Economía

Del primer empleo al rebusque: los jóvenes enfrentan mayor informalidad y peores ingresos

La desocupación juvenil más que duplica al promedio y casi siete de cada diez jóvenes ocupados trabajan en la informalidad. El cuentapropismo es el segmento que más crece y está asociado a una fuerte caída de ingresos.

Del primer empleo al rebusque: los jóvenes enfrentan mayor informalidad y peores ingresos

En Argentina viven más de siete millones de jóvenes que estudian, trabajan y cuidan, aunque no lo hacen en las mismas condiciones que la población de mayor edad. Los últimos datos del mercado laboral mostraron que el impacto de la destrucción de empleo en la gestión libertaria es particularmente grave para la juventud: la desocupación alcanzó al 17,1% de mujeres y 14,1% de varones, escalando al porcentaje más elevado desde la crisis de pandemia. Como resultado, casi dos de cada tres jóvenes viven en hogares pobres.

Esto ocurre en una coyuntura nacional en la que, a casi tres años de gestión de Javier Milei, el aumento general de la desocupación, la subocupación y la ocupación demandante elevó la presión sobre el mercado laboral dando cuenta de amplios segmentos de la población que se ven en la urgencia de complementar ingresos laborales y que enfrentan peores condiciones de contratación: entre noviembre de 2023 y junio de 202 se perdieron más de 350 mil puestos registrados, a la par que se sumaron en solo un año 330.000 cuentapropistas informales y la informalidad escaló al 45,0%.

Lejos de poder revertirse en lo inmediato, se estima que la situación podría empeorar si el Gobierno insiste en limitar los aumentos salariales para contener la inflación, es decir, sostener el ancla salarial a costa del menor consumo y acceso a bienes esenciales de la población. Se suma el impacto de la reforma laboral que, lejos de los argumentos del oficialismo sobre el impulso a más empleo, terminó por precarizar aún más el ingreso a un trabajo (extensión del periodo de prueba), fomentar la no registración (monotributo en lugar de relación de dependencia) y facilitar el despido (reemplazo de indemnizaciones).

 

Primer empleo: obstáculos para entrar y para permanecer

Los últimos datos del mercado laboral ratifican una realidad que preocupa: las y los jóvenes argentinos enfrentan mayores niveles de desocupación que hace solo un año atrás al punto de que, en la administración libertaria, el desempleo juvenil tocó el pico más alto para un segundo trimestre, de los últimos cuatro años. Como resultado, este segmento etario más que duplicó la tasa de desempleo general mientras casi un 70,0% trabaja en la informalidad.

Al respecto, este segmento etario es -por amplio margen- el grupo etario con mayor desempleo. Según datos oficiales (EPH-INDEC), en el segundo trimestre de 2026, la tasa de desocupación alcanzó el 17,1% entre las mujeres de hasta 29 años y el 14,1% entre los varones, mientras que entre las mujeres de 30 a 64 años fue del 6,1% y entre los varones de esa edad, del 5,5%. En un año, además, el desempleo de los varones jóvenes aumentó desde 12,7% hasta 14,1%, mayor suba respecto del resto. A su vez, la tasa general de desempleo fue de 7,9%, máximos de la gestión Milei. 

Mientras la cantidad de personas que participan del mercado de trabajo crece a ritmo acelerado, la economía no logra absorber esa necesidad de trabajo. La Población Económicamente Activa (PEA) llegó al 48,9% (+0,8 puntos por encima de un año atrás), es decir, la mayor participación de los trabajadores en el mercado de trabajo da cuenta de una creciente búsqueda de trabajo frente al escenario de bajos ingresos.

Un informe de la consultora C-P evidenció con claridad ese desfasaje: “El crecimiento de la PEA (+753.000, +339.000 en el último año) se da con un aumento de las personas ocupadas, que no llega a compensar el incremento en la cantidad de trabajadores que se ofrecen, generando una suba de la tasa de desempleo (los desocupados alcanzaron un total de 1.164.000 personas; +73.000 personas respecto de 2025”, precisaron.

 

 

El segundo problema aparece al mirar qué tipo de empleo está creciendo. En el segundo trimestre de 2026, la tasa de empleo llegó al 45,0%, pero los datos de INDEC exhibieron, a la par, una caída en la participación del empleo formal: pasó de representar el 56,6% del empleo ocupado en el segundo trimestre de 2025 al 54,9% un año después. En paralelo, la tasa de informalidad escaló al 45,1% (máximos para un segundo trimestre desde el inicio de la serie).

En términos interanuales, el empleo formal cayó en 83.000 puestos, mientras que el informal aumentó en 348.000. Pero dentro de las categorías ocupacionales se observó una particularidad no menor: el cuentapropismo informal fue prácticamente el único segmento que se expandió con fuerza, con más de 302.000 personas adicionales. 

“La informalidad continúa operando como refugio frente a la destrucción de empleo formal, pero además se convierte en la única fuente de absorción de la nueva oferta de trabajo en el mercado laboral”, plantearon los economistas.

 

 

En otras palabras, para una persona joven que intenta ingresar al mercado laboral el camino disponible parece ser cada vez menos el de un empleo registrado y más el de una actividad desarrollada sobre todo en condiciones informales, lo que explica por qué en este segmento etario casi 7 de cada 10 trabaja ya en la informalidad.

 

El “refugio” también paga menos

El problema no se termina en la condición laboral ya que el predominio de ese tipo de empleo también tiene un costo en materia de ingresos. Las y los jóvenes trabajan, en promedio, casi las mismas horas que la población general, pero tienen ingresos un 30% inferiores, diferencia que se agrava aún más en el caso de las mujeres, ya que dedican más del doble de su tiempo diario a tareas domésticas no remuneradas, respecto de sus pares varones. De esa manera la juventud está sobrerrepresentada en los deciles de menores ingresos -donde casi la mitad tiene entre 14 y 29 años- y, en cambio, representa sólo el 7% de las personas del decil de mayores ingresos de la población.

El documento de la consultora dirigida por los economistas Federico Pastrana y Pablo Moldovan señaló que quienes perdieron un empleo asalariado privado registrado en los últimos dos años y pasaron al cuentapropismo tuvieron, en promedio, una caída del 27,8% en sus ingresos reales. Entre los asalariados no registrados que hicieron esa misma transición, la pérdida fue del 20,9%.

De esta manera, para quienes recién empiezan su trayectoria laboral, el escenario actual plantea una dificultad adicional. El primer vínculo con el mercado de trabajo puede no ser el ingreso a una estructura formal que permita acumular experiencia, derechos y una remuneración creciente, sino una actividad por cuenta propia utilizada como salida urgente frente a la falta de alternativas. “Lejos de los estigmas positivos asociados al ‘emprendedurismo’ y el ‘éxito personal’, el estudio muestra que aquellos que migraron al cuentapropismo sufrieron una caída de sus ingresos reales, aún proviniendo del empleo no registrado”, analizaron los especialistas.

En definitiva, la discusión sobre el desempleo juvenil puede leerse también como una discusión sobre la puerta de entrada al mercado laboral: una generación que no solo enfrenta las tasas más altas de desocupación sino que cuando encuentra una salida laboral, lo hace en un mercado donde el empleo informal y el cuentapropismo se imponen frente a cualquier posibilidad de trabajo con derechos.

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