Política Nacional

De elecciones, balances e interpretaciones

Medios y periodistas oficialistas buscaron, desde el domingo pasado, opacar la alegría de los vencedores y limitar el disfrute del triunfo de las grandes mayorías castigadas por las políticas de Cambiemos.

Hoy me siento obligado más que nunca, y yo que jamás en mi campaña he prometido nada, hoy juro, ante este solemne pueblo, que no he de descansar de día ni de noche para hacerlos felices en la medida de nuestras fuerzas. Llevamos hoy como siempre el signo de nuestra causa. Somos y seguiremos siendo descamisados para que no olvidemos jamás nuestra obligación con ese pueblo también descamisado que espera y siente como nosotros. Por eso, desde esta ya memorable Plaza de la República, abrazo sobre mi corazón a todos los descamisados de la Patria que, como nosotros, en esta hora jubilosa, estarán dando gracias a Dios de que nos haya templado el corazón y aclarado la inteligencia para ofrecer la vida a la Nación, en el trabajo, en la paz y en lo fructífero que un hombre tiene en su alma y en su cuerpo.”

 (Del discurso de Juan D. Perón con motivo del 
                                                                           triunfo electoral del 24 de febrero de 1946)

 

¿Qué nos pasa a los argentinos?

En 1999 comenzó un ciclo televisivo breve -cuatro temporadas- de un programa humorístico (“Todo por 2 Pesos”), cuyos protagonistas centrales eran Diego Capusoto y Fabio Alberti. Uno de sus personajes más icónicos, protagonizado por Alberti, que fungía de analista político desde Miami y se presentaba munido de una tiza con la que escribía disparates ininteligibles en un pizarrón, mientras se explayaba sobre temas de actualidad.

Comenzaba todas sus intervenciones diciendo: ¿Qué nos pasa a los argentinos? ¿Estamos locos, estamos locos? Para rematar su presentación con conclusiones bizarras, sólo en apariencia, tales como: “Frase de Lilita Carrió mientras abría la heladera: ‘El que se quema con leche, va y se compra un yogurt’.”

Desde las últimas horas del domingo pasado y durante toda la semana se escuchan en radio, se ven por televisión, se leen en diarios y se trasmiten en redes sociales, un sinnúmero de reflexiones, interpretaciones y proyecciones sobre el resultado de las elecciones que no hacen sino opacar la –justificada- alegría de los vencedores y limitan el –merecido- disfrute del triunfo de las grandes mayorías castigadas por las políticas de Cambiemos.

El humor no hay que perderlo, ni es óbice para hacer análisis serios, pero hoy pareciera imprescindible para graficar tanta energía desperdiciada al poner el ojo en especulaciones cargadas de incógnitas, en lugar de dirigir la mirada –la razón y el corazón- hacia certezas incontrastables que, hasta hace muy poco, nos desvelaban y generaban angustia, ansiedad y temores.

El Frente de Todos ganó a nivel nacional en primera vuelta, una proeza hasta para el más optimista unos meses atrás, con una fórmula (Alberto y Cristina) que lograba una unidad que en junio de este año nadie podía imaginar; y por una gran diferencia porcentual, si fue por un 8, 9 o 10 % es irrelevante, sin que ello implique desatender al escrutinio definitivo –que es el que importa- para determinar la integración de las Cámaras del Congreso.

Ante un contexto de polarización comparable al que se advertía después de las PASO, en 1946 Juan D. Perón obtuvo el 52,84% y la Unión Democrática 42,87% de los votos, menos de un 10% de diferencia.

Otras elecciones presidenciales registraron para los Frentes o Coaliciones que tuvieron como eje al Peronismo, un 49,56% Héctor J. Cámpora (marzo de 1973), un 40,16% Italo Lúder (1983), un 47% y un 49% Carlos S. Menem (1989 y 1995, respectivamente), un 38% Eduardo Duhalde (1999), un 22%  Néstor Kirchner (2003) y un 45,28% Cristina Fernández (2007).

El resultado obtenido en 2011 por Cristina Fernández, al ser reelegida por el 54% de los votos, constituyó un verdadero record que en Argentina sólo fue superado por Perón en su segunda y tercera Presidencia (con un 63,40% en 1951 y un 61,85% en septiembre de 1973).

Ahora bien, como suele ocurrir en nuestro país –por el peso propio y la proyección nacional de ese distrito- la madre de las batallas es la Provincia de Buenos Aires, y allí fue arrasador el triunfo del Frente de Todos.

Axel Kicillof fue elegido Gobernador por el 51,91% de los votos, confrontando con la actual Gobernadora, María Eugenia Vidal (38,78%), presentada como la mejor espada de Juntos por el Cambio -sin menoscabo de Patricia Bullrich, que prefiere ser garrote- y con la ventaja propia de todo oficialismo, en particular para renovar su primer mandato.

¿Alguien podía soñar con un resultado semejante cuando Kicillof comenzó su campaña o confiar en la eficacia de la militancia territorial gastando suelas y neumáticos apostando al contacto directo más que al virtual de las redes?

Entonces, realmente es para plantearse si es que estamos todos locos y, qué nos pasa, a los argentinos que votamos por liberarnos del oprobio y la opresión que representaron estos casi cuatro años de gobierno de Macri, Vidal  y sus impresentables Equipos.

 

Noticias Relacionadas

Milei disolvió el Coro Nacional de Niños: el motivo detrás de su decisión y con qué piensa reemplazar esa histórica agrupación

Editor

Encuestas y futuro: las causas que explican por qué Milei necesita hablar de reelección

Editor

Liquidación total

Editor
Secret Link