables impactos negativos de la guerra, Caputo no hace nada y Milei llora en el Muro de los Lamentos.

 

Infografía Guerra Ajuste

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